MARY KRISNAS

Güigüisyu a Mary Krisnas. Ana japi nullil

Pero a TOD@S

¿Eh?

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¿QUÉ LEER DURANTE ESTE PUENTE?

¿No sales este puente a disfrutar de los atascos?

¿Sales pero intuyes que tendrás intensos momentos de vagueo?

APROVECHA Y LEE

¿Que no sabes qué y quieres que te haga alguna sugerencia?

Bueeeeno. Pero sólo porque tú me lo has pedido ¿Eh?

Antes de que tomes una decisión debes saber que al elegir (y comprar) cualquiera de estos libros estarás contribuyendo a una gran obra social. Estás ayudando a su autor a pagarse una clínica de desintoxicación alcohólica y, lo que es más importante, le estarás financiando una comida caliente a la semana, que no es moco de pavo con la vida que lleva el desgraciado.

 

LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO

 

 

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JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… LA CENA DE NOCHEVIEJA

Aquí tenéis un capítulo completo del libro “Historias de Juan Eulogio… y familia”, para que os deis cuenta de que puede haber navidades peores que las vuestras…

Espero que os saque una sonrisa… o unas risas… o que os partáis el culo a reír…

 

JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… LA CENA DE NOCHEVIEJA

Se acercan las navidades y Juan Eulogio sufre acidez de estómago crónica. Como cada año no puede evitar dejarse imbuir por estas fechas tan entrañables, entrañables porque le revuelven las entrañas, no por otra cosa. Bien mirado, en realidad no son las fechas, sino las posibles compañías. Las seguras malas compañías.

En las navidades de los últimos años siempre ha conseguido abortar la temida y odiada cena conjunta con la familia de su mujer, Paquita. Un año fingió ponerse enfermo y se pasó medio día en urgencias pidiéndole por favor a los médicos que no le dieran el alta hasta Año Nuevo, otro año la casa se quedó sin luz por culpa de una extraña avería eléctrica, el cuadro estaba mojado, el año pasado, que la cena tocaba en casa de Juan Eulogio sí o sí, echó laxante en la comida de mediodía y toda su familia, Paquita, Elyónatan y Layésica, se puso mala con diarrea, con lo cual hubo de cancelarse el evento y celebrarse la reunión familiar en casa pero sin la presencia de la familia de Paquita. Cenaron yogures, arroz blanco y Aquarius, cosa que a Juan Eulogio le supo a gloria… Cualquier excusa siempre ha sido buena para evitar por todos los medios celebrar el fin de año en casa con la cucaracha y, lo que es peor, con los borrachos de los hermanos de Paquita y sus familias, a los que Juan Eulogio considera claros ejemplos de lo que viene a ser el eslabón perdido.

Pero este año Paquita, que siempre ha sospechado que las desgracias de las navidades anteriores han tenido mucho que ver con la mano de su costillo, aunque nunca haya podido demostrarlo, le ha prevenido con tiempo, por si acaso.

—Cari, de este año no pasa. Si vuelve a ocurrir algo que nos impida celebrar el fin de año con mi familia… ¡ME VOY A CELEBRARLO CON LOS NIÑOS A CASA DE MI MADRE Y TE QUEDAS EN CASA SOLITO!

Juan Eulogio ha estado en un tris de provocar el penalti. Desde luego, en un principio la oferta le ha parecido de lo más sugerente ¡Pasar la Nochevieja solo! ¡Buf! Aquello ha sonado como si fuera un regalo de los dioses. Aunque… Juan Eulogio, por experiencia, no es capaz de concebir tanta felicidad. Algún truco tiene que tener la cosa. No se fía…

Al final le ha podido el temor a un mal mayor y se ha acojonado. Muy a su pesar finalmente ha claudicado.

—No, cari, venga, no te preocupes, llama a tu familia y diles que vengan a pasar el fin de año a casa.

Juan Eulogio sabe que la está cagando, es consciente de que se está arriesgando demasiado a sufrir un accidente cardiovascular. Pero el hombre es esclavo de sus palabras y le consta que ha sido un bocazas. Y además… ¡Leñes! Si es que además Paquita es su costilla, su compañera de camino durante media vida. Lo dicho, que le puede el sentimentalismo y la blandenguería.

—¡Venga coño! No va a ser tan malo ¡Seguro! —Piensa sin convencimiento alguno.

Una vez dado el fatal paso, Juan Eulogio se encuentra algo deprimido. A medida que se acerca la fecha fatídica siente como si el alma se le escapara a trocitos. Pero ver la cara de felicidad y satisfacción de su costilla es algo que le hace reafirmarse en su decisión.

