ENTREVISTA AL REPUTADO ESCRITOR CÁNDIDO MACARRO

DAILY GAÑAN´S TELEGRAPHE

Entrevista al afamado creador del súper héroe segoviano Edelmiro Páez, Cándido Macarro Rodríguez.

Se trata de un escritor muy esquivo, poco amigo de mostrarse en público.

Tras muchos intentos, finalmente conseguimos ponernos en contacto hace ya varios días con él y, sorprendentemente, pues no suele conceder entrevistas a ningún medio, accedió a nuestra petición. Tras acordar la fecha y la hora del encuentro, nos emplazó en un lugar realmente atípico para hacer una entrevista: El discopub “La gata cachonda”.

En un principio el lugar nos resultó un tanto chocante, pero nos insistió tanto que acabamos accediendo a su exigencia; de otro modo hubiera sido imposible entrevistarle. Extravagancias y caprichos de escritores consagrados, supuse. En cualquier caso, por la decoración, por la clientela y sobre todo por las chicas escasas de ropa que hacían las veces de camareras, a mí no me pareció un discopub, ni mucho menos, sino otro tipo de local algo más sórdido.

En fin, que, de perdidos al río. Ya estaba allí y no podía echarme atrás. Nada más entrar por la puerta, el escritor, que ya me estaba esperando, me hizo unos gestos con la mano para que me acercase. Se encontraba sentado en una mesa apartada en un alejado rincón del local. Bueno, al menos gozaríamos de tranquilidad para realizar la entrevista.

Tras los saludos de rigor, yo dispuse mi magnetófono en mitad de la mesa y coloqué bien ordenados los folios donde tenía escrito el guion y las preguntas que pensaba hacerle durante la charla. Ni que decir tiene que era la entrevista más importante que iba a realizar hasta el momento.

De apariencia sencilla, incluso vulgar me atrevería a decir a tenor de su aspecto, el autor del best seller “La asurda e inqueible historia de Edelmiro Páez” parecía cualquier cosa menos un hombre que se ganara la vida con las letras y… bueno, con la cultura en general. Vestía una camisa de cuadros de la que sobresalía una etiqueta del Primark, por cierto, con algún que otro lamparón a la altura del pecho y unos rodales de humedad justo en la zona de las axilas que dejaban escapar al ambiente un olorcillo a choto que de cuando en cuando conseguía desconcentrarme de mi propósito inicial. Bajo esta vestía una camiseta de tirantes con el cuello algo amarilleado bien debido al uso intensivo, bien a la espartana limpieza. Unos vaqueros con sustancia, de esos que parecen querer irse por su propio pie a la lavadora y unas botas Segarra que desprendían de vez en cuando cierto olor a queso Roquefort desde su interior y a mierda de vaca en el exterior. Jugueteaba con un palillo en la boca, mordisqueado por ambas puntas. Como colofón a semejante look, dejaba asomar por las orejas y por las fosas nasales una poblada mata de pelos negros como alambres.

—En primer lugar, quiero darle las gracias por haber concedido esta entrevista a nuestro periódico —Pretendía que nuestro primer contacto fuera lo más cordial posible—. Todo el mundo sabe de su reticencia a la hora de dedicar parte de su tiempo a los medios de comunicación. Aunque pensamos que un autor de su renombre y fama se debe a su público ¿No es así?

El extravagante escritor me miró detenidamente, como si de alguna manera estuviera buscando motivos ocultos en mi pregunta. Apuró de un trago su botellín de mahou y colocó el casco en un rincón de la mesa junto con otros cuatro al tiempo que con un brazo en alto hacía señas a una de las camareras para que le sirviera otro botellín más.

—¿Qué va a ser? —Me preguntó de repente.

En un principio no sabía a qué se refería, el autor es bien conocido por su carácter enigmático, pero cuando me señaló hacia los botellines que tenía vacíos entendí que me invitaba a una cerveza. Accedí con un movimiento de cabeza. Yo no suelo beber alcohol, pero no era cuestión de contrariarle negándome a una invitación.

—Dos mahous. —Dijo a la camarera— y un platico de “cacahueses”.

Con la botella en la mano decidí entrar en faena. Los olores que recibía de todas las partes de aquel hombre me incitaban a acabar la entrevista cuanto antes.

—Dicen las malas lenguas —le espeté con algo de malicia— que todo lo que describe en sus novelas (Olé mis cojones, La asurda e inqueible historia de Edelmiro Páez, Edelmiro contra el Jopux, Encuentros en la séptima fase, Reflexiones desde el retrete) Es de alguna manera autobiográfico. ¿Qué hay de cierto en esta afirmación?

—Venga, no me toques los “güevos”. —Me dijo sonriendo— ¿Y tú te crees que si fuera cierto yo te lo iba a contar?

—Bueno… yo esperaba algo de sinceridad en la respuesta… dar alguna primicia a nuestros lectores…

—Anda, acábate esa mahou que voy pidiendo otras dos. —Me dijo por toda contestación.

Por más que intentaba decirle que el alcohol y yo no éramos compatibles no pude evitar que otro botellín de cerveza apareciera como por arte de magia delante de mí, dejando una señal redonda de humedad sobre mis papeles.

—Bien —intenté continuar con la entrevista— ¿hay algún modelo que le haya servido de inspiración para imaginar esos personajes que usted imagina?

