EL LADO GAÑÁN DE LA FUERZA

Los hombres,  en general quié icir, son (somos) esos anodinos seres que se encuentran (nos encontramos) dentro de un amplio rango sociológico que va justo desde los calificados como metrosexuales hasta el nutrido grupo denominado de los “gañanes”, que suelen lucir una sola ceja corrida, ya sea física o psicológica.

El hecho de encasillar al hombre entre estos dos grupos, digamos, extremos, y que por sus características peculiares no pueden ser considerados como hombres, o al menos hombres completos o estándar,  no quiere decir que en algún momento de su vida el ser humano masculino (hombre) no se deje arrastrar peligrosamente hacia alguno de ellos. La experiencia nos dice que la tendencia natural del hombre normal es aproximarse al lado gañán, su lugar natural, que como el lado oscuro de la fuerza siempre está al acecho, atrayente, para captar nuevos (o antiguos) adeptos. Todo lo que sea intentar salir de ese estado supone al hombre un esfuerzo añadido  y, por supuesto, un extraordinario mérito, no siempre debidamente valorado por la mujer.

Sin embargo, la naturaleza (O más bien la edad que tiene la naturaleza, que va siendo ya jodidamente perversa) siempre empuja al hombre a volver a su lugar de origen. Es como si el esfuerzo que continuamente hace para huir del lado oscuro perdiera su intensidad a medida que le crecen los pelos en la nariz y las orejas, cosa que por alguna misteriosa razón, se hace cada día más frecuente al tiempo que se va retirando el pelo de la cabeza.

Sí amig@s, el vello nasal y auricular, al contrario de lo que le ocurría a Sansón, hace al hombre perder la fuerza y la determinación y le arrastra con perseverancia al lado gañán de la fuerza.

Y no quiero yo decir que si vemos a un hombre por la calle más o menos bien arreglado, es decir, razonablemente aseado, (sin llegar al extremo metrosexual y dudosamente masculino de haberse puesto crema antiedad for men, utilizar dos lociones diferentes de aftersave, llevar las cejas depiladas en forma de pico y ¡Pasmaros! ¡¡¡¡¡COMBINANDO LOS COLORES DE SU INDUMENTARIA!!!!!  Ni llegar al otro extremo de vestir con camiseta blanco/amarilla de tirantas marca Abanderado,  con media luna de sudor bajo las axilas, con los pelos de los hombros cayendo en cascada sobre la misma, sombrero de paja o en su defecto gorra de Charcutería Mariló, palillo en la boca y dedo índice dentro de la nariz),  pero al que le asoma un ramillete de pelánganos por los agujeros de los apéndices mencionados, debamos incluirle automáticamente en la categoría de gañán.

No es eso. Pero hay que reconocer que en tales circunstancias podemos considerarle en serio peligro de ser abducido por el lado gañán de la fuerza,  por relajado y desahogado.

 La dejadez es una lacra que ha de ser persistentemente combatida  bien con unas pinzas de depilar, bien con un cortapelos al uso, o con los propios dedos de las manos si procediere.

Sirva este revuelto mental como acicate para todos aquellos hombres que flaquean en la lucha contra los pelos que no son bienvenidos. ¡Ánimo camaradas! ¡Vosotros podéis con esos pelos insistentes y cansinos que cada día se nos aparecen negros, largos y traicioneros en cualquiera de estas cavidades corporales.

¡POR UN MUNDO SIN PELOS EN LA NARIZ NI LAS OREJAS!

¡ADHIÉRETE A ESTA CAMPAÑA Y APOYA ESTE SANO E HIGIÉNICO MOVIMIENTO!

¡MILLONES DE MUJERES YA HAN FIRMADO!

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AL “AS” DE LA CARRETERA

A lomos de un puñado de caballos

cabalga, no un jinete, sino un burro.

Con solo nombrarte ya me aburro,

pavoneándote cual urogallo.

.

Te faltó oxígeno, sin duda, al nacer,

porque si no, hay cosas que no se explican.

Ver como la estupidez se multiplica

y en tu persona no para de crecer.

.

Imprescindible es que te cales la visera

y la encajes hasta el borde de las cejas.

Tú, conductor, que bien manejas,

que eres el rey de la carretera.

.

Tu velocímetro rebasa el rojo,

acosador sin tregua del asfalto.

Siempre has de ser tú quien mea más alto

pues te crees que conduces con arrojo.

.

Te pasas cualquier norma por el forro

y haces lo que te sale de los huevos.

Para eso te has comprado un coche nuevo.

Eres el prototipo de machorro.

.

Si llegas veloz a mi retaguardia

Me empieza a invadir un pánico ciego.

Nada gano compitiendo con tu ego.

Imposible frenar mi taquicardia

.

Me aparto de tu camino, vencido

por ese alarde de testosterona,

Y contemplo tu sonrisa burlona

cuando compruebas que me he rendido.

.

Para en la humillación regodearte

pisoteas el pedal y le das hule

 al tdi turbointerdaporculer.

