LECCIONES DE ESCRITURA (Para los escritores que están empezando)

Perdonadme que me hay tomado esta licencia, a pesar de correr el riesgo de parecer pretencioso intentando dar lecciones de lo que no tengo ni puta idea no domino al cien por cien. Esta es una historia que, probablemente, interese a los escritores mindundi indie que comienzan ahora su singladura literaria. Tomad nota.

Tras la cena, que no ha sido copiosa para evitar una digestión adormecedora, he decidido dedicar unas horas a escribir, que hace algún tiempo que no lo hago. Y, como decía Picasso, si tiene que venir la inspiración mejor que te pille trabajando. Debe de ser por eso mismo que la muy puta  inspiración no puede verme ni en pintura, que viene como el cometa Halley, cada doscientos años. Por lo menos.

Aunque también podría ser, debo reconocerlo y ser sincero, porque soy algo vaguete, laso, perezosón, inconsistente, un poquito flojo ¡vamos!

Pero hoy me lo voy a tomar en serio. Por mis cojonesdignidad que tengo que escribir… y tengo que escribir. No hay más cáscaras. Debo trabajar si quiero llegar a la altura de Stephen o de Dan. No me quiero marcar objetivos demasiado altos en mis comienzos.

En mi despacho, ajusto el foco de la lámpara de cálida luz amelocotonada, abro mi portátil y creo un nuevo documento de Word. De momento me da un poco de mal rollo ver la pantalla de un color tan blanco y brillante. No me gusta… no sé… no inspira mucho que digamos.

Pero estoy decidido. De hoy no pasa que emborrone, es una forma de hablar, un folio en blanco. Me froto las manos para calentar. En unos minutos mis dedos van a estar corriendo sobre el teclado como alma que lleva el diablo, como apéndices veloces y creadores. Disipo mis iniciales dudas y comienzo a sentirme pletórico. Noto cómo en mi interior miles de ideas, posibles gérmenes de obras maestras, fluyen, burbujean, pugnan por ver la luz y sería una pena que la humanidad se las perdiera por mi culpa.

Espero unos segundos para que las conexiones de mi cerebro se abran y se muestren receptivas a cualquier cosa que las musas tengan a bien decirme.

Pasa un minuto, dos, tres…

Como diría la de telefónica: “Por inspiración no me viene nada, oiga”.

Y sigo en blanco. Comprendo que es el primer contacto después de un tiempo y lo peor que puedo hacer es preocuparme. Ya se sabe que el miedo lleva a la ira…

¡Coño! ¡Ya sé qué es lo que me falta!

Me levanto animoso y pizpireto y doy un viaje al frigo. Me abro un bote de cerveza. Hay veces que, al igual que el cobre tiene la capacidad de conducir electricidad, la cerveza ayuda a establecer contacto con la inspiración. Con la inspiración… con el más allá… con elefantes de colores… Versátil que es el brebaje.

Me la bebo prácticamente en un par de tragos. Tengo prisa por comenzar. Estoy nervioso, excitado, expectante. Ahora sí, ahora siento cómo los efluvios hacen burbujear mis entresijos. Ahora…

¡Mierda! Vaya eructo que se me ha escapado. He tranquilizado a mi mujer y a mis hijos que, a causa de las tremendas vibraciones, han entrado en el despacho con caras de preocupación.

Vuelvo a concentrarme en ese maravilloso mundo de posibilidades que es un documento de Word… en blanco.

Cinco minutos más a dos velas. No quiero que los nervios me atenacen pero…

Hago una nueva incursión de castigo al frigorífico y vuelvo con un bote de cerveza abierto… y otro cerrado. Es para que, todo el tiempo que me ahorro en viajes a la cocina lo pueda invertir en crear…

Hasta que no he apurado los dos botes no vuelvo a concentrarme en mi ordenador. Ahora sí que sí.

¡Vaya! Se me ha puesto la pantalla en negro.

Nuevo eructo que ya no llama la atención de mis seres queridos. Me saben creando.

Se ve que la tensión que me provoca la espera de la llegada de las musas me afecta mentalmente. Tengo la sensación de que me sobreviene un pequeño vahído. Quizás sea algo más, siento mareos y dificultad para mantener el equilibrio.

Acerco el dedo índice al teclado para reanudar la sesión pero, no sé porqué, aterriza sobre la mesa con un ligero crujido de huesos. ¡La madre que me parió, qué daño!

Pulso una tecla con otro dedo, ahora sí, con algo más de suavidad.

Me duele el puñetero dedo.

Voy al botiquín y cojo un bote de réflex para echármelo en el puto dedo.

Veo una nube de espray mentolado que se dirige hacia mis ojos.

¡Joder! Tenía el tapón apuntando justo a mi cara ¡Qué escozor, Dios!

Voy al baño a enjuagarme con agua fresquita. ¡Mierda de réflex! No veo una mierda.

Casi a tientas por mi falta de visión me voy al frigo y allí, con la puerta abierta, me chasco otro par de cervezas a ver si mitigo el sufrimiento digital (dolor de dedo) y el escozor ojal (del ojo).

Es mágica la cerveza. Ya casi no me duelen el dedo ni los ojos.

De camino al despacho vuelvo a hacer una larga y provechosa parada en el baño. Por los gritos de mi mujer deduzco que no estaba meando en la taza sino en el lavabo. ¡Coño! ya me parecía un poco alto…

El cansancio me invade. Me vuelvo a sentar  dejo caer como un pesado fardo en mi sillón de escritor, en el despacho. Mucha apariencia, sí… pero tengo que decir que los sillones de oficina de oferta del Carreful no valen una mierda. Y el respaldo que se ha ido a tomar por culo.

Para superar el disgusto me vuelvo a levantar a por otra cerveza. No sé porqué de repente me hallo frente a la puerta del armario de mi mujer con toda su ropa por el suelo. Pero por alguna razón, debe ser mi instinto de autoprotección, mi cerebro recibe sus gritos como amortiguados, lejanos… Ojalá todas sus broncas fueran así de dulces.

Vuelvo al escritorio tras pasar una vez más por el baño. Creo que tengo infección de orina porque no es normal tanto mear… En cuanto me siente frente al ordenador pido una cita para un análisis.

Me siento en el sillón y, como no tiene respaldo, me caigo hacia la parte de atrás. Por el estruendo ocasionado ya no me pregunta ni el gato, que, por cierto, me mira con cara de gilipollas. -¿Qué miras, gilipollas? -le increpo masajeándome las “lumbales”. Me ignora y se va.

Recuerdo vagamente haberme levantado del suelo y haber pisado al gato pero lo demás… es muy confuso…

No recuerdo en qué momento he perdido el conocimiento. Sé que me he despertado con la cara contra el teclado. Me duele la cabeza. Esto de querer ser escritor es bastante duro.

Al menos sé que las musas han venido a verme porque en el documento de Word ha aparecido algo escrito. Sin embargo… deben de ser musas lituanas o de más lejos, porque no entiendo nada de lo que me han hecho escribir.

¿Vosotros sí?

Esto es lo que escribí, supongo que en trance:

reohafpjádÑKCLa` afp´kadad`po akndaipj´kçád`pa´çd a+pkdñañmc+à+çaççaççaçaaaçç

 

¡Buenos escritos compañer@s!

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