HISTORIA DE LA PALABRA ESCRITA (TAMBIÉN CONOCIDA COMO ESCRITURA) I

Es una entrada antigua que he desempolvado.

 

Los torpes inicios.

Esta sociedad nuestra del bienestar camina, más bien corre que se las pela, hacia el vacío más absoluto, hacia la tontá pura y verdadera, al centro mismo del absurdo. Podría atribuir la cita a cualquier filósofo o pensador de cierto prestigio, incluso a Santiago Segura y probablemente la cosa hubiera colado. Pero no. Es mía. Se siente.

¡Toma ya!

Me explico. Hace aproximadamente cuatro milenios (siglo arriba, siglo abajo) el ser humano dio solución a una reivindicación  que se le venía planteando desde tiempos inmemoriales: Perpetuar de un modo duradero parte lo que hablaban de cuando en cuando.

Entonces inventó la escritura.

Razones había muchas. La necesidad de plasmar por escrito acuerdos, transacciones comerciales, códigos civiles (y morales), incluso la palabra del dios de turno dictada al lumbreras del sacerdote que tenía el don de interpretarla correctamente, llevo al ser humano a idear un sistema que evitara aquello de que las palabras se las lleva el viento.

Me imagino yo a un Neanderthal ofreciendo a su amigo cuatro hachas de piedra, un par de dólmenes y una punta de flecha (por ejemplo) a cambio de su hembra llena de pelos (que no se engañe nadie que entonces lo de los pelos les ponía muy verracos). También me imagino llegar el momento de realizar la transacción tras un acuerdo verbal, entregarle el segundo Neardenthal (de sobrenombre pringatus) a su maciza y peluda señora a su amigo hasta ese momento y, una vez que esta ha sido arrastrada por los pelos hasta la cueva del primer Neanderthal (de sobrenombre espabilatus) este echarse para atrás jurando y perjurando que él no había prometido nada, que el amigo le ha regalado a su hembra por propia voluntad, que si te he visto no me acuerdo, que donde dije digo, digo Diego y toda una serie de excusas para escaquearse de corresponder al otro con el pago estipulado: las hachas, los dólmenes y la punta de flecha. Si el pringatus no era más fuerte y burro, que habitualmente llevaba ese sobrenombre porque no lo era, el espabilatus se salía con la suya y a aquel no le quedaba otro remedio que joderse y aliviarse en solitario hasta no encontrar nueva pareja (Justo en este momento el ser humano inventó algo importante aunque no tenga que ver con la escritura: la paja).

Así funcionaba el tema.

Este tipo de incómodas situaciones y muchas otras por el estilo acabaron de evitarse cuando a alguien con muy poquito que hacer se le ocurrió grabar en una piedra una serie de signos que venían a representar en un lugar más o menos duradero lo que antes habían acordado como Neanderthales decentes y cabales. Bien es verdad que el plan todavía tenía lagunas y quedaban muchos flecos que cortar para que la cosa fuera perfecta. Así, incluso quedando el acuerdo reflejado en un peñasco, si el Neardenthal espabilatus se encabezonaba, el acuerdo (peñasco) podía acabar incrustado en el cráneo del Neanderthal pringatus y liquidarse el asunto por abandono forzoso de uno de los postulantes, muy a su pesar, todo hay que decirlo. Esto debió de ocurrir con mucha más frecuencia de la que nos pensamos. Prueba de ello es que los arqueólogos han descubierto muy poquitos cráneos de Neardenthal enteros. ¡Todos están rotos y bien rotos!

Tras estos primeros escarceos con la palabra escrita durante aproximadamente seis mil años la técnica se ha ido perfeccionando ¡Y de qué manera!

Después de una serie de pruebas más o menos exitosas de soportes para escribir (Piedras, tablillas, arcillas) los egipcios, esa gran civilización a pesar de que todos tenían los brazos y piernas dislocados según se puede comprobar en los dibujos murales en el interior de las pirámides, descubrieron que la hoja que habitualmente utilizaban para quitarse las zurraspas después de hacer aguas mayores (léase cagar) y que tenía cierta consistencia y resistencia para aguantar tal envite, podría ser perfectamente utilizada en menesteres más elevados como por ejemplo para escribir.

