CONVERSACIONES CON EDELMIRO II

CONVERSACIONES CON EDELMIRO I

 —Pero ¿Cómo puedes ser tan finolis y tan redicho? –me espetó Edelmiro moviendo incesantemente un palillo entre sus amarillentos dientes.

—No soy redicho —Repliqué algo molesto por la insinuación de mi creación—.  ¿Cómo puedes rebelarte contra mí de esta manera? ¿Sabes que si yo no me hubiera fumado aquel porro tú no habrías nacido?

Edelmiro pareció rumiar mis palabras. Tras varios minutos intentando comprender qué narices era lo que yo había querido decirle, se tensó en la silla y se rascó el culo metiendo la mano por debajo de sus calzoncillos castellanos. Yo, como autor que había creado al personaje sabía que este gesto le ayudaba a concentrarse cuando la marejada se desataba en su básico cerebro.

—¿Quieres decir que…? —preguntó algo indeciso al fin.

—Desde luego, querido Edelmiro, ahora eres famoso, mucha gente ha leído tus aventuras, se ha reído con ellas, pero tienes que ser consciente de que solo eres producto de mi calenturienta imaginación.

Hacía calor y Edelmiro lucía unos grandes rodales de sudor en su camiseta de tirantas Abanderado, que en alguna ocasión había sido blanca. Se quitó por un instante el sombrero de paja con el que se tocaba y se abanicó con él durante un rato. El aire que movía con el sombrero llegaba a las mesas cercanas del bar donde nos encontrábamos llevando hacia los demás clientes sus efluvios montunos. Había que reconocer que aunque era un gañán que se hacía querer, se dejaba un poco en cuestiones de aseo.

—Deberías darte una ducha  –Le comenté como quien no quiere la cosa, viendo las caras de circunstancias que ponían los clientes del bar que se encontraban más cerca de nosotros.

—¡No me jodas con estas zarandajas! Ya me duché la semana pasada. El hombre tiene que oler… a hombre.

—Si tú lo dices… Paquita ¿No se queja de tu falta de higiene?

—Paquita es una hembra muy hembra  –Dijo Edelmiro ofendido levantando un poco la voz—. Ella me quiere como soy, y este olorcillo que parece molestar tanto a estos finolis… a ella le pone como una perra. Como a mí sus olores a pescado…

Me negué a continuar imaginándome la escena. Por no vomitar más que nada. En cierto modo me avergonzaba de haber creado un gañán como aquel. Pero… el mal estaba ya hecho. Edelmiro tenía vida propia y presumía de las “virtudes” que yo le había otorgado únicamente para causar risa y divertimento en los lectores. ¡Y Edelmiro estaba orgulloso de ello! ¡Manda cojones! Esto de ser escritor entraña más responsabilidad de lo que en un principio me había parecido. Si lo sé, igual me hubiera metido la mano en el culito antes de ponerme a describir gañanes…

Edelmiro tardaba siempre un buen rato en reaccionar a los mensajes, sobre todo si tenían cierto fondo como aquel. Si lo sabré yo que lo creé así, un poquito corto de entendederas, todo en aras de un supuesto sentido del humor.

 Yo estaba seguro de que le estaba dando vueltas a la revelación que acababa de hacerle, pero no conseguía aclararse del todo.

Jugueteaba algo nervioso con el botellín de Mahou que tenía en sus manos. Era el quinto, mientras que yo todavía no me había terminado mi primera cerveza ¡Y solo llevábamos media hora hablando! Confieso que me hizo mucha gracia cuando en su día lo imaginé borrachuzo. Supuse que aquel hábito le daba más aspecto de gañán,  pero no me imaginaba que lo fuera tanto. ¡Cómo bebía aquel hombre!

Apuró su botellín y cogió el último puñado de cacahuetes que nos habían puesto de tapa.

     —¿Otro? –Me preguntó mientras levantaba el suyo vacío para que la camarera le viera.

Le dije que sí, que me tomaría la segunda Mahou pero que Sería la última. Nunca me ha gustado descontrolar, y menos en público.

La camarera nos puso dos nuevos botellines sobre la mesa y unas olivas. Cuando se dio la vuelta me fije en que Edelmiro no perdía ripio de su culo. La verdad es que estaba buena la jodía. Solo cuando se metió tras la barra pude volver a captar la atención de mi personaje. Tampoco sé por qué me asombraba. Otra de las características que yo me había inventado para Edelmiro era que le iban más las faldas que a un escocés.

Sinceramente, creo que me había pasado un poco con aquel pobre hombre. Bien es verdad que cuando lo imaginé tenía grandes virtudes, pero… le había creado con todos los vicios del mundo. Le miré y me dio un poco de pena. Tenía que reconocer que había sido un poco cabroncete con él. ¿O quizás no era más que un reflejo de mí mismo?

LA ASURDA E INQUEIBLE HISTORIA DE EDELMIRO PÁEZ

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a CONVERSACIONES CON EDELMIRO II

  1. Poli Impelli dijo:

    Qué bueno sentarse a “conversar” con tu personaje. Tengo escrito algo parecido, y sí… la verdad es que uno no sabe si reír o arrepentirse de lo que ha creado! jajaja ;-). Tu Edelmiro me recuerda a Ignatius Reilly… ya me estoy riendo sin haberla empezado.

    • cmacarro dijo:

      Ja,ja,ja. Espero no haber dejado ver mi forma de ser. Gracias por leerme. Es un lujo, para los que tenemos una pedrada en el entrecejo, que gente como tú nos lea 🙂

      • Poli Impelli dijo:

        ¿Gente como yo? ¿Te refieres a extraterrestres con los patitos que se salen de a fila? Vale, vale. Yo amé a Ignatius, por lo tanto me enamoraré de Edelmiro. Te lo aseguro, jaja. 😉

  2. Pingback: CONVERSACIONES CON EDELMIRO III | borderline

  3. Pingback: MIS CONVERSACIONES CON EDELMIRO III | borderline

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s