LAS REDES SOCIALES Y LA GILIPOLLEZ

Todavía, a estas alturas de la película, me debato entre pensar que el mundo virtual, ese que se encuentra al otro lado de la pantalla del ordenador o del teléfono móvil en contraposición al mundo que se toca (tangible), ha llegado para mejorar las relaciones humanas y, en definitiva, a perfeccionarnos como especie; o, por el contrario, que es algo que actúa como amplificador de la estupidez y la miseria humana.

No lo tengo claro, no. Porque al mismo tiempo que veo cómo la palabra, las ideas, la información, los valores se difunden de una forma tan universal como nunca habíamos conocido, también las redes son distribuidoras del mensaje de los imbéciles, que haberlos siempre los ha habido, pero, a los que ahora se escucha más y mejor.

A ver, no nos engañemos; que el que era un gilipollas en la intimidad ahora es un gilipollas igual, pero con el agravante de que su gilipollez es publicitada a los cuatro vientos; y puede llegar a liderar a una legión de gilipollas individuales que permanecían en standby, a la espera del correspondiente revulsivo para iniciarse en la mística de la gilipollez en abstracto y que ahora tienen la oportunidad de integrarse en algo incluso superior a ellos, algo que los trasciende y les retroalimenta la tontería. Es como una religión de las muchas que se profesan, pero tendiendo a sentarse a la derecha de la suprema gilipollez, que es el equivalente a dios en aquellas.

Es la sinergia de las gilipolleces.

Ahora, pensándolo bien, releyendo los anteriores párrafos, comienzo a darme cuenta de que empiezo a decantarme por la idea de que el boom de las redes definitivamente no ha hecho ningún bien a la humanidad. Y es que en el mundo hay demasiados gilipollas… o demasiados gilipollas potenciales a la espera de la chispa que inflame su muy combustible gilipollez.

Y añoro, sin haberlas vivido, aquellas épocas prehistóricas en las que el gilipollas tardaba un huevo de tiempo en grabar una gilipollez en una piedra, que, por otra parte iban a leer cuatro gilipollas mal contados, y para cuando acababa se le habían olvidado las demás gilipolleces que se le habían ido ocurriendo durante la faena, lo cual conseguía contener la infección.

Además ¿Quién te asegura que esto que estás leyendo ahora mismo no sea sino el “regüelto” mental de un gilipollas?

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4 respuestas a LAS REDES SOCIALES Y LA GILIPOLLEZ

  1. Mayte Blasco dijo:

    Buff… Yo acabo de irme de Twitter. Es un submundo muy peligroso. En mi blog he hecho también una reflexión sobre ello.

  2. Ramón Sánchez dijo:

    Muy bueno!!!

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