Juan Eulogio y familia se encuentran ya en el ecuador de las fiestas. Ya pasaron la comida de empresa, el día de la lotería y la Nochebuena como hitos de las puñeteras  agradables celebraciones.

El día de San Silvestre, treinta y uno de diciembre para más señas, Juan Eulogio se levanta de la cama algo aturdido, con la sensación de haber tenido un sueño premonitorio, una pesadilla más bien. Sin embargo, sacude los hombros y se repite el mantra que le ha estado manteniendo en pie todos estos días:

—No es para tanto. Todo va a salir bien. No es para tanto. Todo va a salir bien. No es para…

El día va transcurriendo con la excitación propia del anfitrión, las compras de última hora, el ajetreo en la cocina preparando las viandas… y Juan Eulogio lo pasa todo con Mahou, para templar.

A media tarde, unas quince latas de Mahou han entrado en el cuerpo de Juan Eulogio y han salido no tardando mucho. Su cerebro está razonablemente anestesiado. Pero el resto de su cuerpo sufre un molesto desasosiego que no se yo…

A las siete suena el timbre de la puerta.

—¡No me jodas! –Murmura Juan Eulogio— ¿Ya?

Jaleo de gente en la puerta, besos, risas… Son las cuñadas de Paquita que se han adelantado para echar una mano ¡Con los niños! ¡Puta ruina! Pero sin los maridos, que se han juntado para recoger a la madre, la cucaracha, y vendrán algo más tarde. No todo iba a ser nefasto –Piensa Juan Eulogio.

—Seguro que se están bebiendo el bar que hay en uno de los locales del edificio donde vive la “señá” Virtudes ¡Enterito! —Sospecha Juan Eulogio con bastante tino.

Tras media hora en esta situación, sus sobrinos le empiezan a parecer una banda de mandriles maleducados. ¡Mira que Elyónatan y Layésica no son, digamos, niños modelo! Pero al lado de aquellos cuatro cafres  hijos de puta  tiernos infantes, son unos benditos.

Putadas de los niños, cristales que se rompen, bombas fétidas por toda la casa, gritos histéricos de las mamás intentando lo imposible, es decir, que se porten bien…

Juan Eulogio llama a su hija y le da cincuenta euros.

—Toma, baja a los chinos y te los gastas en petardos. Y por Dios, llévate a tus primos y no volváis a casa hasta que no se os hayan acabado todos ¿Entendido? Y si alguno de ellos se pierde por el barrio… pues que le den por culo. Estooooo, que cuides de ellos ¿Vale?

No han transcurrido ni diez minutos cuando suben un par de municipales a casa de Juan Eulogio. Multa por escándalo público, maltrato animal y rotura de mobiliario urbano. Juan Eulogio lo abona sin decir ni pío. Contaba con ello.

—Cariiii —Pregunta Juan Eulogio desde el salón—, ¿A qué hora le has dicho a tus hermanos que vengan con la cuca…, con tu madreeee?

—A las nueeveeee —se oye desde la cocina, coreado por unas risas sospechosas.

Juan Eulogio va al mueble bar y comprueba que falta la botella de moscatel. Lo de las risas queda explicado. Después echa un vistazo a su reloj ¡Las diez menos diez!

—¡Cabrones impuntuales! –Se lamenta Juan Eulogio.

Las diez y media. La mesa está puesta. La sopa humea en la sopera. Los langostinos rebosan las bandejas. Las botellas de vino ya están abiertas. El cordero está en su punto. Los niños ya están de vuelta. Paquita y sus cuñadas esperan sentadas en las sillas con cara de circunstancias.

—¿Seguro que les has dicho que a las nueve? —Pregunta Juan Eulogio, que ya ha empezado a picar algún langostino.

Desde el portal se escucha a varios borrachos cantando algo parecido a villancicos. Deben de ser ellos. Se oye el grito histérico de una vecina del edificio:

—¡Que salgáis de mi casa y os vayáis a tomar por culo, borrachos de los cojones!

Transcurren diez minutos más y suena el timbre de la casa.

Paquita acude a abrir la puerta y echa una mirada asesina a sus hermanos, que vienen sujetándose el uno al otro, tocados con un gorro de Papá Noel, con una barba postiza, una pandereta uno y una zambomba el otro. Huelen a gintonic que echan para atrás. Se arrancan con el Ande, ande, ande…

—¿Y… mamá? —Les corta Paquita el rollo aguinaldo con los brazos en jarra cada vez más mosqueada. Recibe un flash mental en el que ve a Juan Eulogio con una aureola de santo sobre su cabeza.

