HISTORIA DE LA PALABRA ESCRITA (TAMBIÉN CONOCIDA COMO ESCRITURA) II Y III

II

 

El etéreo mundo virtual

Quiero engarzar esta reflexión con la que lancé días atrás “HISTORIA DE LA PALABRA ESCRITA(MÁS CONOCIDA COMO ESCRITURA): PRIMERA PARTE en la que disertaba con estricto y extraordinario rigor científico sobre la invención de la escritura y su evolución a lo largo del período de tiempo en la vida del hombre que las mentes preclaras han dado en llamar Historia.

Llegados a nuestros días y acostumbrados a que muy de tarde en tarde el devenir histórico nos marque un hito trascendental en este sentido, éste nos llega de sopetón de la mano de la informática, la telefonía móvil y el mundo digital.

¡Cuántas posibilidades nos ha dado el mundo intangible de los bites en el asunto de la palabra escrita!

A través del espacio virtual se transmiten ideas, mensajes, pensamientos de todos los pelajes, que para eso es libre y universal. Pero hay algo que se ha desarrollado sobremanera aprovechándose mezquinamente de ello cual bacteria infecciosa.

Desde los primeros petroglifos hasta nuestros días una cosa, más bien una cualidad, ha servido de nexo de unión a la evolución que la palabra escrita ha tenido a lo largo de los siglos: LA GILIPOLLEZ.

La única diferencia entre un momento histórico y otro es que mientras los primeros escritores tardaban bastante tiempo en grabar una gilipollez en un canto rodado, evitando que el prolífico en gilipolleces tuviera tiempo de grabar todas las que se le ocurrían por evidentes razones técnicas ( cuando acababa de grabar una gilipollez se le habían olvidado las cuatrocientas que se le habían ocurrido mientras tanto), en nuestros días, donde Internet ha supuesto un jalón importantísimo, cualquiera es libre de publicar con rapidez, eficacia y, sobre todo masivamente, cualquier gilipollez que se le ocurra. La intención es la misma en ambos casos. Las consecuencias no. Hoy en día, el que es ducho en decir gilipolleces, puede distribuirlas con la misma velocidad y facilidad con la que pulsa una tecla. Después… a otra cosa (gilipollez), mariposa.

Si a ello se le añade que la gilipollez tiene un no sé qué que qué sé yo que engancha, siempre se encuentran voceadores que airean a los cuatro vientos (por los cuatro rincones de la red) las gilipolleces que llegan a sus dominios informáticos.

Por el limbo (en el ciberespacio que llaman los frikis) vuelan y requetevuelan millones de mensajes de móvil, millones de correos electrónicos, guasaps. Nadie, nunca ha visto pasar volando cerca de él un email. ¡Y sin embargo se mueve!

Pero, y aquí planteo una duda razonable, ¿dónde están realmente los escritos que circulan por la web?

No. No me digas que en tu móvil (perdón… Iphone), o en el escritorio de tu portátil. Prueba a meter tu móvil(perdón…Iphone) o tu ordenador en un barreño lleno de agua y verás como desaparecen todos los correos o los SMS que creías tan seguros.

Un accidente, móvil al WC, un mal golpe, el cabrón de tu hijo pequeño, la tecla “delete” pulsada en el momento más inoportuno y todo lo que tan celosamente guardabas en el dispositivo digital se va a tomar por culo.

Por ello no hay mal que por bien no venga.

Gracias a esta precaria realidad la gilipollez es virtual, etérea, mortal, como nosotros mismos. Igual que aparece desaparece. Por eso no es tan consistente como una gilipollez escrita en un libro, que necesita más esfuerzo para ser eliminada. Y ya no digo grabada en un peñasco, que eso es for ever and ever.

Todo lo que escribo en esta bitácora es una buena prueba de la impunidad con la que la gente publicita las gilipolleces. Pero no temáis, no se puede tocar, es intangible, etéreo y, no tardando mucho lo habréis borrado, tirado a la papelera de reciclaje, o simplemente lo habréis echado en olvido.

Mientras dudáis en si mandar o no a tomar por saco esta entrada yo seguiré intentando escribir más gilipolleces.

 

III

 

El impresentable presente.

Hasta aquí los datos históricos, es decir, el pasado.

Pero lo pasado, pasado está. Por eso nos centraremos ahora en analizar el presente y, con ello, intentar vaticinar el incierto futuro que nos espera a nada que seamos un poquito observadores. ¡Y aunque no lo seamos!, que la cosa va siendo cada vez más que evidente.

Habíamos llegado en disertaciones anteriores a un punto de inflexión en el devenir del concepto escritura, al momento en que el ser humano decide desechar soportes, digamos materiales, para plasmar esa facultad que por un largo período llegó a conseguir que nos distinguiéramos de los bichos (animales irracionales) y utilizar la RED (el limbo) para escribir. Nos hemos lanzado sin saber nadar a una piscina que está llena de unos y ceros. Veremos si no acabamos ahogándonos o los hunos no nos acaban dando por el culo.

Hoy en día, existe una gran proliferación de dispositivos con los que poder escribir y comunicarnos a través del etéreo mundo internáutico, el ciberespacio ¡Joder cómo suena!

