EL VERBO ESCRIBIR

Yo escribo… tú no lees… él/ella prefiere youtube… nosotros salimos de copas… vosotros veis Sálvame… ellos (o alguno de ellos) finalmente lee lo que hemos escrito.

Es difícil conjugar el verbo escribir y que acaben cuadrando tanto personas como tiempos en una página en blanco repleta de expectativas. Sí, es una cosa complicada, tanto, que el escritor es muchas veces como el náufrago que vive solitario en su isla y no puede mantener una conversación más que con los cangrejos que pululan por la orilla, los cocos que se caen a traición de la palmera, la piedra con la que siempre tropieza… o con él mismo, dificultad añadida eso de intentar conversar con nosotros mismos.

Uno escribe pero… ¿para qué? ¿Para quién? ¿No se acaba llevando el viento sus palabras? ¿Existe en realidad el lector, aquel al que llega y por supuesto entiende nuestro mensaje o es solo una proyección virtual que nos interesa mantener para no desanimarnos? ¿Qué poder tienen unos tristes párrafos producto de una noche metafísica sin dormir o simplemente de un revuelto mental con resultado de relato frente al hashtag del día “partido a partido”, “Yo también sufro las hemorroides en silencio” …  o el vídeo de moda en el que un chorra se dedica a grabarse haciendo el chorra con el objetivo chorra de que miles de chorras estén pendientes de sus chorradas?

Los que pretendemos mandar mensajes a la antigua usanza, es decir, escribiendo, tenemos un trabajo terrible, una lucha desproporcionada contra las nuevas tecnologías ¿O acaso no es más inteligente aliarse con ellas?

Escribo con la intención de gustarme… y de gustar a los demás, y no siempre en ese orden, dependiendo de a cómo paguen el kilo de ego en el mercado en esos momentos.

A veces nos dejamos arrastrar por unas palmas, aunque sean solitarias, más que por nuestro propio criterio a la hora de verter palabras sobre lo que sea de lo que queramos escribir y nos ponemos los cuernos a nosotros mismos con tal de escuchar un halago. Pero ¿Estamos haciendo lo correcto?

Muchas veces uno se sienta frente al ordenador y al cabo de un par de horas se da cuenta de que solo ha escrito 10 palabras a lo sumo y el resto del tiempo se lo ha pasado pinchando “megustas” en la red. Pero otras veces se nos viene encima una especie de incontinencia verbal imparable, una tempestad creativa que solo remite cuando nos duelen las articulaciones de los dedos por el frenético tecleo o el sueño nos vence finalmente. Es el instante creativo, cuando la musa nos visita, siempre con cierta prisa, y nos hace regurgitar todo lo que hemos estado digiriendo tras la última visita. Es el turno de la creación pura y dura.

En cualquier caso mi modesta conclusión es que el momento de crear ha de ser un momento exclusivo de íntima satisfacción personal, sin pensar en nada ni en nadie más que en la relación amorosa que surge entre el autor y su obra. Después vendrán las correcciones, las revisiones,  las promociones y todo lo que quiera venir, pero ese tiempo en el que uno ha sido el titiritero de su historia, congeniándose con sus propios personajes y dirigiendo de algún modo sus circunstancias, es el verdadero momento del escritor.

Ya solo por tener la suerte de sentir eso merece la pena escribir.

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18 respuestas a EL VERBO ESCRIBIR

  1. “una tempestad creativa que solo remite cuando nos duelen las articulaciones de los dedos por el frenético tecleo o el sueño nos vence finalmente. Es el instante creativo, cuando la musa nos visita, siempre con cierta prisa, y nos hace regurgitar todo lo que hemos estado digiriendo tras la última visita. Es el turno de la creación pura y dura.”

    Esto, me pasa demasiado… A veces cuando mi mente va cayendo, lenta y suavemente en esa que llaman inconsciencia…. Vienen a mi mente rafagas de emociones, sensaciones, y palabras y más palabras que me hacen despertar, levantarme y salir corriendo a escribirlas, a dejar que sencilla y hermosamente Sean.

    Saludos! 🙂

  2. torpeyvago dijo:

    Yo creo que mi relación con lo que escribo es más sexual que amorosa.
    Hay veces que orgasmo mientras escribo y otras que me jode no estar escribiendo. Ya digo, puro sexo.
    Aunque no sé si éste es el ámbito más adecuado para explicar estas cosas… 🙄

  3. Yo cuando me doy cuenta de esa sensación que nos arrastra a todos (los likes, las promociones y toda esa gaita tan necesaria si escribimos independientemente) prefiero desconectar unos días porque, como digo es fácil dejarse llevar por esa corriente en nuestra búsqueda constante de aprendizaje.
    Maravilloso ese momento en que nuestra propia historia nos rapta del mundo y solo existes tu y tus personajes. eso es lo mejor de crear en cualquier arte.

  4. Lord Alce dijo:

    Lo suscribo. En primer lugar, escribo para mí, porque me gusta, y si quien me lee también, miel sobre hojuelas.
    PS: Gran conjugación 😀 😀 😀

  5. Te ha dado por filosofar??? Escribe y no te marees pensando!!

  6. Poli Impelli dijo:

    “…nos ponemos los cuernos a nosotros mismos con tal de escuchar un halago.” (aplaudo aquí lejos… sonriendo a tu metáfora).
    Coincido contigo, tu final es el mío. Cuando es pasión (y un laburo diario), siempre valdrá la pena.
    Abrazos de los míos. 🙂

  7. blogcastizo dijo:

    El momento de máxima pureza es la creación. A partir de ahí la jodemos con más o menos estilo. Pero qué cierto

    • cmacarro dijo:

      Aunque lo que nos sale es algo en bruto, muchas veces es preferible dejarlo tal cual. Imagino que hay tantas formas de hacerlo como gente que escribe.

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