Los dos hermanos se miran con cara de gilipollas, mejor dicho, con cara de gilipollas, cuerpos de gilipollas, extremidades de gilipollas… ¡Vamos! como unos auténticos borrachos gilipollas, que es lo que son habitualmente. ¡Se han olvidado a su madre en casa!

Paquita se está poniendo el abrigo y los zapatos para ir a casa de su madre a recogerla. Cuando abre la puerta de la calle se la encuentra en el rellano, llorando y con una botella de anís del mono medio vacía en la mano y en la otra un tupper con algo parecido a… ¡Gambas de color verdoso! Su aportación a la cena familiar no es otra cosa que unas gambas que llevan caducadas en su nevera varias semanas. Bueno, eso y rascarse el higo, que se le da de miedo. Paquita no sabe si llora de pena o porque a causa del anís que falta en la botella le ha dado llorona. Sin duda por el anís, concluye la angustiada anfitriona que muy a su pesar empieza a comprender la actitud de su marido estos años atrás.

—Ya, yaaaa. Tranquila mamáaaa. Que no es nadaaaa. Ya estáaaa. Aaaanda, pasa y siéntate a la mesa que te estábamos esperando.

Once menos cuarto. La familia está ya sentada alrededor de la cuidada mesa, algo tarde pero más vale tarde que nunca. Los cuñados de Juan Eulogio se han cogido una botella de vino cada uno. Del vino bueno. Juan Eulogio va a la despensa y les cambia el Ribera del Duero por dos cartones de vino tinto Casón Histórico, la marca blanca de Mercawoman. Total, ni lo iban a apreciar… No está hecha la miel para la boca del asno… Las cuñadas no tienen problema porque siguen con el moscatel, han encontrado una segunda botella que ni Juan Eulogio sabía que tenía, y solo callan cuando se les viene encima un vahído por los vapores alcohólicos, o algún eructo, el resto del tiempo parecen dos grajos en tiempo de apareamiento. Los niños… pues son niños y su único trabajo es hacer el cabroncete y eso lo bordan. Paquita contempla el panorama con mirada crítica. La cucaracha ya se ha comido un cuarto de kilo de langostinos antes de que se dé la salida a la carrera gastronómica, pues cualquier comida es una competición para ella a ver quién es el más gocho. Juan Eulogio, que en estas circunstancias se sedaría con alcohol, decide, viendo el bochornoso espectáculo de la familia de Paquita, permanecer sobrio. Por lo que pueda pasar. Quiere ser notario consciente de semejante aberración genética. ¿Que es sabia la naturaleza? ¡Los cojones sabia!

Tres, dos uno… y al lío, que hay prisa porque las campanadas son en un rato.

Una de las cuñadas, con pulso más que impreciso a causa del embrujo moscateliano se ofrece a servir la sopa de marisco, que, por cierto, huele que alimenta.

—Nena, —Dice la “señá” Virtudes a su hija Paquita como quien no quiere la cosa—. ¿Has visto mi dentadura postiza por ahí?

A Juan Eulogio le viene una arcada imprevista al presentársele en la cabeza la imagen de los dientes de quita y pon de la cucaracha, amarillentos y con un montón de “paluegos” resecos entre ellos; sí, algunas cucarachas tienen dientes, aunque sean postizos. Aunque, como está en modo cooperativo, voluntad no le falta, consigue sobreponerse a la impresión. Eso sí, rememorando esas sobremesas llenas de clase y finura en las que la cucaracha hurga con un palillo sus piños artificiales que sujeta en su mano y se lleva las capturas de nuevo a la boca. Sí, la naturaleza no tiene ni puta idea algunas veces.

La cuñada, solícita, continúa con la tarea. En su nebulosa decide servir en primer lugar a la pareja de anfitriones, sentido homenaje a la cocinera que al final se ha currado toda la cena ella solita mientras ella se pimplaba con su otra cuñada la botella de moscatel. Primero Paquita…  y medio plato de sopa va a parar al mantel. Paquita la mira entre incrédula y hasta los huevos. La crispación que sufre, y que va en aumento, le ha hecho romper la servilleta de tela que retorcía en las manos, todo por no retorcer algún cuello, cosa que hubiera sido más saludable para ella y más provechosa para el mundo. Le sigue Juan Eulogio, que alarga el plato para dejarlo lo más cerca posible de la sopera para evitar accidentes, visto lo visto. Con el primer cazo suena un clink sobre el plato. Las almejas chilenas, seguro. La sopa está repleta de ricos tropezones, almejas, cigalas, gambas, mejillones, calamares…

Finalmente queda media sopera servida en los platos y la otra media repartida entre el mantel y las piernas de los asistentes.

