JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING (11)

Paquita & Paquita regresan de la clase de zumba y de la clase frustrada de zumbe por la calle principal del camping, la vía Apia del recinto, del paseo principal del asentamiento, por donde deambula la crema y nata de los esforzados campistas, luciendo atuendos que, quizás en otro emplazamiento, no se atreverían a lucir. Ellos en pantalón corto y sin camiseta, retando al variable tiempo meteorológico de semana santa, y luciendo orondas y cerveceras barrigas. Ellas, mallas ajustadas y camisetas top, exhibiendo blancas lorzas, no en vano los cuerpos vienen de estar cubiertos durante el periodo invernal y es su primer contacto con el incipiente sol primaveral, a pesar de los nubarrones que se ven hacia el este, amenazando con aguar alguno de los días de asueto. Es lo que tiene la semana santa, que caiga como caiga en el calendario, siempre la acaba jodiendo la lluvia.

Apenas se dirigen la palabra. Ambas se sienten, quizás, algo avergonzadas por haber estado a punto de hacer algo de lo que, sin duda, se hubieran arrepentido. En el fondo, son mujeres fieles a sus hombres a pesar de los pesares, chapadas un poco a la antigua, con una serie de principios morales que las hacen sentirse obligadas a según qué cosas. Mujeres de una pieza, alma y corazón de lo que ocurre en sus casas, que deben mantener una apariencia acallando, si en algún momento afloran, pensamientos quizás lujuriosos, tintándolos, como dios manda, del color del pecado.

Van ensimismadas en sus pensamientos, con esa sensación de haber estado a punto de caer por el precipicio, cuando comienzan a sentir voces a sus espaldas. En principio no les hacen mucho caso porque ya se sabe que un camping es un lugar ruidoso, a pesar de los guiris, donde prolifera el vocerío. Pues eso, que no le prestan demasiada atención… hasta el momento en el que les parece escuchar sus nombres. En realidad lo que escuchan cada vez más definidamente es un solo nombre:

     – Paquitaaaaas. Parad un momento ¡hombre! ¡Vaya paso que lleváis!

Ahora sí. Ahora, sabiéndose interpeladas, ambas mujeres se giran al unísono para saber quién es el que las está llamando de esa manera tan insistente.

La sorpresa de las féminas mujeres es mayúscula al percatarse de que el que viene persiguiéndolas a voces no es otro que… El profesor de zumba, que viene vestido con una camiseta de tirantas que realza la musculatura de su torso y brazos y un pantalón de chandal especialmente amplio. Paquita & Paquita no saben qué pensar… hasta que se percatan de que el pantalón del mulato está extrañamente abultado a la altura de su DVD (Aparato reproductor). No quieren, porque hay mucha gente pululando alrededor, pero no pueden evitar fijar la mirada en semejante bulto. A las dos se les escapa una risita nerviosa y una mueca de decepción que acaba truncando la risita por lo acontecido hace apenas un rato.

Sus sólidos principios morales comienzan a tambalearse seriamente. Más cuando escuchan al profesor decir:

     – Queridas, para mí ha sido una vergüenza lo que ha ocurrido hace un rato.

Las mujeres, por un momento, se temen que les vaya a caer una bronca del profesor.

     – Digo -prosigue el hombre-. que dos damas tan atractivas como vosotras no se merecen el trato que os he dispensado.

Parece que la cosa se va aclarando.

     – Y quisiera, si no os parece mal, intentarlo de nuevo. Y para garantizaros que no voy a fallar de nuevo… me he tomado dos viagras de golpe.

Ni que decir tiene que se trata de una reacción de lo más normal para un orgullo caribeño herido.

Paquita & Paquita muestran en la frente perlas de sudor provocadas por el calor que les está entrando de repente.

     Y dándose media vuelta en dirección al gimnasio, el profesor les dice:

     – Os espero en el vestuario, digamos, en cinco minutos, para guardar la mayor discreción posible.

¡A tomar por culo cualquier reticencia moralista y carca!

Al unísono, las dos mujeres se dan la vuelta dispuestas a no esperar ni los cinco minutos que les ha ofrecido el profesor. Desde algún perdido rincón del camping se escucha la banda sonora de Thelma and Louise.

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2 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING (11)

  1. rcaulier dijo:

    Imaguino que continuará

    • cmacarro dijo:

      Es la idea, ja,ja,ja. Pero si te apetece leer más historias de Juan Eulogio tengo abierta una sección en el blog. Hay muchas. Gracias por tu interés, por visitarme y por seguirme. Un abrazo.

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