LA FONATANERÍA O EL ARTE DE DOMINAR, CUAL MOISÉS, LAS AGUAS

Incursionar en el fascinante mundillo de las canalizaciones y tuberías del agua es algo que no está al alcance de cualquier mortal con dos dedos de frente. O sí, en un primer momento en la inconsciencia del/de la supuesto/ta manitas.

Cuando la posible fuga provocada aún no es visible, cuando el monstruo solo es un tierno embrión del que, ni mucho menos, te esperas semejante saña, cuando uno/una en su inocencia/ignorancia/gilipollez se cree que por ver el programa Bricomanía ya está legitimado para acometer las más variadas obras o chapuzas… es el momento de dar un paso atrás, que no es cobarde retirada ni rendición sino estrategia basada en la sabiduría.

 Después… es todo más escandaloso y con peor arreglo, más… hidratado… más… un desaguisado ¡Vamos!

Para animarse a “meter mano” a una tubería… un grifo… una llave del radiador… hay que ser un profesional del gremio… o sencillamente un atolondrado.

Pero dominar las aguas es un prodigio solo asequible a algunos personajes bíblicos, pocos, y a los fontaneros colegiados.

Es el momento de que os dé mi briconsejo del día:” Si te tiras a la piscina puede que encuentres agua… o puede que no. Pero si tocas una tubería de la instalación de fontanería de una casa seguro que la encuentras. Más agua de la que te imaginas. Agua para hartarte tú y hartar al vecino de abajo. Más agua que en el vino a granel de la bodega del barrio. Agua para aborrecer al hidrógeno y al oxígeno juntos y la puta que los parió.”

 Así que… anda, no seas tont@ y llama al fontanero”. Te crucificará, sí. Pero te quedará el consuelo de que no serás el primero… ni serás el último. Y las heridas acaban cicatrizando, pero una fuga de agua… te hundirá psicológicamente para siempre.

¿Cuántos no hemos sentido la tentación, tras semanas de escuchar durante el descanso nocturno esa puñetera gotera que nos machaca el cráneo, de meter la llave inglesa en la tuerca del grifo… y apretar con saña hasta asfixiarla? ¿Hasta vencer o morir?

En estos mismos momentos algún/a  inconsciente/ta, propietario de una estupenda llave inglesa de cromo-vanadio, está esbozando una sonrisita condescendiente, creyéndose por unos instantes por encima del bien y del mal.

¡¡¡¡¡ PUES MUY MAL !!!!

¡No sabís ande sos metís!

Es ese momento, el punto de no retorno, cuando todavía tenemos la oportunidad de echarnos atrás, pero la última.

A partir de aquí es mejor que te encomiendes a Neptuno, el dios de las aguas y que sea lo que él quiera, que normalmente suele ser alguna cabronada acuática, pues es conocido el sentido del humor que este dios romano acostumbra a gastarse con los mortales.

Pero dicho ha quedado que los briconsejos están para pasar de ellos ¿No?

Pues si después de leído este aviso continúas pisando este berenjenal, sigues motu propio metiéndote en el charco (fina comparación donde las haya), solo tú serás el/la responsable/bla de las consecuencias.

O como dirían los castizos: ¡Al chulo/la, que le den por culo/la!

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