—Que aproveche –Dice Paquita a los comensales con cierto enfado.

De repente, como quien no quiere la cosa se hace el silencio en la mesa. Ha pasado un ángel —Piensa Juan Eulogio—, pero no. Desde debajo de la mesa sube un olor mezcla de huevos podridos y perros muertos. Los niños ríen por lo bajo con risa de cabrones. Han tirado una bomba fétida los hijos de la gran puta los bromistas de ellos. Juan Eulogio hubiera jurado que olía a cuesco de la cucaracha. Los cuñados no acusan el mal olor por saturación de insensibilidad; simplemente mantienen el equilibrio por una extraña razón física o metafísica, pero están blancos como pus. Las cuñadas acaban con lo que quedaba en la segunda botella de moscatel. Paquita mira a Juan Eulogio. Juan Eulogio mira a Paquita. Ambos miran al cielo quizás esperando un rayo fulminante y justiciero. La cucaracha es la única que se pone manos a la obra con la comida. De repente, en todo el salón se escucha un sonido extraño como si cayera agua en una lumbre. Es la “señá” Virtudes que no sabe tomar la sopa si no es sorbiendo la cuchara.

A Juan Eulogio se le escapa una breve risita histérica, pero sigue haciendo gala de un temple que ni el mismo hubiera jurado que tendría. Ooooommmmm, repite constantemente buscando ser uno con el universo.  Mete la cuchara en la sopa y la prueba.

—Cari, te ha quedado de miedo —Comenta adulador.

Otra cucharada disfrutando del exquisito plato

Otra cucharada más… ¡Y rescata con la cuchara la dentadura de la cucaracha que asciende como un submarino que sale a la superficie, chorreando sopa! Paquita reprime una arcada, se levanta, echa la dentadura en una servilleta. A Juan Eulogio le sube unos instantes la aguja de la temperatura al rojo. Vuelve a respirar hondo y a hacer un ejercicio de relajación.

—¡Joder, mamáaaa! –Reprende Paquita a su madre.

Tras lo visto, se pasa de inmediato al segundo plato. Todos están de acuerdo incluso siendo familia.

Paquita viene, procedente de la cocina, con una gran fuente de humeante cordero asado, la verdad es que tiene una pinta… suculenta. Juan Eulogio coloca el salvamanteles en medio de la mesa. Los niños maquinan, están en silencio, pero nadie se percata de tan terrible síntoma. Los cuñados se levantan para ir al baño a vomitar, están en la misma onda, coordinados por el alcohol. Pero no les da tiempo y echan la pota a los pies de sus esposas, calzadas con unas sandalias nocheviejeras. Las esposas se percatan de que lo de en la salud y en la enfermedad era una trola, una asquerosa mentira. Ambas sufren un ataque de asco asqueroso y se vengan de sus costillos vomitándoles a su vez encima, aunque en ellos no se nota mucho pues llevan toda la tarde de farra y tienen la pechera manchada de humores.

Juan Eulogio llora, se ríe, llora…

Solo la cucaracha sigue sorbiendo sopa. Va por el cuarto plato.

—Ya que nadie la quiere —dice—. para tirarla me la tomo yo.

La tripita  panza se le está poniendo gorda, “enguachiná”. Más de lo habitual. Pero sigue… y sigue… y sigue. Es bruta como un orangután en celo, aunque con menos cociente intelectual.

—¿Y no podrías hacerla reventar, Señor? –Reza para sí Juan Eulogio, que no es creyente, pero se agarra a un clavo ardiendo.

—Mamáaaa —Previene Paquita—, que la sopa de marisco es muy pesadaaaa. Verás túuuu…

Justo en el momento en el que Paquita va a depositar la fuente de cordero sobre la mesa se escucha una descomunal explosión en el salón. Sin duda es la deflagración producida por un “Supertlueno” XXL TNT made in RPC, uno de los petardos que los niños han comprado en los chinos y que estos les han vendido sin preocuparse por la edad de los infantes. Con el tremendo susto, Paquita lanza la fuente hacia arriba. El cordero vuela por los aires y a cada uno le cae en las piernas un trozo, que a algunos se les reboza con el vómito ajeno. Bueno, no a todos. A Juan Eulogio lo que le cae encima es la fuente de cristal gordo de pírex vacía, que le abre una brecha en la frente. Pero él esperaba algo así, lo presentía, lo sabía en cierto modo. Simplemente se tapa la herida con una servilleta de papel, pero no dice ni mu. O ha conseguido el estado Zen o está psicológicamente bloqueado y no tiene ya capacidad de reacción.

