JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… LA SEMANA SANTA DE VILLARPARDILLO DE LA COCHIQUERA Capítulo 1

Y otra vez es semana santa. Y ya ha pasado otro año ¡Manda huevos! cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando…

Aparte del misterio misterioso de que cada año la semana santa cae en unas fechas diferentes, cosa que Juan Eulogio no ha conseguido explicarse aunque es consciente de que tiene una explicación por muy retorcida que sea, está la incongruencia de llamarlo semana y además santa, cuando lo normal es que tenga cuatro o cinco días de fiesta, que el fervor religioso va por comunidades autónomas, y que el españolito la espera para dedicarse a ocupaciones que no tienen nada de santas, como ir a la playa o al monte, hartarse de comer, de beber, de intentar fornicar, de intentarlo, no de hacerlo, quede claro, que son fechas para el recogimiento (creo)… en fin, esas licencias que todos nos permitimos durante los días de asueto, sean cristianos o paganos. Vamos, que la semana santa ni es semana… ni es santa. En muchos casos, vamos a decir.

Juan Eulogio, a petición de Paquita, su santa, su costilla, su… compañera de viaje en este valle de lágrimas, ha preparado a conciencia el viaje, el jueves santo por la mañana (no le ha quedado otro remedio por motivos de trabajo), a Villarpardillo de la Cochiquera, una desconocida población con cierta entidad y presupuesto, situada en la provincia de… de… bueno, mejor no divulgarlo, que luego se llena todo de turistas que no respetan nada y lo ponen todo hecho una porquería.

 Villarpardillo de la Cochiquera es, y este es el dato que nos interesa ahora, el pueblo del que es oriunda la oronda “señá” Virtudes, la madre de Paquita y madre política de Juan Eulogio, a la que él con cierto gracejo impregnado de mala leche, llama familiarmente La Cucaracha. Bien es verdad que el mote se lo llama en la intimidad, cuando ni ella, ni su hija están presentes, en aras de conservar su integridad física.

Juan Eulogio asume que ir al pueblo de la cucaracha, aunque sea una actividad que él disfrute porque suele salir de parranda con los amigos que allí tiene, implica que, sí o sí, ha de llevar adosado a su chepa al insecto de la familia de los blatodeos que es su suegra. Pero si a estas alturas de la película no está concienciado de que la mujer es un apéndice canceroso de él mismo, apaga y vámonos.

Como es semana santa, tiempo de procesiones, la primera de todas, la procesión del santísimo conductor doliente, Juan Eulogio se la come, como está mandado, junto con los otros seis millones de conductores que han tenido la misma idea que él, la de salir a la carretera buscando un utópico lugar de sosiego y descanso que en la realidad no existe, pues cualquier destino posible para estos días de vacaciones, está masificado como si fuera lunes por la mañana en cualquier carretera atascada de acceso a Madrid y lleno de petardos y petardas que llenan calles y restaurantes, con los que, como es lógico, no nos identificamos. Lo nuestro es otra cosa, claro. Otra cosa mejor, más digna y mejor planificada.

El viaje no es excesivamente largo, alrededor de doscientos kilómetros, pero no deja de ser un vía crucis por lo penoso, porque a las penurias propias de un viaje en uno de los días “d” de la semana santa, Juan Eulogio tiene que sumarle las penurias habituales que le provoca su querida familia.

Elyónatan y Layésica han decidido matar el aburrimiento provocado por las largas horas de arrancadas y acelerones gritando y dándose de hostias, y luego gritando más. De nada valen los gritos de Juan Eulogio que se ve estampado contra el coche de delante si sigue pendiente de sus adorables vástagos.

Paquita pasa de todo y se duerme. Vale, todo aguantable. Todo excepto su suegra, que ya es sabido que con el vaivén de las curvas se marea y acaba vomitando los huevos fritos con chorizo del desayuno sobre la tapicería. La muy puta prefiere echar las culpas a la mala conducción de su yerno y no a la grasienta ingesta para comenzar el día, que puede haberle dañado la “visícula”. Además, con el ronroneo del motor del coche siempre se le acaban hinchando las tripas, nadie ha conseguido dar una explicación científica a este fenómeno, y no tiene mejor forma de deshincharlas que soltando sordos y traicioneros cuescos que, por alguna incongruente razón cósmica, se suelen ir al rincón que ocupa Juan Eulogio tras el volante. Si este hombre no es beatificado nada más morirse significará que no hay justicia divina.

