DIARIO DE UNA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL

Cuaderno de bitácora. Lunes, 17 de Septiembre del año de nuestro señor dos mil y dieciocho.

 

El tiempo está en calma. Demasiada calma que me hace ser agorero y esperar una traicionera hostia del destino que me espabile. El ser humano, el ser humano ibérico para ser más precisos, vive por y para la fatalidad, no se atreve a ser feliz y se conforma con estar feliz de cuando en cuando. Me pregunto cuándo el puñetero destino nos hizo así ¿Será el legado de la santa inquisición? Creo que no. Creo que la cosa va, precisamente al revés, que esta santa institución nació como consecuencia de la forma de ser de los humanos ibéricos, que somos unos mezquinos con miedo (A Dios rogando y con el mazo dando).

Atrás quedó mi singladura por el mar de las vacaciones. Lo atravesé quizás con excesivas expectativas, como si fuera la primera vez que lo surcaba, ¡Iluso de mí!, como si no estuviera harto de hacer esta singladura cada año, comenzándola con mil y un planes maravillosos que a la postre siempre resultan fallidos y frustrantes.

Mis propósitos de escribir la novela definitiva, la que me haga rico y famoso, se fueron al traste con los trasnoches y las siestas continuadas e inducidas por el tinto de verano de la comida y la ginebra vespertina que se alarga al mismo tiempo que la noche. Estos han suplido cabal aunque lastimeramente lo que debía haber sido un período de tiempo productivo, provechoso, aprovechado.

Etapas introspectivas para conocerme e intimar conmigo mismo, me digo para justificarme. Pero no, nada productivo saco de dormir la mona después de comer salvajemente, sin medida. Nada saco de mi peregrinar, noche tras noche, por los garitos de moda de la costa con un gintonic en la mano, intentando, en ocasiones desesperadamente, entablar una relación esporádica con algún miembro (miembra) del sexo contrario. Sin éxito, debo decir. Al menos gratis.

Ya hace varios días que me incorporé a la bendita y saludable rutina, pero no sé qué es lo que me ocurre, mi estado mental es algo penoso…

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2 respuestas a DIARIO DE UNA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL

  1. Tranquilo, no eres el único Jajaja, un abrazo.

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