ODA A LA HEZ

A ti, injustamente desdeñada

cual desechada inmundicia.

A ti, a quien nadie codicia,

en cuanto nace, olvidada.

Por tu sin par calidez

A ti te canto, ¡Oh hez!

 

Que me miren con espanto,

sé que es solo hipocresía.

Clara como luz de día,

quiero honrarte con mi canto.

Observa mi impavidez.

A ti te canto ¡Oh hez!

 

Habrá quien me llame puerco,

quien me tilde de gorrino.

Ante esos, de paladar fino

me sigo mostrando terco.

No aguanto la estupidez.

A ti te canto ¡Oh hez!

 

Habitaste un tiempo en mí,

cariño hecho por el roce.

¿Habrá alguien que no goce

de compaña tan sutil?

Me pasma tanta altivez.

A ti te canto ¡Oh hez!

 

Tú mi cuerpo poseíste

en mística comunión.

No hallaré mejor razón

para esta despedida triste.

¿Hablo o no con sensatez?

A ti te canto ¡Oh hez!

 

Pero pronto tú me dejas,

mi amiga, mi compañera.

Nuestra historia es pasajera

aunque no expresaré queja.

Te vas con exquisitez.

A ti te canto ¡Oh hez!

 

Una vez en este mundo

fuera de mi seno interno,

estarás en el infierno,

en un vertedero inmundo,

que te mudará la tez.

A ti te canto ¡Oh hez!

 

Estás de cuerpo presente

Y tengo que despedirme,

que amenaza con salirme

Otra hez, blanda y caliente.

Lo tuyo es testarudez,

Por eso te canto, ¡Oh hez!

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