Que seas tan cretino es todo un arte.

.

Hasta ahora, imbécil, has tenido suerte,

pero no toques a la parca los cojones,

pues te puedes encontrar en mil rincones

cara a cara con la buscada muerte.

.

A mí poco me importa que te mates

si eres tan gilipollas de arriesgarte,

pero lo que no voy a tolerarte

es que mi única vida me arrebates.

.

Sé que nunca llegará este mensaje

a tu tarada cabeza de chorlito,

pero confío en que medites un poquito

y dejes de portarte como un salvaje.

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LO MEJOR QUE SE HA ESCRITO EN AÑOS SOBRE FENÓMENOS PARA – ANORMALES

…O lo segundo mejor…

… O lo tercero…

ENCUENTROS EN LA SÉPTIMA FASE

NO PIERDAS LA OPORTUNIDAD DE ECHAR UNAS RISAS

 

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THE HOUSE (Una historia… de mucho miedito)

Entonces… se escuchó un grito. Fue algo desgarrador, terrorífico, infernal, espeluznante, pavoroso… de otro mundo.

Apenas había cruzado el umbral de la puerta de aquella vieja casa cuando ¿una ráfaga de viento? la cerró violentamente causando gran estruendo tras de mí.

Sabe Dios que no soy de natural pusilánime pero aquellos dos hechos consecutivos unidos a la penumbra del siniestro recibidor y ese penetrante olor a humedad y orín hicieron que se me erizase el vello. Un escalofrío permanente se asentó a lo largo de mi columna vertebral y el sepulcral silencio que sobrevino tras los incidentes me encogió el corazón, que amenazaba con salirse de mi pecho a cada latido.

A pesar de que nunca fui tachada de cobarde confieso que mi primera idea fue la de huir desandando precipitadamente mis pasos. De hecho no fue sólo un deseo sino que lo intenté de todas las maneras posibles. A punto estuve de desvencijar la puerta por los violentos tirones que daba de ella para abrirla, mas no fue posible. Aquella permaneció cerrada a cal y canto, como si una sobrehumana fuerza la estuviera sujetando para evitar que pudiera marcharme.

Así que, empujada por aquella extraña circunstancia más que por un arrojo que estaba lejos de sentir, me giré dispuesta a averiguar la causa del espantoso alarido que me acababa de helar la sangre.

El recibidor de la casa desembocaba en un largo pasillo que se encontraba casi en una total oscuridad salvo porque al fondo bajo una puerta cerrada pude observar una rendija de siniestra luz que salía de una estancia al otro lado.

Todos los músculos de mi cuerpo se agarrotaron al unísono cuando contemplé aquello.

A pesar de ello, algo extraño, sobrenatural me atrevería a decir, atraía sin posibilidad de resistencia mi mirada hacia aquel punto. Era como si alguien me estuviera llamando desde allí.

No tenía escapatoria.

De repente, sin que mi cerebro hubiera dado orden alguna a mi cuerpo, mis pies comenzaron a moverse por su cuenta arrastrándome muy a mi pesar hacia la puerta del final del pasillo. El terror y la impotencia nublaron mi mente que no tenía más capacidad que la de dar fe de lo que estaba ocurriendo. Mis ojos se llenaron de lágrimas provocadas por la excitación y el pavor. Un sudor frío inundó mis sienes y mi frente a medida que involuntariamente me aproximaba a aquella espectral luminiscencia.

Transcurrieron segundos, minutos, horas… no lo sé decir a ciencia cierta porque perdí completamente la noción del tiempo.

El caso es que me vi, sin saber cómo, a un metro escaso de aquella habitación separada de mí por una gruesa puerta que sólo dejaba adivinar qué cosa demoníaca podía encontrarse al otro lado.

Mi mano, seguida del brazo, comenzó a moverse como un autómata hacia el picaporte. Para entonces yo, que aunque no era dueña de mis movimientos sí era completamente consciente del estado nervioso en que me encontraba, abandoné cualquier posible resistencia y me dejé llevar, rendida ante algo que intuía mucho más poderoso que yo.

La gelidez de aquella manecilla me trajo de nuevo a la aterradora realidad, pero nada podía hacer más que observar cómo mi mano la bajaba lentamente hasta escuchar un suave click que me hizo comprender que el resbalón de la cerradura acababa de liberarse de su emplazamiento en el marco.

Con un inquietante chirrido la puerta se fue abriendo ante mi inconsciente empuje y entonces la luz comenzó a llenar gradualmente el lugar donde me encontraba. Quise gritar pero de mi agarrotada garganta no salió sonido alguno.

Con las pulsaciones al límite empujé definitivamente la puerta, que quedó abierta de par en par.

Entonces… lo vi ¡Dios mío! Allí estaba él.

Como presintiendo mi presencia se giró lentamente hacia donde yo me encontraba hasta que su mirada se clavó en la mía. Levantó su mano izquierda mostrándome un dedo morado y gordo, hinchado como una porra. En su mano derecha aún blandía el arma homicida, un martillo de carpintero que tenía levantado por encima de su cabeza. Ahora su mirada se había tornado dura, rencorosa, llena de odio.

