Poema al aguilucho

Una de las experiencias más traumáticas con las que se puede encontrar uno en estos meses de estío y calorcito, en la que los acalorados humanos buscamos el refrigerio, cueste lo que cueste, es la que se describe a continuación en forma de poesía (por llamarlo de alguna manera).

En general suele ser algo que nos ocurre a los hombres (a algunos), que somos algo más campechanos y, por qué no decirlo, dejados. Pocas mujeres veremos de esta guisa, aunque, para ser sinceros… haberlas háylas.

 

POEMA AL AGUILUCHO

Cuánto donaire, gusto y elegancia

destilas tú, apuesto caballero,

que no compras la clase con dinero

ni te doblegas a costumbres rancias.

Ceñida camiseta de tirantas

insinuando la barriga cervecera,

caminas vanidoso por la acera

plantando firmemente tus dos plantas.

Vistes bermudas bajo la rodilla,

y con la luz que dan tus lamparones

iluminas oscuros callejones

sin necesidad de emplear bombillas.

Pero hete aquí que a cada paso

de tus finas sandalias de los chinos

-empiezo a reír y no termino

cuando rememoro tu singular caso-,

esos dedos saliendo con frescura

de tan simple y veraniego calzado,

nada mejor que el pie refrigerado

aunque esté huérfano de pedicura.

Cinco uñas como cinco medallones

sobresalen por delante de la suela

arañando el suelo cual espuela

¡Marchando una ración de mejillones!

Y si buscas en la playa un ancla buena

cuando sopla levante y te da miedo,

sólo has de doblar los cinco dedos

y hundir tus negras uñas en la arena.

Asegurado en el suelo de esta guisa

no podrá moverte ni un tornado

que lo intente por el frente o por el lado.

Mira, galán, que no es cosa de risa.

Y a ti, lector que ser prudente sueles,

ahora que sonríes condescendiente,

harías bien en inclinar la frente

para echarle un vistazo a tus pinreles.

No sea que llegue a sorprenderte mucho

oír alguna afrenta por la calle,

porque quien te mire sin duda te halle

un digno descendiente de aguiluchos.

 

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11 respuestas a Poema al aguilucho

  1. antoncaes dijo:

    Jajaja. Eres un caso, menos mal que por estas tierras extremeñas, nos pulimos las uñas con las piedras, mientras aramos los campos en la primavera, para tomates o maíz o cualquier otro grano que del calcio necesite para crecer y al paso limarnos las uñas de los pies.
    Saludos amigo

  2. torpeyvago dijo:

    ¿Y si aparece un oso de repente y te tienes que subir a un mangle a toda leche, apoyándote en las denostadas garras de los pinrreles? ¿A que ya no parece tan mala idea, aunque la renegrida color le dé un aspecto breoso, de cadáver putrefacto? Sí, puede parecer raro ver a un oso en un manglar y que además estés tú, que sólo te mueves de casa a la taberna y de taberna a casa por un trayecto de veinte metros de hormigón y asfalto. Pero ¿y si sí?

  3. ¡Jajaja! que visión . Un abrazo.

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