CONVERSACIONES CON EDELMIRO III

CONVERSACIONES CON EDELMIRO II

Si no te he entendido mal –me dijo volviendo al tema que estábamos tratando antes de la interrupción involuntaria de aquella chica—tú has sido el que ha regido los designios que han dirigido mi vida hasta ahora ¿No es así?

A veces, incluso a mí me sorprendía su agudeza. Lástima que no la utilizara a menudo.

     —Sí, Edelmiro. Tengo que reconocer que así es.

     — O sea… que todas las desgracias que llevo padecidas, las humillaciones, los mamporros y coscorrones… te los debo a ti.

     —Compréndeme Edelmiro, solo eras un personaje de ficción y yo tu creador ¿Qué querías que hiciera?

     —Hombre  —se puso serio—, pues que podías haberte cortado un poquito con ciertas cosas.

     —¿Cómo cuáles?

     —Pues así, a bote pronto, se me viene a la cabeza el episodio de los osos amorosos ¿Lo recuerdas?

     —¿Cómo no recordarlo? —no pude evitar que se me escapara una sonrisilla maliciosa que sentó a mi partenair como una patada en los mismísimos.

     —Entonces… eso quiere decir… que si no soy virgen… es por tu culpa ¿verdad?

     —Mi culpa, mi culpa… Bueno sí, de algún modo es verdad.

     —¡Pero qué hijo de puta eres! —me dijo elevando de nuevo la voz y recordando con toda seguridad el mal rato que debió pasar en aquel club de osos.

El bullicio en el bar se apagó de repente. Todos nos miraban a la espera de que se produjera la tragedia que se adivinaba escuchando las palabras del segoviano.

Debido a su violenta reacción, por un momento pensé que se iba a levantar a darme una hostia y ya me estaba arrepintiendo de haberle imaginado de sangre tan caliente. Nuevamente mi personaje me sorprendió actuando con una calma que ni yo mismo tenía.

     —¿Y aquellos malos ratos en el camping…?

     —Idea mía también. Lo siento.

     —¿Qué lo sientes? ¿Qué lo sientes, pedazo de cabrón? —Con qué velocidad se excitaba aquel hombre— Eso es lo que deberías, sentir lo que yo he sentido en cada momento en que me has retorcido en tus manos.

     —Tío —le dije—, ¿Es que no comprendes que eres un personaje de ficción? ¿Que, en realidad, no existes?

     —Pues… si no existo… ¿qué cojones hacemos hablando ahora mismo tú y yo?

Reconozco que ahí me pilló con el paso cambiado. Tenía toda la razón.

     —Sí, eso mismo me estoy preguntando yo —dudé—. Te he inventado, has salido de mi cabeza, eres porque yo he querido… pero no sé por qué narices estoy hablando contigo en este momento. Esto no debería estar pasando, es físicamente imposible. Quizás sea porque me estoy volviendo loco, quizás porque ya lo estuviera.

     —Muy centrado no andas —me dijo muy seguro de sus palabras—. Para llegar a esa conclusión no hay que ser muy inteligente.

Estaba claro que si Edelmiro había llegado a esa conclusión era porque no precisaba de un razonamiento complicado. Si no… ¿de qué?

     ¿Sería verdad que se me estaba yendo la cabeza o era simplemente el influjo de tanta cerveza? Debo reconocer que era un poco absurda la situación, pero ahí estaba yo, teniendo una conversación con mi personaje.  Al final me dejé llevar. En la vida a veces ocurren cosas que no tienen explicación racional. Y esta era una de ellas. Quizás en algún momento me despertaría en mi casa y me daría cuenta de que todo había sido un mal sueño.

     —Espero —continuaba con sus reproches— que al menos aquello te proporcionara mucho éxito entre tus lectores., aunque fuera a mi costa. Y, por cierto ¿Por qué me lo hiciste pasar tan mal con aquel fantasma mal encarado y peor intencionado? ¿Es que te hacía falta hacerme sufrir como lo hiciste?

Reconozco que aquella pregunta me pilló desprevenido. Decidí no mentirle. Era un personaje de ficción, pero parecía haber desarrollado unas emociones que ni por asomo yo le había dado.

     —Edelmiro, perdóname. En aquel momento ni se me pasaba por la cabeza que un personaje de novela pudiera tener sentimientos. Solo me aproveché, un tanto mezquinamente, tengo que reconocer, de ti. Pero ¿Qué querías? Yo te estaba inventando en aquellos momentos ¿Cómo iba a pensar…? Y menos que algún día iba a estar contigo como estamos hoy, tomando unas cervezas y hablando de la vida. Me cegó el ansia por conseguir el éxito y alcanzar la fama, hacerme rico a tu costa, cosas que por cierto, debo confesar que no he conseguido.

No sé si me comprendió del todo. Pidió otra Mahou ya con media lengua de trapo.

     —Creo que ya no deberías de beber, más –le dije.

     — Tú me hiciste un borracho. ¿Por qué te preocupas ahora por mí?

     —Tienes razón, amigo. ¿Puedo llamarte amigo? En el fondo hay en ti mucho de mí, así que te comprendo mejor de lo que te imaginas. ¡Venga esa cerveza, Edelmiro! –dije, lanzándome al ruedo, intentado empatizar con él.

 

EDELMIRO 3.0: SODOMA Y GOMORRA  

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5 respuestas a CONVERSACIONES CON EDELMIRO III

  1. antoncaes dijo:

    Hay que tener cuidado con lo que inventamos y llevamos al papel que luego mira lo que pasa, son unos desagradecidos, los das la vida, la fama y te hacen cardar la lana. 😉

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