DIÁLOGO CON MI PERSONAJE

Personaje —Eres cruel conmigo, padre ¿Puedo llamarte padre?

Yo —No.

—Pero ¿por qué?

—Que seas mi personaje y hayas salido de mi imaginación no te da derecho a llamarme así. No soy tu padre, Luc.

—Encima no te cachondees, no seas cabrón.

—¿Qué quieres? Te creé precisamente para cachondearme de ti. Para hacer contigo lo que no me atrevía a hacer en la vida real, para dar rienda suelta a … mi mezquindad…

—Eso… tiene toda la pinta de ser una carencia emocional o algo. Tú no estás bien del mocho. Tus padres te han maltratado o bebían… o tú tienes un cantazo en «to» lo alto.

—Un respeto ¿eh? Que aunque no sea tu padre tengo cierta responsabilidad sobre ti. Y no solo responsabilidad. Tengo poder sobre ti. ¡Todo el poder! ja,ja,ja,ja. Si quiero puedo mandarte un rayo que te fulmine… o describirte desnudo a las dos de la mañana en Chueca… o teniendo gatillazos siempre…

—Pero…

—Que no soy tu padre. Punto. ¿Cómo tengo que decírtelo?

—Es que eres lo más parecido a un padre que podré tener en la vida.

—¡Qué puta manía! Te confesaré una cosa.

—¿Qué? Ya me tienes en ascuas…

—Verás. En mi modesta opinión, la paternidad es un signo de responsabilidad suprema ¿estás de acuerdo?

—Mmmmm… sí, claro. Normalmente ser padre implica un compromiso, un cambio de actitud. Sí. Responsabilidad lo define bien.

—Continúo con el razonamiento. Para que tú pudieras ser considerado mi hijo, tendrías que haber nacido de un acto de responsabilidad… y de amor, claro.

—Estoy de acuerdo. Continúa.

—Esto que te voy a confesar puede que te duela.

—Estoy preparado.

—No. No lo creo. Pero… ahí va: Si un hijo debe nacer de un acto amoroso de responsabilidad…

—¿Sí…?

—Un acto de voluntad y renuncia a uno mismo en favor de nuestra creación (por llamarlo de alguna manera)…

—¿Sí…?

—Tú, querido personaje de mis entretelas fuiste concebido una noche de borrachera salvaje. Cerveza, vino, mojitos, gintonics, algún porro… Tú eres el resultado de la salvaje ingesta de todo esto. El alcohol y el hachís anularon todo lo que de bueno se esperaba de mi: responsabilidad, amor, renuncia… y a partir de ahí naciste tú. Ahora ¿Vas a seguir siendo tan cansino de querer seguir llamándome padre? Ahora vas… y lo cascas, gilipollas.

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