AYUDA A QUE UN ESCRITOR NO PASE HAMBRE

Si ya no te quedan libros buenos que leer… 📖📖📖📖📖

Lee libros malos. 🤢🤢🤢🤢🤢
(Al menos contribuirás a que un escritor pueda comer caliente un par de días en semana 🥣🥣🥣🥣🥣)
 

Cándido Macarro: autor.

TODOS LOS LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO

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REFLEXIONES DESDE EL RETRETE

No existe emplazamiento con mayor intimidad y sosiego espiritual para dar rienda suelta a las reflexiones que el retrete, el baño, el WC, la letrina, el aseo, el inodoro, el excusado, el sanitario, la taza o el evacuatorio.

Grandes hitos del pensamiento universal, ideas originales o soluciones definitivas a enquistados dilemas filosóficos, han tenido su germen en este lugar.
Este libro es una clara muestra de ello ¿O quizás no?

REFLEXIONES DESDE EL RETRETE A 1 EURO

 

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EMPATÍA

Aquí unas sexudas reflexiones (sexudas y no sesudas porque digo lo que me sale de… las partes pudendas y no de la sesera) sobre una palabra que últimamente está en boca de mucha gente y recelo de que todo el mundo tenga claro qué es lo que significa:

Se trata de la palabra empatía.

Si vamos al diccionario de la RAE, práctica no demasiado en uso entre los usuarios del español, nos aparecen las dos definiciones siguientes:

 

  1. f.Sentimiento de identificación con algo o alguien.
  2. f.Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Limpio, fijo… y esplendoroso, como corresponde a la RAE.

Sin en cambio, que diría uno que conozco, en aras de hacer del lenguaje algo más simple y práctico, podríamos resumir ambas acepciones en una sola expresión más coloquial y entendible, que podría ser “Ponerse en el lugar del otro”, intentando entender el asunto de que se trate visto desde el punto de vista del otro, y no del propio.

Es aquí donde para el ep-pañol medio el razonamiento se viene abajo como un castillo de naipes; es decir, cuando el ep-pañol medio la caga, e interpreta el concepto como cristo le da a entender, que suele ser malamente.

Para este ibérico grupo social “Ponerse en el lugar del otro” viene significando que, tras un proceso de envidia cochina en el que odiamos al “otro” simplemente por estar en el lugar que está, porque al ep-pañol le parece estupendo todo lo que tiene el otro y él no tiene, aunque el otro tenga una mierda pinchada en un palo, se produce un deseo irracional de llegar hasta donde se encuentra, darle un empujón lo más fuertemente posible para desplazarle… y usurpar su posición. Eso es “ponerse en el lugar del otro” para un ep-pañol comido por el pecado nacional de la envidia.

Y tras esta disertación me despido con la intención de ir a buscar la inspiración para una nueva entrada a las fuentes… no de la inspiración, sino a las del barril de cerveza, que inspira lo suyo.

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LITERATURA “PATA NEGRA”

¡OLÉ MIS COJONES!

Una desgarradora epopeya que te hará sentir… cosas

¡OLÉ MIS COJONES! EL LIBRO QUE TE HARÁ DISFRUTAR… DE OTRAS COSAS

 

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HISTORIA APÓCRIFA DE FRANCISCO PIZARRO

Dentro de mi “inteligente” plan de rescatar entradas antiguas por aquello de la visibilidad en mi blog, me gustaría invitaros a leer esta particular historia del trujillano Francisco Pizarro que, en su día, tuvo muy buena acogida.

Lo primero de todo es advertir al posible lector de que es un relato producto de mi imaginación, en aras de echar un ratico gracioso, y sin ánimo de ofender a nadie. Así que nadie se me ofenda, que no es mi intención.

HISTORIA  APÓCRIFA DE FRANCISCO PIZARRO (De mentirijillas ¿eh?)

 

Permítanme vuesas mercedes que me tome la licencia y el atrevimiento de irrumpir en vuestras ociosas vidas  como erecta verga en tierna y rezumante vagina. Es más que probable que lo que aquí vengo a referiros levante dolorosas ampollas entre los admiradores y paisanos de este preclaro personaje, pero en aras de la verdad me veo en la obligación de contarlo, mal que me pese. Pido mil perdones de antemano por si alguien se sintiera afrentado, pero los hechos cabales han de salir a la luz tal y como en realidad ocurrieron.

O casi.