—¡Me cago en el Ikea, en los muebles de hágaselo usted mismo y en los suecos que fundaron la empresa!

A pesar de tales abyectos juramentos no pude por menos que respirar aliviada al contemplar frente a mí lo que me había mantenido absurdamente aterrada minutos atrás.

Sonreí abiertamente mientras me acercaba a mi marido y le besaba cariñosamente el dedo herido.

Es que el pobre es bastante torpe para esto del bricolaje.

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RISA VERSUS ESTREÑIMIENTO

Dale una oportunidad a la risa como terapia y podrás ir al baño… regularmente.

LIBROS DE CÁNDIDO MACARRO

 

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POEMA AL BOCAZAS

Cuentan de un hombre, que un día

tan soporífero estaba,

que solo se solazaba

con los vídeos que veía.

Con frenesí tecleaba

la pantalla de su móvil.

No tenía otro hobby,

pero el placer no llegaba.

.

¿Habrá otro, entre sí, decía

más pobre y triste que yo?

Y la respuesta encontró

cuando volvió la mirada

y vio a una mujer parada

con un rostro de terror.

.

¿Qué le ocurre? -dijo el mozo-

Espero no importunar.

Que he puesto el móvil a cargar

y para quebrar mi gozo

me acabo de percatar

de que solo una rayita

hay en la pantallita

y no se llegó a colmar.

.

Pues sí que es terrible el drama

-por reírse de ella, dijo-

Hay que ser un temerario,

un alelado y un pijo,

por salir sin batería,

cosa absurda hoy en día.

Es un hecho que es palmario.

.

¡Vaya hombre! -Dijo la dama-

Poco me consuela usted

¿No tiene mejor que hacer

que tanta inquina derrama?

.

Vera usted, -el hombre dijo-

El yutuf me aburre mazo,

los vídeos son un coñazo

y no sé qué hacer de fijo.

.

Por eso “pa” divertirme

solo quería encontrar

un “pringao” con celular

con el que el culo partirme.

.

Vaya usted con Dios hermano

-le contestó la mujer-

¿Y no se puede meter

el celular por el ano,

se lo aguanta hasta el verano

a ver si encuentra el placer?

.

El hombre volvió a sus vídeos

agachada la cabeza

y perdida la bravura;

y teniendo la certeza

de tener la cara dura.

Y asumió con disimulo

que en ocasiones futuras

lo de hablar lo pensaría,

o si no se metería

toda la lengua en el culo.

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LO QUE ES, ES, Y LO QUE NO ES, NO ES

 

Está muy bien esto de la conectividad que nos proporcionan las redes sociales. Vaya que sí. Estamos… SIEMPRE… en contacto con …TODOS. Siempre, todos… suena palmario, trascendente… casi místico. Uno se siente poderosamente en sintonía con las fuerzas del universo; al menos las fuerzas del universo virtual.

Desde el cuarto de baño de mi casa, sentado en el trono del que no tiene reino, con el portátil sobre los muslos desnuditos (visualíceseme con el pantalón bajado hasta los tobillos por aquello de la mayor libertad de movimientos), puedo interactuar… ¡con quien se me antoje! Y eso parece una cosa… grande; como mirar la bóveda celeste, cuajada de estrellas, una noche de verano.

Tal sobrecogimiento nos incita a hacernos preguntas esenciales, básicas, profundas, espirituales… Llámalo equis.

Hasta que te pasas tres días con gripe, sin ganas siquiera de usar el ordenador. Lo primero es lo primero. Y es al cabo de ese periodo de convalecencia, desconectado del mundo digital, cuando vuelves a usar Facebook, twiter, etc., que te das cuenta de que nadie te ha echado en falta, de que el mundo virtual ha continuado… pero sin ti; de que eso de la conectividad universal es un cuento oriental; de que la interactividad es algo inmediato, fútil, extraordinariamente volátil; de que no eres nadie por muchos “amigos”, agregados o seguidores con los que te relaciones.

Vivimos en un sueño social. Y el peligro de vivir un sueño es no tener la capacidad mental para ubicarse en este mundo etéreo, y ser consciente, precisamente, de que es etéreo, y que al final del todo, lo que prevalece es uno mismo y su circunstancia, que decía Ortega, y de que la realidad tangible es otra cosa.

No es cuestión de qué preguntas hacernos… sino de cuáles son las respuestas:

¿Quiénes somos?  Unos gilipollas.

¿De dónde venimos? De la gilipollez.

¿Hacia dónde vamos? Hacia la gilipollez en sí misma, una y única como fin y meta.

¿Existe algo más grande que yo? Sí. Un gilipollas más gordo.

¿Qué es lo que hace moverse al mundo? La gilipollez

El día que tomemos consciencia de esto, habremos dado el primer paso para salir de este ficticio círculo de gilipollez.

¡Y olé!

 

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