—¿Y las uvas? —Dice uno de los cuñados, insensible como un trozo de corcho, y que apenas tiene hambre y no pensaba comer cordero.

Juan Eulogio tiene agarrada la botella de Ribera del Duero por el cuello con la peor de las intenciones, Paquita le ve y, con ojos de cordero degollado, no de el de la cena sino de otro, junta las manos en actitud orante, lo que hace que Juan Eulogio en el último momento se reprima, suelte la botella desistiendo de sus intenciones asesinas y se vaya a encender la tele para poder tomarse las uvas viendo las campanadas, a ver si entra el año nuevo con mejor suerte que acaba el viejo.

—… ¡Y feliz año nuevo! —Grita Ramón García desde el televisor recogiéndose la capa con un donairoso gesto. Esperamos que esta transmisión les haya hecho… un poquito más felices y que en el nuevo año que acaba de comenzar se cumplan todos sus deseos…

—Matar —Piensa Juan Eulogio cuando comprueba que se han perdido las campanadas.

La cucaracha se revuelca en el suelo con un terrible dolor de tripas. Paquita se plantea llamar al 112. Pero parece que, tras una violenta y oportuna expulsión de líquidos por todos los lugares donde esto es posible, relaja un tanto sus presiones internas. La cucaracha se va por la pata abajo… y por la pata arriba. Pero no se menea del sitio pensando en el postre.

Juan Eulogio apaga el televisor, tira sus uvas a la basura y se dirige con caminar cansino y derrotado hacia el refugio de su habitación. Echa un último vistazo a la mesa y ve cómo aquella familia de primates, en lugar de sentir cargo de conciencia por haberles jodido la cena, ¡Se están poniendo unos gintonics!

Paquita le mira con lástima y comprende. Comprende tanto que tiene que reconocer que proviene de una familia de Neanderthales por mucho que le cueste reconocerlo. Él mira a Paquita como queriéndole transmitir un mensaje:

—El año que viene… el año que viene… —Es incapaz de organizar un pensamiento coherente.

Juan Eulogio quiere acostarse y olvidarse de todo. Por el pasillo no murmura, grita:

—¡Mierda de familia asquerosa! ¡Mierda de Navidades! ¡Mierda… de vida!

* * * * *

 

Muchas más historias aquí:   HISTORIAS DE JUAN EULOGIO… Y FAMILIA

 

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LAS “TONTÁS” DE LA TELE XI (Monográfico la navidad)

Toca hoy, por aquello de las nefastas confluencias del calendario, hablar de una (muchas) de las tontás de la tele que nos intentan meter con calzador en la programación de la misma.

Diréis que esto es algo que ocurre durante todo el año. Sí. Pero en navidad mucho más.

Hablo de la programación navideña, ¡cómo no!

La navidad es esa época del año entrañable a más no poder. Y digo entrañable porque a quien más, quien menos, suele revolverle las entrañas, no por otra cosa. Que ya queda uno hastiado de la artificial ola de buenismo que inunda la caja tonta, que durante estas fechas bien podría ser llamada la caja ñoña. Porque es ñoñez y no otra cosa lo que nos ofrecen a casi todas las horas.

Sin “en cambio” una de las “tontás-ñoñeces” más flagrantes (premeditación, alevosía y reincidencia) son las “pinículas”, mayormente yanquis, con las que nos avasallan los fines de semana a la hora de la siesta. Películas de ambiente navideño de pitiminí, con nieve, árboles de navidad, Papás noeles felices (aunque estén gordinflones y tengan el colesterol en 300); regalos y, sobre todo, unos protagonistas, lelos, lelos, lelos, pero lelos como la madre que los parió, (y lelas, que estaba hablando en genérico), que parece que recién acaban de salir de las madres escolapias del amor hermoso y llegan al mundo, vírgenes de maldades y pletóricos de bondad. Apollardaos, que dirían en Murcia. Tramas simples, muy simples, donde los buenos son guapos, vestidos con jerseys de renos, y los malos son feos… o comunistas, o las dos cosas a la vez, y beben de una botella mal disimulada en una bolsa de papel. Donde el poder del amor (el de quererse mucho no el de ay miamol) siempre acaba venciendo por encima de los sortilegios, fechorías e hijoputeces del lado oscuro de la navidad, como no podía ser de otra forma. Tramas que a nada que bajes las defensas te hacen soltar una lagrimita traidora justo, justo, cuando tu mujer/marido te está mirando., para mofa y vergüenza de tu persona, que no sabe cómo ha sido capaz de…

Las pelis navideñas parecen guardadas junto a la caja de las bolas y el espumillón, y son sacados en esta época y siempre nos valen para adornar el árbol… o la tele. aunque sean cansinas y hartantes.

