JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… ROMA Y IV

Por fin, la familia de Juan Eulogio al completo está en condiciones de bajar al comedor del hotel a cenar. Eso sí, a la cucaracha la llevan en un carrito, atada de pies y manos y con una máscara que le cubre la cara, para que no muerda. Es la viva imagen de Aníbal Lecter en El silencio de los corderos, solo que en este caso la película se hubiera titulado El silencio de las borregas.

Tras hacerle prometer cuarenta y cinco veces que no va a volverla a liar, la cucaracha es puesta en libertad y ¡dioses! Espera en su sitio a que un camarero le llene el plato de sopa minestrone y ¡se lo comienza a tomar con mesura y educación!

Paquita no puede concebir semejante sensatez en su madre a la hora de comer y mira interrogante a Juan Eulogio que, aunque conoce el motivo del cambio de actitud de su suegra, no está dispuesto a revelárselo a su costilla por no llevarse la bronca y que se le ponga en modo escuerzo. Al fin y al cabo es su madre.

La realidad es que Juan Eulogio ha preguntado a uno de los empleados jóvenes del hotel dónde podía conseguir marihuana y este le ha dicho que en la parte trasera del hotel hay algo de trapicheo. Para allá se ha ido Juan Eulogio y ha comprado un poco con fines terapéuticos (para que a él no le dé un infarto por el estrés causado por la vieja). En fin, que bajo la amenaza de tenerla amarrada los días de vacaciones y, sobre todo, lo que más efecto ha hecho, de no darle de comer,  la ha obligado a fumarse un porro de maría enterito. Y esta es la razón del comedido comportamiento a la mesa de la Cucaracha. Su hija, Paquita, sospecha… pero no se le ocurre preguntar, ¿para qué enturbiar semejante momento de paz?

Mientras cenan han visto a través de la puerta del comedor, desde donde se ve el mostrador de recepción, cómo entraba un grupo de diez policías que preguntaban algo al recepcionista y a continuación este señalaba con el dedo hacia el grupo de excursionistas españoles.

Acto seguido la policía ha interrumpido la cena de los comensales y ha comenzado a registrar los bolsos de las señoras. No ha transcurrido un minuto cuando uno de ellos, con una piedra del Coliseo en la mano ha llamado la atención de sus compañeros:

