PERO… ¿YA ES VIERNES?

A las seis de la mañana

sonóme el despertador;

sacóme de mi sopor

aunque fue de mala gana

.

¡Qué inoportuno momento!

Estaba en el quinto sueño,

con la cosa como un leño

y el tamaño de jumento.

.

En fin, a tomar por saco

todas mis expectativas.

Y mi esperanza lasciva

de aparearme cual jaco

.

se vino de pronto abajo.

Y aunque fuera fantasía

que se frustra con el día…

lo gozo igual ¡Qué carajo!

.

Pero como servidor es

de natural optimista,

comenzé a buscar las pistas

excusas, pruebas, razones

.

por las que salir del lecho,

por las que encarar el día.

Pero no se me ocurría

con qué compensar el hecho.

.

Hasta que caí en la cuenta

de que el día que estaba en ciernes

no era otro día que viernes,

final de semana cruenta.

.

Así que, a pesar de todo,

no hay mal que por bien no venga,

provenga de donde provenga.

Revolcarse por el lodo

.

solo es consecuencia vana

y no siempre una salida,

pues hay que vivir la vida

¡Que llega el fin de semana!

FELIZ FIN DE SEMANA

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DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO

La emoción me embarga. ¡Qué digo! no quepo en mí de puro gozo literario. Porque estoy tras una pantalla de ordenador y no podéis verme, que si no… os emocionaríais, como yo mismo, al contemplar las lágrimas de alegría que en estos momentos surcan locuelas mi rostro y van inocentes a provocar un cortocircuito al caer en el teclado de mi ordenador, justo entre la letra B y la letra N, que creo que no volverán a funcionar correctamente durante lo que le quede de vida a mi equipo informático. Pero ¡qué narices! Hoy nada va a conseguir aguarme la ilusión.

Feliz es la palabra. Estoy feliz.

Por ello, no quiero dejar pasar la ocasión de brindar un afectuoso y agradecido saludo al amable lector o lectora que me ha comprado el único libro que he vendido durante el mes de Octubre.

Gracias amiga o amigo. Hoy, gracias a ti, podré cenar un bocata de otra cosa que no sea choped. Quizás me decante por la mortadela; con aceitunas, eso sí, que un día es un día.

Manuel Vilas, Javier Cercas y un servidor tenemos sobrados motivos para estar contentos en el día de hoy.

Que no diga nadie que no soy bien nacido por no ser agradecido.

LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO

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Extracto de “Encuentros en la séptima fase”

De ENCUENTROS EN LA SÉPTIMA FASE

“…

La luz se acercó de nuevo al teutón, que comenzaba ya en cierto modo a acojonarse, máxime cuando se percató de que todo su cuerpo había quedado paralizado cual si le hubieran inyectado algún tipo de potente sedante y, como si de un místico levitador del siglo XVI se tratara, comenzó a despegarse del suelo lentamente, a través de aquel foco luminoso de mal agüero. Un extraño silbido que aumentaba poco a poco de intensidad comenzó a escucharse por todas partes. De repente, con un escalofriante ruido de ramas quebradas, apareció en lo alto, a través de las copas de los árboles la siniestra nave voladora que Alonso ya conocía de sobras. A través del cilindro de luz, Sancho seguía ascendiendo lentamente, quién sabe con qué incierto destino.

Desde la seguridad del coche, Alonso y Radmún tercero contemplaban la terrible escena en la que un integrante de sus huestes, un soldado fiel y valiente, estaba siendo abducido por la nave que acababa de aparecer en lo alto de los árboles.

Alonso no pudo soportarlo más y abrió su puerta con intención de salir a echar una mano a su amigo. No sabía cómo, pero algo tenía que hacer.

—¿Dónde crees que vas, Alonso? —preguntó Radmún tercero admirado por la valentía rayando en inconsciencia que en situaciones extremas mostraban los habitantes de ese minúsculo e insignificante planeta llamado Tierra.

—Radmún, Sancho es mi amigo, y por un amigo… ¡Lo que haga falta!

Acto seguido bajó del coche. Su amigo alemán se hallaba ya flotando a una altura de tres metros sobre el suelo y aquella maligna nave que en ese momento había descendido a no más de veinte metros de altura, abrió sus fauces para engullir al pobre Sancho que, inmovilizado como se encontraba, no era capaz de expresar el terror que estaba sintiendo en aquellos momentos, comenzando a arrepentirse de su osadía.

En la cúpula de aquella nave se abrió de repente una especie de ventana corredera, una escotilla por la que asomó un ser cabezón de ojos negros y enormes en los que no se apreciaba el color blanco de la esclerótica, de piel grisácea, que parecía estar maniobrando con el artilugio volador para completar la abducción del pequeño alemán.

Alonso no se lo pensó dos veces, normalmente nunca pensaba nada dos veces, ni siquiera una, y buscó por el suelo hasta que encontró una piedra del tamaño de un puño. Acostumbrado como estaba en su juventud a cuidar a pedradas grandes rebaños de cabras se dispuso a poner en práctica una idea loca que se la acababa de ocurrir. Respiró profundamente, se concentró y, con una fuerza endiablada lanzó el peñasco en dirección al platillo volante.

El infeliz extraterrestre que estaba asomado por la escotilla no vio venir el proyectil hasta que este impactó con extrema violencia justo en el medio de donde, de haber sido un humano, hubiera tenido las dos cejas. Se escuchó un sonido, como de madera crujiendo y aquel humanoide quedó con el tronco, la cabeza y los brazos, colgando inertes por fuera de la ventana, con una brecha considerable en el mocho y completamente inconsciente.