Jalón imprescindible en esto de la tontá navideña en la tele no puede ser otro que… el anuncio de la lotería, que nos venden no como un vicio ludópata, que es lo que en realidad viene siendo, no, sino como un compartir de buenos sentimientos, de valores navideños, de amor y reconciliación… En fin… Que los juegos de azar son adictivos, incluso la lotería de navidad por mucho que nos la quieran vender de otra manera. Además, hacienda se lleva el veinte por ciento en impuestos, que lo sepáis.

No pasaré más que de puntillas por los anuncios de colonias y juguetes; ya he dedicado alguna entrada en exclusiva a ello y ya me ha provocado bastante vómito. Pero… Y sin embargo se mueve. Así que os remito a una de las otras diez entregas de “las tontás de la tele”

¿Y los turrones? ¡Qué hartazgo, por dios! Si es que aunque uno no los coma, acaba el año empachado  solo sea de ver anuncios. Que vuelven a casa por ¿os imagináis cuándo? ¡Claro! por navidad. Comilonas, ofertas  de 3 x 2 del Carreful y similares… ¡Menos mal que cuando se acaban las navidades y las consecuencias de su publicidad, vienen los anuncios de cargo de conciencia, los centros de adelgazamiento, los gimnasios, las dietas…

Los programas de fin de año, la retransmisión de la cabalgata de reyes, el torneo de navidad de baloncesto del real Madrid, el discurso de nochebuena del rey… Todo lo que siempre odió pero nunca se dio cuenta de cómo se la metían.

Como dice el villancico…

Navidad, navidad, mierda navidaaaad,

la alegría de tu cara ya se va a borraaar, Hey

Navidad, navidad, mierda navidaaaad

cinco kilos y cien gramos vamos a engordar.

Navidad, navidad, mierda navidad

villancicos, polvorones y gaaaanas de maaataaaar.

Cenarás pescaoooo

y cordero asaoooo

sufrirás las gracias

del cabrón de tu cuñao.

Estas navidades,

ya tendrás la negraaa

si a tu casa viene

a cenar tu sueeegra.

Navidad, navidad…

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LO CONFIESO: SOY UN BLASFEMO Y UN HEREJE

Aún a riesgo de ser tachado de apóstata, aunque sea considerado un hereje, a pesar de que me acusen de blasfemo, de sacrílego, de perjuro, de traidor al dogma…

Debo confesar que nunca, ¡NUNCA!, jamás en la vida, he visto, ni siquiera un capítulo, en cualquiera de las diferentes  “seasons” de, JUEGO DE TRONOS (Ni juego de tronos… ni la madre que las parió a todas)

¡Hala! Ya lo he dicho.

Ahora mi alma está en paz con el Universo y puedo ser churruscado, limpio de pecado, en la hoguera de las “tontás”.

¡Coño! que prefiero leer un libro 🙂

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PENSAMIENTO DEL DÍA (Del día en que me pasé con la Mahou)

El mosquito Anópheles habita en las regiones templadas de los trópicos o subtrópicos y su picadura provoca una enfermedad llamada Paludismo.

El mosquito Asnópheles habita entre los microchips de los teléfonos móviles o celulares y su picadura lo que provoca es… El Palurdismo.

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BLACK FRAIDEI

Después de la cansinez de los medios con  la black week prefriday (black güik pre fraidei) y justo antes de la black week post Friday (black Güik post fraidei) incluso en algunos sitios disfrutaremos del black month post Friday (black monz pos fraidei)

¡POR FIN HOY ES EL PUTO BLACK FRIDAY!  BLACK FRAIDEI PARA LOS AMIGOS.

No es viernes. No es el comienzo del fin de semana, nooooo. No es el final de la semana laboral (para algunos)

Es Black fraidei.

¡Pero qué cansinos sois, cojones!

¿Y ahora que…?

¿A por el blue Saturday?

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