Disponemos de ordenadores de sobremesa, portátiles, iphones, smartphones, tablets e incluso teléfonos.

¿Quiere decir esto que estamos mejor comunicados que antaño?

Supongo que la respuesta va por barrios pero a mí me parece que no.

Como nos explicaban en la asignatura de Lengua para que se produzca la comunicación es necesario que haya un emisor, un receptor, un medio a través del que se comunican y, claro, un mensaje. En la actualidad no es posible determinar en qué punto de la película estos cuatro conceptos dejaron de estar relacionados.

Caso práctico.

Antes:

Pepe se ponía en frente María y con cierto nerviosismo por la incertidumbre del resultado le decía:

–         María, estás pa mojar pan y te comería hasta la goma las bragas.

Había dos posibilidades, que Pepe se llevara una hostia con toda la mano abierta de la recatada María o que María estuviera más caliente que una perra y se llevara a Pepe al pajar (Ojo, que el pajar no es el lugar donde se hacen pajas)

Ahora:

Pepe está sentado en un banco junto a María. Las hormonas le provocan un hormigueo en los entresijos. Ambos manipulan un Smartphone de última generación y teclean frenéticamente en él.

Pepe, que siente el llamado de la naturaleza (aunque no es capaz de racionalizarlo como para convertirlo en una conversación inteligible) envía un guasap a María:

–         “qrs rllo?”

María, sin apartar la vista de su pantallita de cuatro pulgadas pincha un “megusta”, envía un emoticono resignado y escribe:

–         “N pdo. tngo l rgla”.

A Pepe no le queda más remedio que joderse y aguantarse o irse al pajar. Ahora sí. Ahora el pajar es el lugar donde uno se aplaca los ardores provocándose una autosatisfacción más que razonable (donde se hace una paja, para que nos entendamos).

Ha existido comunicación en ambos ejemplos, de eso no hay duda. Un emisor, un receptor, un mensaje… pero no me digáis que no queda cien veces más tierna la sutileza de las cosas dichas a la antigua usanza: Te-co-me-rías-ta-la-go-ma-las-bra-gas ¡Coño, si es que es hasta musical!

Además, pasadas unas horas, los mensajes se evaporan y ya nunca más se supo.

Ambos, transcurrido el tiempo, seguirán absortos en sus pantallitas sin percatarse de los estímulos externos y sonriendo con cara de bobalicones uno al lado del otro. Probablemente hasta les atraquen pero no se darán ni puñetera cuenta.

A los que tenemos cierta edad nos alucina, como se decía en los 80, esta fascinante capacidad  de “entrar en coma” que tenemos frente a uno de esos aparatejos de marras. El concepto “autismo” ha ganado una nueva acepción que espero que el diccionario de la R.A.E. recoja en próximas ediciones: Autismo:3) Capacidad de idiotizarse profundamente perdiendo la noción de la existencia frente a un aparato electrónico.

Podremos entonces definir con precisión a ese grupo de amigos que se sientan alrededor de una mesa en una cafetería, todos con el Smartphone en la mano, la vista caída, sin hablar una palabra y el camarero hasta los cojones porque nadie le contesta qué es lo que quiere beber.

O al matrimonio entrado en años ( que esto se extiende como un virus) que van paseando por la plaza cada uno pendiente de su pantalla. Él escuchando el cyberpartido en la cyberradio y ella viendo el cybersecreto de Puenteviejo.

O al bañista cuando vuelve de la playa y le preguntan cómo está el agua y no es capaz de decirlo porque se ha abrasado al sol toda la mañana, sentado en su tumbona, jugando al Angry birds y se le ha hecho la hora de comer.

……. Pero la historia es cíclica. Al menos eso era lo que me decían mis profesores de historia cuando la estudiaba y a mí no me cabe ya ninguna duda de ello. Estoy convencido de que el futuro que se nos avecina acabará cerrando el círculo evolutivo volviendo de nuevo al básico y rudo

HOMBRE DE NEARDENTHAL, posiblemente conocido como homo cretinus (Pero con Smartphone, eso sí)

 

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3 respuestas a HISTORIA DE LA PALABRA ESCRITA (TAMBIÉN CONOCIDA COMO ESCRITURA) II Y III

  1. Tus revueltos mentales son admirables 🙂
    Intuyo la crítica velada a la nueva forma de autismo, de hecho el lenguaje que manejan Pepe y María lo evidencia, te cuento que yo, escéptica de la virtualidad, tuve que leerlo dos veces por la ausencia de vocales, algo tan habitual en los WhatsApp …
    ¿Tienes algún nombre que defina esa fea costumbre de quitar las vocales para hacer más rápida la “comunicación”?
    La verdad es que alguna vez me planteé cuántos segundos se ganan al día usando esa técnica :)Ainss, me tengo que ir, se me ha ocurrido una gilipollez al respecto y la quiero inmortalizar en un folio jajaja
    Saludos 🙂

    • cmacarro dijo:

      Ja.ja,ja. ¿Ves como la gilipollez en contagiosa? No se me ocurre la palabreja, pero… dame tiempo. Muchas gracias por perder tu tiempo leyéndome.

  2. De nada, cmacarro, perder el tiempo contigo es un placer….

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