—¡Toma ya, hijoputa! —Alonso reía orgulloso de haber hecho blanco ante la mirada de incredulidad de Radmún tercero.

La luz se apagó de inmediato y Sancho, cayó desde la altura donde se encontraba, propinándose un talegazo serio.

El ovni, sin piloto operativo, pues el agredido tan violentamente era el que manejaba la nave, comenzó a escorar hacia la derecha poniéndose casi en vertical y fue cayendo poco a poco hasta quedar encajado entre dos grandes troncos de árboles, donde detuvo su marcha.

Uno de los otros tripulantes consiguió rescatar al herido, metiéndolo precipitadamente en la nave. La escotilla volvió a quedar cerrada y en el bosque se hizo un silencio sepulcral.

Alonso corrió a comprobar cómo se encontraba su amigo que, tras el golpe, comenzaba a incorporarse algo quejicoso. Viendo que no tenía nada roto le ayudó a llegar hasta el coche y en él lo introdujo. Acto seguido arrancó y continuó camino hacia el Mercadona del pueblo, provocando la admiración de Radmún tercero, que aunque pertenecía a una civilización de seres muy listos, no era capaz de entender qué era lo que había pasado exactamente.

—¿No volvemos al camping? —preguntó a Alonso, que conducía como quien no quiere la cosa, completamente calmado y frío.

—¿Al camping? —respondió con el ánimo henchido como vela al viento— A mí ningún cabrón, por muy de otro planeta que sea, me va a obligar a hacer lo que no quiero. Íbamos a comprar al Mercadona ¿no? Pues ¡A comprar al Mercadona! …

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MENSAJE PARA LOS DEL PARCHE EN EL OJO (TAMBIÉN CONOCIDOS COMO… PIRATAS)

Querido pirata

Lo de querido, como podrás suponer, es una ironía en toda regla.

Hay cosas en este mundo que dan mucho gustito.

Sí, lo que estás pensando también, pero yo me quería referir al hecho de meterte en una web y piratear un libro. Debes de sentirte cojonudamente bien cuando te descargas mi libro por la jeta ¡Sí señor! Sobre todo porque cuando te lo has bajado de cualquiera de las numerosas páginas que lo ofrecen gratis tiene que ser una satisfacción saber que TE HAS AHORRADO 99 CÉNTIMOS (3 EUROS EN EL MEJOR DE LOS CASOS),

¡Hostias, un capital! del que el autor se lleva la escandalosa suma de 30 (céntimos, no euros, para que no pierdas la perspectiva). Para que veas que no es la pasta lo que me preocupa, sino el hecho de que seas tan MISERABLE, TAN RATA, TAN TACAÑO.

¿No será envidia lo que sientes? Sí, envidia de que hay alguien que sabe hacer algo (mejor o peor, que para eso están los gustos y las opiniones) que tú no podrás conseguir en tu puta vida por mucho que lo intentes. Escribir un libro no es tarea fácil, al menos no es tan fácil como ROBARLO en la red. Lleva un inmenso trabajo, más si es uno mismo, un autor que empieza, el que se lo tiene que currar todo, desde escribirlo, hasta corregirlo, maquetarlo, hacer la portada y publicarlo. Pero claro ¿Qué coño sabrás tú de trabajo?

Tú mismo te estas calificando cuando le das al download por la jeró.

Pero mira, me pillas espléndido. Para que veas que no todos somos tan miserables como tú y para que ni siquiera tengas que molestarte en buscar una página de donde hurtar mi trabajo yo te lo ofrezco gratis. Sí, gratis. Sólo tienes que mandarme un mensaje por el medio que sea y yo te lo envío por correo electrónico.

¿A QUE NO HAY HUEVOS?

Esta oferta se autodestruirá en cuatro, tres, dos, uno…

Que no, hombre, que no se va a destruir. Solo pretendo con mi perorata de más arriba que, aunque sea por un segundo, se te remueva un poco la conciencia y te preguntes si con tu actitud facilona de darle al download de una página miserable, beneficias a alguien. O…  a quién realmente jodes.

 

LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO

A tu disposición. Tu sabrás si legal… o ilegalmente.

 

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¿CONSIDERAS EL HUMOR EN LITERATURA UN GÉNERO MENOR?

Tengo la impresión (espero que equivocada) de que cuando dices que escribes humor, la gente lo toma como algo facilón; un género para el que no se necesita más que ser… un buen cuentachistes con algo de gracia.

Nada más lejos. Uno de mis lemas es “el humor es una cosa muy seria” ; y lo digo con conocimiento de causa. En mi opinión, escribir una historia de humor tiene tanto mérito como escribir cualquier tipo de historia. Muchas veces incluso más.  No por tratarse de este género tratas menos seriamente todos los procesos de la escritura hasta que acabas publicando un libro.

Al menos ese es mi caso.

LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO

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AL LISTO QUE…

Al listo que poniéndole un palo al móvil se cree que inventó el palo selfie:

Que ya estaba “inventao” gilipollas

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UN AFECTUOSO SALUDO…

Un afectuoso saludo a las madres de la legión de cornudos irresponsables que habitualmente suelen pulular salvajemente por la M50 de Madrid como si creyeran que están jugando al GTA.

El día que os deis la hostia, porque estad seguros de que llegará ese día, espero que sea contra el pilar de algún puente y no contra el coche de algún pobre diablo (yo mismo, por ejemplo) que vaya circulando respetando las señales y las normas de tráfico.

¡Cabrones!

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