JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… LA SEMANA SANTA DE VILLARPARDILLO DE LA COCHIQUERA Capítulo 2

—Pues sí, como te cuento, más puta y barriobajera no creo yo que haya otra suegra en el mundo —comenta Juan Eulogio con la voz algo pastosa—. ¿Y las hermanas? De las tres… a cuál más puerca, más vieja… y más gorda.

Juan Eulogio, acodado en la barra de uno de los bares del pueblo, el que está en la plaza, frente al ayuntamiento, habla con un señor de pantalón de pana gorda, camisa de felpa a cuadros, camiseta interior que asoma amarillenta por la pechera y que se toca con una boina de invierno, desde la que le escurren varios hilillos de sudor pues amén de la elevada concurrencia del local, es que han salido unos días de bastante calor.

El hombre le mira, con la mirada un tanto perdida, como si en realidad no viera a Juan Eulogio. En realidad ni le ve… ni le conoce. Juan Eulogio, después de tomarse quince o veinte chatos se pone a hablar con cualquiera que se coloque a su lado en la barra.

     —A más ver —saluda con educación el de la boina tras apurar su blancogás.

Juan Eulogio mira entonces su reloj.

     —¡Las cinco y media! ¡Joder! Cómo pasa el tiempo cuando uno se encuentra entre amigos.

El que no se consuela es porque no quiere. La razón de que a las cinco y media de la tarde Juan Eulogio esté medio perjudicado en aquel bar, es más que querer estar allí, no querer estar en otro sitio. Y ha ido retrasando la hora de recogerse hasta el punto en el que actualmente se encuentra. El caso es que Paquita no le ha llamado al móvil para decirle que vaya a comer. Es extraño. Y puede ser bueno… o no tan bueno.

Con paso un tanto impreciso se dirige de nuevo a la madriguera de las cucarachas, a la sazón su hogar dulce hogar estos días. A ver qué excusa se inventa para que no le caiga la primera bronca de su mujer.

Tras varios intentos de abrir la puerta con una llave que le ha dado Paquita, lo primero que piensa es que las tres marías han cambiado la cerradura para joderle. Después, tras respirar profundamente un par de veces, prueba de nuevo y ¡bingo! Todo era culpa de la falta de coordinación entre su cerebro y su mano.

Abre la puerta despacio para no armar mucho follón. Dentro no se oye nada, ni siquiera sus pequeños salvajes, a los que siempre se les escucha en cualquier momento y lugar.

Cuanto menos… extraño.

Paquita tampoco se ha acercado a la puerta a cantarle las cuarenta por venir tarde y borracho.

Ni siquiera escucha el habitual rebuznar de aquellas tres mulas vestidas de luto.

Juan Eulogio avanza hacia la cocina por el oscuro pasillo, cada vez más mosqueado. Se pregunta qué puede haber pasado.

Al entrar en la cocina observa, al lado de un trozo de pan con algo de moho, un plato en la mesa cubierto por una capa de color negro entre la que aparece algún que otro garbanzo. Casi vomita al darse cuenta de que son moscas, y que debajo hay un poco de potaje. Y debajo del plato, una nota.

“Cari, nos vamos a la procesión, come tranquilo. Aquí te dejo un poco del potaje que han hecho mis titas, tapado con una servilleta, que hay muchas moscas. Yo me voy antes, que quiero visitar a una amiga, luego me encontraré con mi madre y mis tías, que se van a echar un ratito a la siesta. Un beso. Sé bueno. Paquita”

Tras la visión del plato Juan Eulogio saca varias conclusiones:

Una, que Paquita no está enfadada con él, pues no es consciente de su tardanza, lo cual le alivia un tanto. Cuando ella ha escrito la nota no debía de ser muy tarde.

Dos, que alguien ha quitado la servilleta de encima del plato para que se coman las moscas el potaje.

Tres, que alguien le ha cambiado el delicioso pan del día por algún mendrugo mohoso de los que se guardan para echar a las gallinas.

Cuatro, que se le empieza a pasar la moña y le invade el asco.

Cinco, que en esa casa, cuanto más vieja… más puta se es. Porque las artífices del desaguisado no pueden ser otras que las cucarachas sister ¡Cabronas! Demostrado le queda una vez más que no le quieren bien ¡Qué asco de familia política!

Juan Eulogio aplaca su hambre comiéndose un chorizo de los que cuelgan al lado de la chimenea y que las viejas guardan para después de la semana santa.

     —¡Que se jodan! —dice mientras pasa el trago con media botella de mistela que las mujeres guardan para sus partidas de chinchón.

Ahora Juan Eulogio se mea. Claro, tantos vinos es lo que tienen, que han de salir del cuerpo en un momento dado. Se levanta de la mesa, donde se está poniendo hasta arriba de chorizo, pero en lugar de dirigirse al baño o, en su defecto al corral, sube las escaleras y se mete en la habitaciones de las cucarachas, una por una, repitiendo la misma operación: Saca las zapatillas de estar por casa y las rocía con un buen chorro. Después abre el cajón de las mesillas, donde guardan la ropa interior. A Juan Eulogio le provoca un escalofrío la visión de aquellas bragas color carne, como tiendas de campaña, esos sujetadores que más parecen alforjas de burra, porque las prendas son como alforjas… y las dueñas son como burras. Y las fajas, que bien hubieran podido reforzar el sitio de Numancia. Con una sonrisa de medio lado en la boca, Juan Eulogio mea los cajones de la ropa interior de las tres hermanas. El último chorrito le sirve para llenar los vasos de las respectivas dentaduras postizas…

Y se queda a gusto por muchísimas razones.

¡Se siente bien! No sabe cómo acabará la semana santa, es imposible saberlo,  pero lo que sí sabe es… ¡que empieza de puta madre!

Riendo abiertamente  grita:

¡Bendita semana santa! ¡Benditos chatos de vino! ¡Bendita… vida!

 

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7 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… LA SEMANA SANTA DE VILLARPARDILLO DE LA COCHIQUERA Capítulo 2

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  2. torpeyvago dijo:

    Bueno, que no cante victoria, que resultará que el que está en el bar es, cuando menos, primo, que eso ya me ha pasado a mí, que lo sepas.
    Y lo del «blancogás», sublime, ¡qué otra cosa podría decir yo! Y ya puestos, del resto del menú del día.
    Quedando espero las consecuencias de la meada, que creo que serán tremendas para el pobre Juan Eulogio y su nefanda familia política, jiajiajiajiá.

  3. segunpico dijo:

    Amado Juan Eulogio 😂😂❤👏👏👏

  4. segunpico dijo:

    Me parto el c… de risa por eso lo amo. Así que no importa que la providencia no lo ame jajaja

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