Y así lo hicieron. Después griegos y romanos les copiaron la patente y siguieron utilizando el sufrido papiro tanto para escribir como para las limpiezas anales.

Pero el descubrimiento o invención más importante al respecto se les atribuye a los chinos, que inventaron el papel más o menos como lo conocemos ahora. Más barato y menos costoso de manipular que el papiro, el papel se expandió por el mundo hasta nuestros días. Ahora cualquiera podía contar sus gilipolleces de un modo asequible y relativamente fácil sin necesidad de machacarse los dedos escribiendo como antaño con un martillo y un punzón.

 

 

Un salto descomunal en el tiempo nos lleva a otro hito en la historia de la escritura: La invención de la imprenta por un tal Gutemberg en el siglo XV. Con la imprenta básicamente lo que se consiguió fue que cuando uno escribía cualquier gilipollez esta podía repetirse hasta casi el infinito en copias iguales y fidedignas. La gilipollez derribó entonces y definitivamente las pocas barreras que aún quedaban para distribuirse y asentarse por el mundo. Grandes gilipolleces han llegado hasta nuestros días porque a alguien se le ocurrió la genial idea de pasarlas por la imprenta. (Luego la tele vino a rizar más el rizo, pero eso es otra historia que no tiene que ver con la escritura).

Hoy en día, y redundando en el concepto de “gilipollez” como idea transmitida a través del papel (la escritura) podemos encontrar estupendos ejemplos en diarios como El mundo, El país, ABC y, sobre todo, en la versión en papel de la sin par Intereconomía.

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9 respuestas a HISTORIA DE LA PALABRA ESCRITA (TAMBIÉN CONOCIDA COMO ESCRITURA) I

  1. ¡Muy buena entrada! E curioso como se deforma la libertad de expresión en ocasiones para plasmar cualquier “gilipollez” y que perpetúe, es cierto y sorprendente.
    En ocasiones, en clases de literatura a mi antaño profesora se le ocurría plantearnos la posibilidad de que la Biblia (el libro más leído de la historia) de alguna manera sólo fuera un cuento sin cohesión que se le perdiera a alguien ¡Todo es posible!
    Lo curioso de muchos de los textos antiguos que conservamos en nuestros días como el Código de comercio para los que somos del mundo mercantil datado de 1885 a veces da para pensar en que fue alguien que portaba lanzas y aún comerciaba con su mujer el que lo escribió.
    Las personas somos egos andantes y ante la posibilidad de dejar algo para la eternidad preguntamos ¿es gratis? Sí, señor, es gratis escribir ¡Pues adelante!
    Saludos

    • cmacarro dijo:

      Muchas gracias. Un revuelto mental como otro cualquiera. Estoy de acuerdo con tu profesora de literatura, aunque peque de irreverente no sé quién ha dicho que lo que se escribe en su interior es la palabra de Dios. Al menos a mí me cabe la duda. Escribir es gratis y, si encima ahora nos dan facilidades para llegar a más receptores, no podemos negar que tenemos más peligro que un mono con un hacha.

  2. pero que grande eres!!! lo del espabilatus y el pringatus sólo se te podía ocurrir a ti, a ver si haces algo así explicando la revolución rusa…que está muy en boga ahora y no tengo ni idea y seguro que con tus explicaciones la termino de entender.

  3. Desde los hombres primitivos hasta el nacimiento de la imprenta lo que más me ha sorprendido por mi desconocimiento sobre el mundo egipcio ( los de los brazos y piernas dislocados jajaja)ha sido lo del papiro, ni idea tenía yo de que se usaba con fines higiénicos, chico, ha sido leerlo y no me quito la idea de la cabeza delante de mi folio en blanco “hay que ver que con esto también podría limpiarme el culo” lo que no deja de tener su lógica teniendo en cuenta que, a menudo, escribo cagadas que no hay dios que las lea , sirva este último comentario para rizar aún más el rizo y contarte que yo tampoco comulgo con aquello de que la Biblia sea palabra de Dios.

    Sigo leyendo la historia de la escritura , a ver por donde vas a salir jajajajaja

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