Vino a nacer en este perro mundo este insigne trujillano el año de nuestro señor de mil y cuatrocientos setenta y seis. Hijo ilegítimo por obra y gracia de la promiscuidad de su papi y de la ligereza de cascos de su mami, tuvo una dura infancia. Primero porque papá le negaba el apellido, lo cual le hacía sentirse un nene no querido, un pequeño paria, pero después, cuando consiguió apellidarse Pizarro, tras mucho dar la coña a aquella familia, porque los demás niños se reían de él cantándole aquella cancioncilla tan hiriente que comenzaba “Pizarro, chupa del tarro…”.

Tanta inquina fraguó en el chico un carácter arisco y emponzoñado y no pasaba día en que no sintiera la necesidad de matar, o en su defecto de dar un par de hostias a alguien.

Por eso en cuanto tuvo edad se apuntó a los tercios.

Un buen día que iba de camino a casa leyó un cartel que le llamó poderosamente la atención: “Tercio con tapa a un cuarto de maravedí” Y se apuntó a los tercios, los de Mahou, que entonces no se llamaban así ni se servían en latas de aluminio sino en jarras de barro cocido. Y cocido acabó Pizarro de tanto y tanto apuntarse a los tercios para intentar dulcificar su amarga existencia.

Para solucionar este incipiente problema con la bebida, Francisco se apuntó a los otros tercios, los del ejército español y marchó a luchar a Italia, que entonces no se llamaba así pero que estaba en el mismo sitio. En el campo de batalla el muchacho dio rienda suelta a su mala leche. En algunas crónicas se refleja su satisfacción por haber tenido la oportunidad de principiarse en los avatares de la vida. Allí vivió su primera guerra, allí su primer enemigo traspasado por la espada, allí su primera trifulca cuartelera. Pero sobre todas las experiencias allí tuvo su primer contacto con la Gloria, una meretriz entrada en años  algo piojosa y gonorréica que a la sazón viajaba con el ejército doquiera que este se desplazaba  para aliviar las tensiones propias de la convivencia de una turba de gañanes mal vestidos, mal alimentados y… mal follados, que o se zanjaban a estocadas con el consiguiente perjuicio para el ejército en forma de bajas o se zanjaban con la gloriosa intervención de la Gloria, opción esta menos sangrienta, por el módico precio de dos maravedíes supá, cuatro follá. A cambio, además de un polvo de campaña, los aliviados soldados se llevaban para el cuerpo una nutrida flora bacteriana que los mantenía entretenidos rascándose los picores escrotales los anodinos días en que no había batallas que echarse a la boca.

Pero lo que tiene la bisoñez, el joven Francisco, quizás porque había sido la primera vez que la había metido en caliente, quedó prendado de los encantos y efluvios a sardina arenque de la susodicha.

A partir de entonces toda su obsesión no fue otra que ponerle un piso a la señora y retirarla de la calle, pero el chaval apenas contaba con posibles pues el oficio de matador (de italianos) no daba para llevar una vida demasiado holgada. Paquito, como era conocido entre sus camaradas, no pudo evitar enamorarse como un ciervo en tiempo de berrea de la experimentada prostiputa. Tanto  insistió y le dio la coña que Gloria a pesar de su proverbial paciencia acabó perdiéndola y tuvo que huir de aquel tozudo enamorado acosador, calificativo que entonces no se conocía por ese nombre.

Finalmente la cosa se saldó tomando la Gloria las de Villadiego.

Gloria huyó al nuevo mundo, apenas recién estrenado y con un sinfín de posibilidades de prosperar y hacer carrera, donde suponía y esperaba ejercer su noble oficio lejos de su admirador Paquito, al que había apodado ”el cansino” por su tenacidad en perseguirla.

Pizarro entonces, dejó los tercios y se alistó a las tropas que partían hacia la recién descubierta América, en busca de la Gloria.

Tal era el tesón del muchacho en pos de su ansiado amor que no se detuvo ante ningún obstáculo. Obstáculo Inca que se encontraba, obstáculo Inca que iba a tomar por el culo. De esta guisa acabó conquistando el Perú, pero de la Gloria, ni rastro.

Consciente de que su amorcito era puta y reputa pensó, no sin cierta lógica, que quizás consiguiera hacerla salir de su escondrijo (doquiera que se trove, solía decir él con lágrimas en los ojos) ofreciéndole el oro y el moro. Al moro no consiguió encontrarlo por ninguna parte pues no en vano estaban en América y ya se sabe que allí los moros no se crían, pero oro recaudó todo el que pudo y más entre los “entusiastas” Incas. Sobre este particular aún tengo mis dudas, aunque esto es otra historia.

Pero La Gloria seguía sin aparecer, por lo que Francisco, rendido a la evidencia, supuso que o había muerto o se había vuelto a España.

