MENOS DA UNA PIEDRA

El azul brillante del cielo perdía intensidad paulatinamente y se oscurecía, más cuanto más al este, acercándose sin prisa a esos cinco minutos mágicos en los que se funde en el horizonte con el color del mar, sin quedar claro dónde acaba uno y donde empieza el otro, cuando el ánimo queda sobrecogido por ese milagro diario del atardecer en el Mediterráneo.

Jorge, sentado sobre la arena se agitaba incómodo a un lado y a otro como si tuviera el baile de San Vito. La razón no era otra que su trasnochado y minúsculo bañador tipo slip, ridículamente pequeño por donde se le colaba la arena provocándole irritantes picores. La talla del bañador nunca varió con los años, pero la de Jorge creció a la par que su vanidad y su obstinación en negar la evidencia. Por detrás, la exigua prenda cubría sólo una mitad y dejaba al aire la otra, sin poder delimitar si era el “cu”, o era el “lo” la peluda parte que asomaba fuera. Por delante una prominente barriga le caía en cascada hasta casi el inicio de sus escuálidos muslos. Una profunda y permanente marca de calcetín rodeaba sus jilgueriles canillas dando un toque ornamental a aquella figura quijotesca. Incapaz de soportar más el picor decidió incorporarse y esperar a Marta de pie estirando disimuladamente aquel diminuto taparrabos, que por una sencilla ley física acababa menguando en el lado opuesto a donde recibía el tirón, dejando asomar sus precarios atributos.

Marta, su novia en el barrio hacía muchos años, era una delicada preciosidad. Por circunstancias de la vida cada uno acabó tomando un derrotero diferente. Ahora, en el otoño de sus existencias iban a reencontrarse tras haber contactado virtualmente en Facebook, la gran fábrica de mentiras. ¡Quién sabía! Quizás, tuvieran ocasión de retomarlo donde lo habían dejado hacía ya tantos lustros…

Un frisby desorientado, estrellándose contra su coronilla le sacó violentamente de sus pensamientos. Jorge, conmocionado, giró la cabeza mientras se la rascaba buscando a su agresor pero una mole flácida y celulítica con cara de mujer sustentada en dos gruesas y uniformes columnas a modo de piernas, le tapaba todo el campo de visión. Un más que osado bikini talla XXL sostenía a duras penas sus desbordantes lorzas. Devoraba con fruición un grasiento bocadillo de panceta y dos hilillos de pringue se deslizaban despacio desde la comisura de sus labios. La sorpresa inicial de Jorge se transformó en decepción cuando creyó adivinar, tras aquella abotargada cara de la que colgaba una gran papada, un rostro vagamente familiar.

–       ¿Mar….ta? – Consiguió balbucear – ¿Eres tú?

La mujer, al cabo de un tiempo, reconoció a Jorge.

–       ¡Jorge, por Dios! – Exclamó Marta escupiendo involuntariamente unas migas de pan con panceta – Estás…estás ¡Cómo estás! ¿Pero qué te ha ocurrido?

–       ¡No te jode! Pues anda que tú…– replicó él visiblemente molesto, herido en su orgullo  – ¿y a ti? ¿qué te ha pasado a ti?

Tras un primer minuto de shock, se calmaron, se inspeccionaron de arriba abajo, haciendo un exhaustivo inventario de desperfectos, se lamentaron de lo cruel que podía llegar a ser el paso del tiempo, y, finalmente, con mentalidad pragmática se conformaron con lo que había, aunque no fuera mucho. Ambos, con un secreto y desesperado deseo de recuperar tiempos mejores, comprendieron, rieron, se dieron la mano y disfrutaron de un largo paseo a lo largo de la orilla.

¡Menos da una piedra!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

16 respuestas a MENOS DA UNA PIEDRA

  1. periko523 dijo:

    EMOTIVO REENCUENTRO.

  2. torpeyvago dijo:

    Llega Cronos y nos jode la historia. No es justo.
    Y lo que es peor, que menos da una piedra porque lo que ahora da es un frisby. ¡Maldito Nelson!

  3. cmacarro dijo:

    Joé, me acabo de dar cuenta de que Jorge y Marta son los protagonistas de mi próximo libro. ¿Querrá decir algo esto?

  4. sadire dijo:

    Inevitable decadencia….al menos los dos están igual -igual de lamentables-. Peor hubiese sido encontrar al otro estupendo…

  5. El subconsciente te acaba de traicionar jajajaja. Bueno, menos da una piedra.¡Besos!

  6. Tengo que reconocer que me has sorprendido muchísimo.
    El relato comienza con esas poéticas frase “cinco minutos mágicos en los que se funde el horizonte con el color del mar” “el milagro del Mediterraneo”……………….y , de repente, me presentas a Jorge jajajajaja
    Cosas que pasan con el tiempo 🙂
    Muy buena.

    • Lord Alce dijo:

      Me ha pasado lo mismo. Creía que te nos habías reformado e ibas a hacer algo lírico, poético… aunque, claro, el que tus descripciones de grasas corporales, bañadores ridículos e imaginaciones frustradas no deja de tener su poesía al final. Incluso tratándose de un reencuentro que parece se va a basar en la resignación.
      Y más que el tiempo, eso sí, son los bocadillos de panceta 😀 😀 😀 😀

  7. Poli Impelli dijo:

    Como ya he mencionado antes: hay que tener arte para pasar de la prosa poética a la sátira en cuestión de unas líneas (o de un párrafo!), jajaja. Me hiciste acordar a las descripciones de John Kennedy Toole y su Ignatius Reilly! jaja.
    Abrazos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s