EL ÚLTIMO RAMO

Sabes bien que adoro las flores y te aprovechas de ello. Por eso siempre me las has regalado al día siguiente, cuando has vuelto arrepentido y llorando,  jurándome que nunca más volverías a hacerlo.

Y yo siempre las he aceptado.

Y te he perdonado siempre, como una tonta.

En el fondo soy una ñoña porque nunca he sido capaz de resistirme a tu carita de remordimiento tras el ramo de rosas, tan grande como bestia has sido el día anterior.

¡ Pero esta vez te juro que se acabó!

¡Te lo digo yo!  Esta ha sido la última vez que me pegas, que me llamas inútil y me dices que soy la mayor mierda del mundo y que no merezco vivir. Esta ha sido la última vez que haces llorar a nuestros hijos porque pierdes el control delante de ellos. Es la última vez que les miento diciendo que papá es bueno, que no se da cuenta, que no quiere hacernos daño porque nos quiere mucho…porque eso, eso no es amor.

No.

¡Nunca más!

Esta vez sé que no va a haber flores.

En la cárcel no puedes comprarlas y yo, bajo esta fría lápida, tampoco puedo ya aceptarlas.

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