Como Pizarro tenía entonces excedente de oro decidió desprenderse de él, pues no le había servido para sus propósitos, lo empaquetó todo y lo mandó a España. La corona, receptora de semejante presente lo empleó con seso, concienzudamente, haciendo que la economía del país creciera hasta límites insospechados y garantizando la solvencia económica de nuestra querida patria por generaciones y generaciones… Ummm, esto último no estoy muy seguro de que sucediera exactamente como lo cuento, pero en cualquier caso… es otra historia.

Fue una época, para el ya maduro soldado, de depresión y zozobra al percatarse definitivamente de que nunca iba a conseguir reencontrarse con el amor de su vida por lo que su carácter sufrió una profunda transformación, volviéndose huraño con las mujeres a las que en cierto modo culpaba de su frustrada y puteril (pueril para l@s mogijat@s) experiencia.

Se hallaba Francisco en sus horas más bajas, dejando hacer a los demás, cuando, casi por casualidad, probó las mieles del Inca, que como decía la tradición, “por el culo te la hinca”. Y Pizarro trocó todo su amor a la Gloria por el vicio más vicioso, el vicio del Inca, pues una vez que se la hincaron ya no pensó en otra cosa. La Sodoma y Gomorra bíblicas parecieron santas ciudades en comparación con la suya.

¡Pardiez! –Solía decir entre sí- lo que me he perdido hasta ahora, coño.

Se le cuentan amantes a decenas, pero con el que más intimó fue con el jefe Inca, Atahualpa, que se ve que era el jefe porque era el que mejor la hincaba de todos los Incas. De eso pudo dar fe Pizarro durante una buena temporada en que fueron pareja de hecho sin hacer el menor caso a los maledicentes dimes y diretes que se producían a su alrededor.

Atahualpa tenía a Pizarro como una reina y le colmaba de oro y de plata. Pero lo que tienen los gays, que entonces no se llamaban así, los hombres en general para no faltar a la verdad, es que suelen ser de condición promiscua, y Atahualpa, un poco hastiado de la carne extremeña por muy ibérica y de buena calidad que fuera, se encariñó de un joven y tierno trasero autóctono. Un conocido le vino con el cuento a Francisco de la infidelidad de Atahualpa y entonces fue él mismo quien, en un ataque de celos, se la hincó al Inca, aunque en este caso fue la espada en el corazón.

Y cuando siendo ya un madurito interesante pero cansado de amoríos decidió dedicarse a la vida contemplativa, turbáronle su retiro unos parientes de un agraviado y posteriormente decapitado años atrás por Pizarro, llamado Diego de Almagro, que es bien conocido porque fue el que  inventó las berenjenas de ídem, aunque eso es otra historia.

Digo pues que los parientes de Almagro, en venganza, acabaron todos hincándosela a Pizarro. Dagas, cuchillos, estiletes y espadas acabaron hincados en el cuerpo de Francisco,  que entregó su vida a Dios musitando apenas con un soplo de vida un cariñoso y efusivo,   dentro de sus posibilidades, recuerdo para las madres de sus verdugos.

Y aquí termina esta epopeya, la auténtica, libre de tapujos y verdadera como la muerte, historia de este ínclito conquistador español de no muy grato recuerdo para los descendientes de aquel conquistado pueblo Inca.

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MÁS TENSIÓN, INTRIGA, EMOCIÓN… ES QUE NO SE PUEDE

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, más que nada para no dar pistas y que se acabe llenando de frikies y domingueros… están ocurriendo cosas… cosas muy misteriosas… cosas de mucho miedito para gente impresionable y timorata… fenómenos realmente extraños a la par que estrafalarios.

Sumérgete en unas aventuras para anormales que no te dejarán indiferente.

ENCUENTROS EN LA SÉPTIMA FASE

Porque séptima… es mucho más que tercera.

(el autor deja a Spielberg, con su mítica película “Encuentros en la tercera fase”, a la altura del betún de Judea)

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Y ahora… ¿qué?

Hemos pasado unas pre-prenavidades, unas prenavidades, unas navidades y unas postnavidades en las que nos han machacado a conciencia hasta el límite del electroencefalograma plano con los anuncios de colonia Ver este enlace  

Y ahora, cuando ya nos las prometíamos felices porque la cansinez de las odepajfam iba a decrecer drásticamente… y la Cloé iba a descansar en paz, por lo menos hasta las inmediaciones del día de la madre…

Van, y nos aturden con los anuncios de antigripales. ¡Antigripales como para una boda! de griposos, claro.

¡MANDA HUEVOS!

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