¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS?

  1. ¿QUÉ ES POESÍA?

¿Qué es poesía? Me dices mientras clavas en mis flipados ojitos los tuyos saltones de besugo, hincas el diente en un bocadillo de panceta, masticas con los carrillos hinchados como dos peces globo, escupes migas cada vez que abres la boca y dos hilos de pringue recorren tus morros hasta acabar en la camiseta de Hormigones Martínez.

¿Qué es poesía?

¿Que… qué es poesía?

¿Y tú me lo preguntas?

Poesía es…

¡Tu puta madre!

 

Este poema y muchos más en

¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS?

 

Portada de Manuel Miranda

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¡¡¡¡¡ NUEVO LIBRO !!!!!

borderline

¡Por fin! 

Ya disponéis en Amazon de “¿Y tú me lo preguntas? Poesías políticamente muuuy incorrectas”

¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS?

Un libro de poemas que te hará llorar… pero de risa.

Encima a 1,49 la descarga ¡Así se las ponían a Felipe II (Felipe palote, palote).

En unos días en papel (ya iré avisando)

(El autor no se hace cargo de las eventuales pérdidas de orina ocasionadas por las carcajadas)

La portada es un trabajo de Manuel Miranda


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PENSAMIENTO DEL DÍA (Del día en que me pasé con la Mahou)

¿El correo ordinario es una jodida, puñetera, puta y asquerosa carta?

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TIEMPO DE BERREA

Es esta una época del año en la que los cérvidos en general (Incluyen ciervos y venados varios) sienten el llamado de sus entresijos y se pasan el día entonando cánticos, digamos, nupciales para atraer a las hembras y superponerse en su orden social, al resto de congéneres machos. Este proceso es conocido como…

LA BERREA. 

Con motivo de disfrutar del berrido de los machos de esta especie, muchos humanos (mayormente de Madrid u otras grandes ciudades) se desplazan a los montes y campos ibéricos, para conseguir una mística comunión con la naturaleza otoñal y su abanico de tonos rojizos, dorados, pardos… Como música de fondo, el berrear de esos nobles brutos, calentorros como una caldera a presión.

Y digo yo: ¿Qué necesidad hay de hacer un desplazamiento más o menos largo cuando en el mismo centro de Madrid, o de cualquier capital de comunidad tenemos acotados unos lugares donde los especímenes que los habitan se pasan el día BERREANDO?

A estos lugares los solemos llamar…

PARLAMENTOS.

 

 

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La portada es un trabajo de Manuel Miranda


 

 

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PENSAMIENTO DEL DÍA (Del día en que me pasé con la Mahou)

Toda la vida pidiéndome que madure

¿Y ahora me dices que estoy “podrío”?

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YO NO SERÍA CAPAZ…

Nos quejamos (con razón) cuando vemos un truño de perro en el suelo, abandonado a su suerte por el peludo pepetrador, con el visto bueno de su más o menos responsable dueño. Más bien menos…

Es algo que hay que asumir cuando incorporas a tu familia a un perrete.

Yo reconozco que soy más de gatos que de perros y nunca me he visto en la tesitura pero… es imaginarme paseando a un pastor alemán adulto que en un momento dado suelta una cacota XXL, blandita y humeante, y pensar que tengo que recogerla con la única protección de una delgadísima bolsita de plastico… y me dan los siete males (entre ellos el asco gordo).

Dueños de perros, quiero mostraros mi admiración por vuestra actitud, vosotros que, como Santo Tomás, debéis hundir vuestros dedos en la llaga para creer (o algo así).

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¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS? Poesías políticamente muuuy incorrectas

¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS? Poesías políticamente muuuy incorrectas.

Ya he hablado alguna vez de mi nuevo libro.  Un libro de poesías poco ortodoxo. Lo tengo casi listo para publicar en Amazon (ya avisaré en cuanto saque un rato para subirlo con el enlace).

Pero no es de eso exactamente de lo que quiero hablaros hoy.

Quiero enseñaros la fantástica portada, obra de Manuel Miranda, que ya me ha hecho alguna más con mucho gusto y acierto. Un gran portadista, además de muchas otras cosas.

¿A que mola?

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BREVE RESEÑA DE MIS VACACIONES EN LA PLAYA: DÍA CUATRO

Cuarto día de playa.

 

Tras pasar una noche toledana durante la que cualquier rocecillo con la sábana me hacía ver las estrellas, y ser embadurnado cada media hora con aftersun Deliplus por parte de mi solícita costilla, me pongo en pie a las siete y media con los ojos vidriosos y la espalda, pecho, hombros, brazos y piernas seriamente perjudicados, de un color rojo puticlub tirando a cangrejo cocido.

De nuevo el día anterior transcurrió sin poder catar el baño. Esto comienza a ser una puñetera constante que me está empezando a joder seriamente.

Se me escapa un sentido ¡Me cago en su puta madre! Dirigiéndolo a quien quiera que está intentando amargarme las vacaciones desde allá arriba… o allá abajo, no estoy seguro; en cualquier caso, con mucha inquina y mala leche.

Pero en seguida recupero la calma y el sosiego, al menos mientras no me duele la espalda…

Cuarto día y cada vez me cuesta más mantener la ilusión en alto. Mira que soy de natural optimista, pero… igual el destino me está tocando ya un poco los cojones.

Pero soy una persona voluntariosa y acabo obligándome a levantarme temprano con un objetivo fijado obsesivamente en el mocho. Todo sea por ver si hoy hay suerte y cato la playa. Con mi voluntad, y algún grito que otro, obligo al resto de la familia a levantarse para repetir el proceso de pillar sitio libre en la playa. Ya sabemos cómo está el patio este verano.