Pero todo lo bueno acaba y, al igual que todo lo bueno, también todo lo malo, y la familia hace su aterrizaje, tras varias horas de angustia caravanil, en Villarpardillo de la Cochiquera, localidad que los recibe sobriamente engalanada para vivir la pasión de la semana santa de una forma harto profunda y religiosa. Esta fiesta está declarada de interés turístico comarcal y el ayuntamiento intenta explotarlo convenientemente.

Aparcan frente al domicilio familiar de la “señá” Virtudes, a la sazón lugar de hospedaje para estos días,  donde ya les esperan sus dos hermanas, de luto riguroso y entradas de carnes como su suegra. Quizás el hambre de la posguerra las acabó volviendo glotonas y triperas. A Juan Eulogio, la visión de las tres mujeres abrazándose y dándose besos que llenan de babas las caras de todo lo que sus bocas tocan le sugieren más bien una infestación de cucacarachas, quizás un congreso de ratas… Resignado y dispuesto a lavarse después la cara , espera su turno para el besuqueo, sabiendo que será el último de la lista familiar, que es saludada en orden de afinidad. Es evidente que esa familia, esa banda, ese jauría, esa manada… no quiere bien a Juan Eulogio, aunque a él tres cojones se le importa. El sentimiento es mutuo. Por él pueden empezar a desfilar las tres arpías, le da igual en qué orden, hacia el lugar donde reposan para siempre los callados.

Cerrando la puerta de la calle por fuera dice en voz baja:

     —Ahí os quedáis, panda de meretrices gonorreicas.

Apenas ha tenido tiempo de tomar conciencia de su perra suerte y ya se le escapa un comentario de entre los dientes:

     —¡Mierda de cucarachas! ¡Mierda de semana santa! ¡Mierda… de vida!

Y se va a la plaza, donde espera encontrar a algún conocido con el que tomarse unos vinos terapéuticos, inhibidores del asco.

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11 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… LA SEMANA SANTA DE VILLARPARDILLO DE LA COCHIQUERA Capítulo 1

  1. antoncaes dijo:

    Que calvario tiene este hombre, la penitencia es chica, la grande, la cucaracha. 😉 Vive en permanente crucifixión y ni flagelándose consigue la salvación eterna.
    PD: Me ha salido la vena religiosa. 🙂

  2. Le doy la razón a Juan Eulogio, a mi también me desconcierta que la Semana Santa caiga cada vez en una fecha distinta , es como si cogieras la navidad ( agarraras para los del otro lado del mundo) y la pusieras en enero porque sí, sin más ni más.
    Me enternece el pobre Juan, to’le pasa al pobrecico jajaja

  3. torpeyvago dijo:

    Curiosa la Hermandad del Conductor Doliente. Con más pasos que penitentes, hace cada puente su particular via crucis lleno de paradas a mear de manera intempestiva, a limpiar vómitos o a tomar café en el bar de carretera más infecto y aglomerado que se ha podido encontrar —y mira que había casi trescientos quilómetros donde elegir—. Todas las estaciones, todas, cargados con la cruz de la familia política. Él, conductor, con su suegra y el novio caradura de su hija, ella, conductora, con un «cuñao» pedante y machista que lo sabe todo. Y si dijeras que el final del camino es para descansar… Pero no, el peor de los tormentos está al llegar.
    Sin embargo, vamos a dejar la intriga para que el Señor Macarro nos termine de desvelar tamaño acontecimiento.

  4. A Juan Eulogio le podrian preguntar lo del anuncio “¿TE GUSTA CONDUCIR?” A ver que dice ! Menos mal que conoce el vino…….
    Saludos !

  5. Poli Impelli dijo:

    Juan Eulogio DEBE ser beatificado.
    Y veo que la “Semana Santa” es igual en todos lados, de “santa” tiene poco y sobran Juanes Eulogios a patadas, jajaja. 😉

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