—Ho trovato l’autore del sabotaggio del Colosseo. (He encontrado al autor del sabotaje al Coliseo) E ‘stato questa vecchia puttana (Ha sido esta entrañable anciana, cosa harto inexplicable). Y como han venido se van, pero llevándose esposada a Gertrudis, una viejecita afable, católica, apostólica, romana y de derechas, campeona del barrio de ganchillo, a la que sus hijas habían convencido para apuntarse a la excursión y conocer el Vaticano, donde vive el Papa. Todo ello ante el estupor del respetable que pasándose la presunción de inocencia por el forro, comienza a criticarla apenas ha salido por la puerta. ¡Qué crueldad rezumamos a veces los ibéricos!Juan Eulogio, con un sexto sentido, el sentido de aguantar cabrones, mira cómo Elyónatan y Layésica se están dando codazos y descojonándose vivos. El padre, por supuesto, sospecha de ellos, pero quiere un viaje tranquilo y se hace el sueco por la cuenta que les tiene a todos. Aunque sería ilegal, se arrepiente un poco de no haber hecho con los niños lo mismo que con su suegra. El día siguiente se prevee  intenso.Primero visita al Vaticano. Tras desayunarse sin incidencias, Juan Eulogio y familia, Cucaracha incluida, son los primeros en subirse al autobús que los va a llevar a la plaza de San Pedro ¡Memorable!. El guión del día anterior se repite: Visita guiada con cierta prisa, explicaciones de carrerilla, escapada de Elyónatan y Layésica, que se meten por una puerta camuflada en la capilla Sixtina, histeria de Juan Eulogio y Paquita, tranquilidad relativa al descubrilos en el corredor que hay casi en el techo, cerca de las famosas pinturas. Nadie parece darse cuenta. De repente, en un visto y no visto, en la capilla Sixtina, la joya de la pintura del Renacimiento, aparece un grafiti firmado, ingeniudad infantil, por Elyónatan. A Juan Eulogio le dan los siete males, pero respira aliviado al comprobar que sus vástagos han desaparecido de la escena del crimen. Cuando el público se da cuenta del atentado todo el mundo se echa las manos a la cabeza completamente horrorizado.     —¡Satana è stato qui! —gritan los eruditos italianos, quen o encuentran otra explicación al desaguisado.Juan Eulogio y Paquita saben, pero prefieren no saber y prosiguen con la visita. De repente se les acerca una pareja de soldados de la guardia suiza cada uno con uno de los niños de la mano, y entregan un librito al matrimonio. Desde una ventana el mismísimo papa parece saludarlos. No, no los saluda, está haciendo gestos con la mano para que se vayan, para que se alejen de allí rápido, al mismo tiempo no para de presignarse. Juan Eulogio, por curiosidad, echa un vistazo al título del libro  que le han entregado los soldados junto con sus hijos. Es un texto cuya cabecera reza: “Manuale di esorcismo”.La visita a la ciudad discurre frenética por los cientos de monumentos e iglesias que pueblan el centro de Roma. La Cucaracha, a duras penas sigue al grupo. Está roja como un tomate. A ver si revienta —piensa Juan Eulogio—. De repente, en la Piazza Navona pasan por un puesto donde alquilan Segways, esa especie de patinete eléctrico de dos ruedas y un manillar que sirven para moverse sin caminar. Juan Eulogio alquila uno de los aparatos para su suegra. Paquita agradece el detalle porque a su madre le va a dar algo. Juan Eulogio asiente complacido aunque su esperanza es que la Cucaracha se rompa la cabeza con el artilugio. Inexplicablemente devido a su volumen y peso, la “señá” Virtudes consigue subirse al aparato, que cruje siniestramente, pero es un artilugio fabricado en Italia y tiene cierta calidad. La cucaracha no es muy amiga de la tecnología y sin darse cuenta aprieta el acelerador. El aparato sale disparado a toda velocidad y cruza la Piazza en un santiamén llevándose por delante a dos grupos de turistas chinos e incorporándose al intenso tráfico de una calle aledaña pero ¡En sentido contrario! Uno de los chicos que están en el puesto sale a la caza de la Cucaracha y la encuentra a varias manzanas estrellada contra un conche de la policía. Ella está bien, sus muchas grasas han amortiguado el golpe. Mientras el propietario del aparato rellena el parte del seguro con el policía y firma la denuncia, Paquita, que ha ido corriendo tras los segways, engancha de la mano a su madre y tira de ella, camuflándose entre el gentío y desoyendo los desgarradores gritos del dueño del aparato siniestrado, que acaba de arruinarse.Tras una larga caminata, la familia se reune con el grupo en la fontana di Trevi. Juan Eulogio se acerca a una pizzería a comprar unas porciones de pizza, pues es la hora de comer, y cuando vuelve…Paquita está gritando histérica a los niños y a su madre. El público se arremolina para disfrutar del espectáculo. La “señá” Virtudes está refrescándose los pinreles sudorosos dentro del agua. De sus manoletinas, colocadas en el borde de la fontana se desprende un nauseabundo olor a pies. Elyónatan está metido hasta la cintura en la fuente y se lanza a bucear cada poco tiempo. Ya tiene una bolsa de Mercadona llena de monedas. Layésica en el otro extremo se entretiene echando lavavajillas al agua y jugando con la montaña de espuma que se está formando.A lo lejos se escuchan las sirenas de la policía… Custodiados por cuatro fornidos agentes de inmigración Juan Eulogio y familia, todos esposados, se suben al avión que los deportará de vuelta a España. Una vez sentados en sus asientos, uno de los policías les quita las esposas y se asegura de que el avión cierra sus puertas con ellos dentro. Previamente les ha dado a cada uno un diploma que reza:“Persona non grata en Italia!Las vacaciones truncadas, varias multas abonadas, la vergüenza pasada…Mientras el avión toma la pista de despegue, Juan Eulogio no puede evitar murmurar entre dientes:     —¡Mierda de Roma!, ¡Mierda de familia! ¡Mierda… de vida!

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3 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… ROMA Y IV

  1. antoncaes dijo:

    No se porque me suponía como sería el final, eres muy previsible. 😉
    ¡Mierda de Roma!, ¡Mierda de familia! ¡Mierda… de vida!
    Merda di Roma, merda, porca miseria.

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