—Algo de eso hay, no te lo voy a negar —Me respondió secamente—. Pero no insistas por ahí porque entonces lo vamos a llevar mal. ¡Cathrine! —Gritó— Pon un par de mahous más.

Tras cinco botellines, a mí ya comenzaba a escapárseme de vez en cuando alguna risita floja, pero intenté mantener el tipo ante aquel extraño borrachuzo que tenía en frente. Volví a hojear por enésima vez mi trabajado guion, sin éxito todo hay que decirlo, y que acabó todo él en una batalla de bolas de papel con mi interlocutor.

*  *  *  *  *

Transcurridas cuatro horas de conversación, no sé ni cómo ni por qué, el caso es que yo apilaba ya quince botellines vacíos en mi rincón de la mesa, quince cascos que nadie se había molestado en recoger, y andaba contándole al fascinante individuo que tenía en frente cosas que jamás me había atrevido a contar a nadie. Y conste que personalmente no me acuerdo de nada. Gracias a la grabadora que aún continuaba funcionando y que fue testigo mudo, pero no sordo, del magnetismo de ese gran hombre que la providencia había tenido a bien poner en mi camino, pude recomponer aquellas sabias palabras.

Ahora supe con certeza cuál era su fuente de inspiración para crear esos personajes tan desgarradores que pueblan sus novelas, la vida misma vista a través del cristal de una botella de mahou.

—Uda hijabuda, gomo de lo digo, abigo Gándido. Bi suegda es uda veddadeda hija de buda. —Me escuché decir con mucho énfasis— Bi bujer es uda bduja gue be diene abargado todo el budo día, be diene gogido bor los güevos y bis hijos son unos gabrones gon bindas gue do be hacen ni budo gaso. ¡Berra vida esda!

—¿Gué be vas a gondar, abigo beriodisda? Balas…balas… bero gue buy balas gue son dodas —me respondió él.

Queda claro que la entrevista no se llevó a cabo ¡Ni mucho menos! por los cauces que yo había planeado, pero de ella se desprenden conclusiones increíbles sobre el magnético carácter de este gran hombre, de mi, ya para los restos, gran amigo Cándido, fantástica persona y AUTOR en mayúsculas, del que me declaro fan incondicional. Y si se me permite publicitar su obra les recomiendo lean su último libro:  ENCUENTROS EN LA SÉPTIMA FASE, un apasionante relato sobre seres de otros mundos que, posiblemente trastoque la perspectiva sobre el universo con las que el lector lo encare. Parece mentira que de semejante ser con aspecto de gañán pueda surgir tan exquisitas palabras.

Resulta una obviedad decirlo, pero por si acaso lo diré, que aquel día nos resultó imposible continuar con la entrevista formalmente.

Tras la demencial ingesta de botellines de mahou yo al menos no estaba para muchos trotes. Aunque el autor, que a las claras hacía gala de un hígado bien entrenado para soportar las más salvajes pruebas alcohólicas pues no parecía para nada afectado por semejante libación de mahous, se empeñaba en que recogiera todos los folios que componían mi guion inicial y que ahora andaban desperdigados por toda la sala, los desdoblara, los limpiara y ordenara, y volviera al principio de la entrevista. Yo tuve que reconocer que para mí resultaba una tarea totalmente imposible de realizar ¡Si apenas me mantenía en pie!

Finalmente, con cierta mueca de disgusto, el autor, al que ya me unía una especie de bonita amistad, como si el haber estado durante varias horas haciéndole confidencias sin ton ni son, poniendo a parir hasta al último mono de mi familia, nos hubiera unido de alguna manera para los restos, me acabó emplazando para volver intentarlo al día siguiente, en “C´al Manolo”, su tasca de referencia.

Cierto es que el autor no me contó en todo este tiempo ni el huevo, lo cual dice muy poco de mi profesionalidad como periodista. Fui incapaz de sonsacarle ninguna información medianamente relevante para los lectores de nuestro periódico. Con el posterior trato al escritor, pude darme cuenta de que no era un problema de mal hacer mío, sino que estaba tratando con uno de los más inteligentes personajes que como periodista jamás me echaré a la cara. Tal es la perspicacia y claridad mental de aquel que creó el singular personaje de Edelmiro Páez. ¡Qué ser tan apasionante ese Cándido Macarro!

Me congratulé de contar con una segunda oportunidad donde otros nunca tuvieron ninguna…

Al día siguiente yo me había levantado tarde y no me había presentado en la redacción del Daily Gañan´s Telegraphe. Les había puesto una buena excusa al decirles que hoy pensaba continuar con la segunda parte de la entrevista al insigne autor al que todos los medios de comunicación perseguían para conseguir unas míseras declaraciones. Yo, la verdad es que me sentía muy honrado de haber compartido kurda con el escritor y, aunque la resaca que sufría me provocaba un dolor de mocho increíble, a la hora acordada me encontraba como un clavo en “Cal Manolo”. Mientras esperaba al escritor, que esta vez tuve yo que esperarle, me tomé a palo seco un ibuprofeno con la esperanza de aliviar el concierto de tambores que retumbaba en el interior de mi cabeza…

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2 respuestas a ENTREVISTA AL REPUTADO ESCRITOR CÁNDIDO MACARRO

  1. sabiusblog dijo:

    Ha sido leer esta entrevista y me ha entrado una sed de Mahou que me voy a abrir la tercera.

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