CUENTO DE NAVIDAD I

Permitidme desempolvar una entrada con varios capítulos que iré desgranando en los siguientes días. Se trata de una historia navideña con todos los ingredientes para enternecer nuestros duros corazones y hacerlos retornar de este modo a la senda del espíritu navideño, sea lo que cojones quiera que sea eso. 🙂

 

CUENTO DE NAVIDAD   I

 

Todo el mundo sabe que la temporada de Navidad comienza a primeros de Noviembre. Todo el mundo sabe también que son fechas entrañables para disfrutar, para compartir, en fin, para hacernos partícipes del “Espíritu navideño” que nos embarga y nos hace ser mejores, sacar a flote lo mejor de cada corazón ¿O no?
Es esta la típica atípica historia navideña. Es probable que, a primera vista, no parezca  familiar ni hogareña. Incluso es posible que sea una historia que pudiera darse en cualquier época del año y no sólo en estas  afectivas fechas. Cabe la contingencia de que el espíritu de las navidades pasadas, presentes y futuras se haya dado por vencido y nos haya mandado a tomar por el culo, aburrido harto y desengañado de tantos intentos vanos por reconducir al ser humano. Así  que si alguien es lo suficientemente bisoño para imaginar que, como en el cuento de Dickens, aún queda una esperanza aunque sea débil, de que quede alguien capaz de mutar en buena persona impregnado de un sentimiento cordial de paz y amor a los hombres de buena voluntad, siquiera en esta época, es preferible  que no siga leyendo esto

¿O  quizás sí?

Ciudad estándar, en el extrarradio de una gran capital. Pongamos en los alrededores de Madrid, por aquello del estrés que suele respirarse en el ambiente a todas horas.
Sábado tarde. Últimos días del mes de Noviembre. Tu mujer te engaña. Bueeeeno, no tan literalmente. Tu mujer te ha engañado con el plan del sábado tarde porque te ha dicho : “Aaaanda, acompáñame al Hipersupercentrocomercial que quiero empezar a mirar los reyes”.

Los Reyes Magos, Papá Noel, Santa Klaus, San Nicolás y demás farsantes consentidos por los mayores, acordaron en el último congreso de marketing aplicado a la Navidad adelantar sus encargos a primeros de diciembre, incluso antes, aprovechando las facilidades que para ello, altruistamente, les habían proporcionado  los megacentros comerciales. Las ventas de juguetes  habían descendido estrepitosamente por la maldita crisis mundial y había que variar un tanto el enfoque comercial de las mismas.

La lista de nenes regalables es larga y comprendes lo que es evidente, o te espabilas con las compras o sólo te quedará una opción  como último y desesperado recurso : El Hiper “La Glan Mulalla” , resultón, tentador y económico, aunque ciertamente cutre. Tu mujer, está más al día que tú y reconoces que tiene razón, una vez más, en habilidades sociales y comerciales.

Y claro, cedes. Y en el momento de decir que sí es cuando empiezas a cagarla, pero ya lo has dicho así que no te puedes echar atrás. Con gran pesar por tu parte sales de casa y te diriges hacia tu coche, que por otra parte estaba escrupulosamente aparcado después de dar diez vueltas a la manzana la noche anterior en el barrio buscando a la desesperada un hueco libre,  quitándote horas de sueño y de paciencia. Pero… todo sea por la causa, por ver esas caritas de esos hijos, sobrinos y demás compromisos llenas de ilusión abriendo primero con ansiedad paquetes de regalos y después de desdén, desilusión y apatía una vez descubierto el misterio que tan celosamente encerraban.
Te encaminas pues, con tu mujer, presa de una gran excitación hacia el Hipersupercentrocomercial. Ella, sinceramente ilusionada con la perspectiva de una tarde de compras navideñas. Tú excitado, pero de un modo diferente. Es… algo más parecido a la mala leche. El ambiente prenavideño te empuja a ello.

Como los magos de oriente divisas a lo lejos la estrella de la anunciación, fabricada con miles de leds que ahorran electricidad, aunque algo te llega a confundir, pues ésta no brilla sola en la oscuridad, sino que es acompañada por miles de extrañas figuras formadas por más leds que acaban por desorientarte en tu camino al portal del centro comercial.

Justo es entonces cuando entras en la calle donde ya no puedes dar la vuelta (en todas las ciudades existe esta calle), mejor llamada punto de no retorno, te das cuenta a tu pesar de que la mitad de la población ha tenido la misma idea: Ir al Hipersupercentrocomercial, por lo que se ve a tocar los huevos. No tienes suficiente con los atascos de lunes a viernes  yendo y viniendo del trabajo, que te animas con el atasco definitivo, la madre de todos los atascos. Es el Sabatasc, el equivalente de la fiesta judía, pero en pagano y derrochando gasolina.

Te armas de paciencia, o lo intentas , porque  ¡Cómo no! a la mente preclara que diseñó el parking del centro comercial de turno no se le ocurrió (o no le resultó rentable) diseñar otro modelo de aparcamiento y pensar que estos sitios se convierten en ratoneras los fines de semana que es cuando más gente puede acudir a los mismos, cada uno en su coche pretendiendo entrar o salir del laberinto.

Además constatas que, precisamente hoy, es el día internacional de los gililelospollas, ¿que cómo? Simplemente  por la cantidad de ellos que te encuentras en el atasco.

Por fin, transcurrida una horita de frenazos, arrancadas y acelerones histéricos con riesgo de accidente para que no se te cuelen los listos del carril de al lado, para hacer tres kilómetros, tras una bronca con tu mujer, con el que está parado delante de ti hablando por el móvil, con el que está parado detrás, con uno que acaba de cruzar por delante sin preocuparse de mirar y que te ha hecho pegar un frenazo entras en el parking.

¡Por fin se acabó el atasco!

¡Que te crees tú eso! Callejeas en procesión por el aparcamiento para buscar sitio donde dejar el coche  pero está todo ocupado. ¡Joder! Te recorres por segunda vez todo el parking. Nada, ni un hueco. Cada ronda te cuesta por lo menos quince minutos. Haces una tercera ronda infructuosa y, a la cuarta vuelta, por fin, divisas una pareja previsora que, con el carro ya lleno han acabado su compra, están saliendo y se dirigen hacia su coche. Un hilo de esperanza te ilusiona y deseas con los dedos cruzados:

Que lo tengan aparcado en esta calle, que lo tengan aparcado en esta calle…

Entonces te das cuenta de que Dios existe y parece una buena persona porque al pulsar su mando a distancia se encienden las luces del coche que tienes cinco metros más adelante. Tu desasosiego inicial se disipa de repente. Te paras al lado de su coche esperando que dejen el hueco al salir con tu intermitencia encendida…

TO BE CONTINUED…

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8 respuestas a CUENTO DE NAVIDAD I

  1. torpeyvago dijo:

    Mentira cochina. Todo el mundo sabe que la Navidad comienza en agosto y termina en San Valentín, con un breve descanso en jálogüin y, ahora, en el blacfraidai.

  2. Joes, no me puedo creer que nos dejes con la incógnita de si Dios existe o no…¿qué pasa con ese hueco, queda vacío? ¿Consigue nuestro héroe atravesar las puertas giratorias del hipersupercentrocomercial y alcanzar la tierra prometida? Ay, que hoy no duermo de la tensión…

  3. El Blog de Úrsula dijo:

    👏👏👏😊😊😊
    No tienes precio, siempre me haces reír.
    Por cierto, te he dejado un comentario expresamente para ti (y a propósito del tuyo) en el Blog de María del Mar

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