La experiencia es un grado y ya somos expertos, si no en baños, si en llegar hasta la playa. Hoy hemos encontrado bastantes más sitios libres en la arena. Incluso hemos encontrado dos sitios juntos muy cerquita del agua. Ocupamos solo uno, claro. Hoy no se escapa el baño.

Colocamos enseres, sombrilla, etc., mi suegra no porque le ha cogido un poco de miedo al agua con la mala experiencia del día anterior y se ha quedado en el apartamento, y nos disponemos a acercarnos a la orilla ¡No me lo puedo creer! cuando es ocupado el sitio libre al lado del nuestro. Pongo las orejas de punta cuando empiezo a ver a nuestros temporales vecinos.

Seis es el límite de personas en las reuniones sociales y seis mozalbetes y mozalbetas de no más de veinte años son los que se aposentan a nuestro lado. Incluso llegan a invadir nuestra virtual posesión terrenal metiendo varias esterillas una cuarta y media dentro de nuestros dominios. Disimuladamente las devuelvo a su parcela con varias patadas sibilinas. Total, va a ser una mañana, no creo que la sangre llegue al río.

Aplazo mi primera entrada en el agua para ver cómo evolucionan los vecinos, de los que no me fío ni un poquito. Lo primero de lo que me percato es de que llevan la mascarilla, sí, pero por debajo de la barbilla unos, en el codo otros, doblada en la cartera algunos… Malo. Son seis, pero gritan y molestan como si fueran cuatro veces más. Muy malo. ¿no me joderán el día?

Me respondo a mi propia pregunta con un rotundo sí cuando veo que se sumergen autistamente en la visión de las pantallas de sus móviles. ¿Estarán hablando entre ellos? No entiendo nada. De repente, de una mochila grande sacan un artilugio… ¿cómo diría? Lo más parecido a una maleta de cabina y lo colocan sobre una toalla. Quince segundos más y por la maleta, que resulta ser un altavoz bluetooth de forrenta o forrenta y cinco watios de potencia, así reviente el aparato y el dueño, comienza a sonar a plena potencia una selección de lo más granado del reggaeton internacional, muy de moda en Choniland del centro, que debe ser el lugar de origen de los veinteañeros hijos de puta nuevos vecinos. Todos los bañistas, que se las prometían felices y relajadas este día, dirigen sus miradas de odio hacia el origen de tan infernal ruido. A mí, cada nota que sale de los bajos del aparato es como si me dieran una patada en el estómago. Se me caen unos lagrimones ocasionados por una mezcla de rabia, tristeza e impotencia. Y asco gordo.

Transcurrida una hora sufriendo la infernal tortura acústica se presenta de improviso mi costilla, yo vuelvo a estar solo en la parcelita, para darme, esta vez sí, un relevo para que pueda disfrutar de la playa si quiera un rato. Vuelvo a llorar, pero ahora de felicidad y agradecimiento. Intenta decirme algo, pero no le hago ni caso.

Por cierto, los del reggaeton no se han movido de su parcela desde que han llegado ¿para qué coño van a la playa?

Comienzo a caminar hacia el agua como no creyéndomelo mucho, pero no ocurre nada; nada malo quiécir. Cinco metros… camino cada vez más excitado. Cuatro metros… piso un pecho a una octogenaria que estaba haciendo topless y los tenía desperdigados por el suelo. Tres metros… la vieja resulta ser una excelente lanzadora de bastones y me alcanza los riñones con el báculo, que se convierte en arma mortífera. Al menos dañina. Dos metros… me retuerzo de dolor, pero no flaqueo. Huelo la sal, oigo las olas. Un metro… un frisbie desorientado me da en la frente. Del dueño ni flores. Pero sigo como en un estado de ensoñación, como si caminara sobre las nubes. Cero metros… el agua me llega hasta los tobillos. No me lo puedo creer. Se me escapa un hipido entre llanto y llanto. Parece que la playa se ha quedado vacía en deferencia a mí. El agua me llega por las rodillas. Oigo voces desde la orilla. También un silbato. Los oigo… pero no los oigo. El agua me llega a rozar la parte más baja de los huevecillos. Está algo fresca y la bolsa escrotal se me transforma en un higo seco pero mojado, no sé si se me entiende. Rostro al frente mirando al horizonte sigo caminando hasta que el agua me llega al pecho. ¡Qué placer más tonto! Me doy la vuelta y… toda la playa parece estar pendiente de mí. Unos gritan, otros hacen aspavientos con las manos, otros se echan las manos a la cabeza. ¿Intentan decirme algo? Saludo correspondiendo con una sonrisa. Miro hacia la caseta de los socorristas y allí veo una bandera roja. Chungo. Bueno, una roja y una blanca con una medusa pintada. Se me viene el mundo encima cuando comienzo a sentir pinchazos, ardores y escozores por todo el cuerpo.

Lo siguiente que recuerdo es despertarme en el hospital desorientado. Mi costilla sentada a los pies de la cama con cara de preocupación…

Has estado tres días inconsciente, me dice en voz muy baja. Calculo con la mente un poco espesa. ¿Tres días? Más cuatro hasta el día de marras… 7 días. Se nos ha acabado la semana de vacaciones.

Me cago en su puta m…, pienso hasta que me vuelve a hacer efecto el tranquilizante.

El próximo verano nos vamos de vacaciones a los Pirineos, digo, o creo decir en voz alta.

FIN

 

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LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO (Cuidado, no los compres)

borderline

Visto que dar la matraca pidiendo que compréis mis libros no da ni puñetero resultado, paso a rogar encarecidamente que:

¡NO COMPRÉIS MIS LIBROS!

A ver si por aquello de la psicología inversa…

LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO ¡OJO! PARA NO COMPRAR

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