UN APERITIVO… DE LUNA NEGRA

…Una vez acabada la cena, antes de irse a acostar, Jorge atacó su pipa. Marta frunció el ceño porque no aprobaba que su marido fumara pero ¿qué sería de un “lobo de mar” sin su cachimba? se excusaba siempre él. Y le dejó hacer. El aire se llenó del delicioso olor del aromático tabaco.

Ella, por su parte desvió la mirada hacia la negrura del horizonte volviendo a zambullirse en sus pensamientos. El espumoso comenzaba hacer efecto, envolviendo su cabeza en un agradable sopor y bostezó sonoramente.

De repente, la mujer, contempló un fogonazo a muy baja altura.

—Esa estrella ha caído muy cerca del agua —comentó en voz alta, y dispuso su habitual letanía.

Era realmente extraño ver una estrella fugaz a tan baja altura, más bien imposible. Los meteoritos que las provocaban solían desintegrarse dejando una estela de fuego muchos kilómetros más arriba. Jorge se guardó el pensamiento para sí y no comentó nada con su mujer. No había necesidad de angustiarla inútilmente, pero estaba seguro de que aquello que acababan de presenciar había sido producido mucho más cerca y no había sido una estrella fugaz. Eso le había quedado muy claro.

Procurando que Marta no se diera cuenta, se puso en guardia intentando escudriñar disimuladamente más allá de la profunda oscuridad que les rodeaba y que por momentos iba transformando su romanticismo en algo más inquietante.

Una segunda luz volvió a iluminar fugazmente el mismo lugar en que habían observado la primera y también, como esta, se apagó en décimas de segundo.

A Jorge no le sorprendió aquello y esta vez sí compartió su inquietud con Marta.

—Esas luces no son estrellas fugaces.

Al cabo de un minuto aproximadamente, desde tierra, quizás a un par de kilómetros hacia el sur del lugar donde tenían la casa, aunque era difícil determinarlo con total exactitud en la oscuridad, pudieron ver el resplandor de dos fogonazos consecutivos, similares a los que acababan de ver mar adentro.

Era más que evidente que las estrellas fugaces no eran tales, sino algún tipo de señal provocada expresamente por alguien que, amparado en la oscuridad del mar, se comunicaba con la costa. ¿La razón? La ignoraban.

Jorge, a pesar de conocer de sobra las normas marítimas sobre el alumbrado a bordo de una embarcación, un punto escamado y movido por un elemental sentido de la precaución, desconectó todas las luces de cubierta y sopló las velas que se apagaron con un ligero hilo de humo elevándose por encima de ellos, hacia el negro cielo…

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LUNA NEGRA  En Amazón.

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