UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO SEIS

 CAPÍTULO UNO

CAPÍTULO DOS

CAPÍTULO TRES

CAPÍTULO CUATRO

CAPÍTULO CINCO

 

Al final de una pequeña recta que la orografía del terreno había permitido trazar en aquella escarpada zona había una señal de curva peligrosa a la izquierda, y pude divisar claramente la mole de tierra y rocas que quedaban a la derecha de la calzada en el sentido en el que yo circulaba porque algún vehículo que venía en sentido contrario al de mi marcha se acercaba con la luz de carretera conectada y la iluminaba profusamente.

Hice una señal al otro conductor con una pequeña ráfaga con mis luces largas para evitar que al entrar en la recta por la que yo discurría éste me deslumbrara. Pero la intensidad de sus faros no decreció, más bien al contrario, iba iluminando con más viveza la pared que ambos teníamos delante.

Insistí volviendo a conectar la luz de carretera con algo más de perseverancia y suponiendo que el otro conductor no se había percatado de mi anterior señal. No se produjo ningún cambio.

Mi vehículo se aproximaba al final de la recta, y, comprendiendo que la intención del que venía de frente era la de no desconectar su luz de carretera, quien acostumbra a circular de noche sabe de los estúpidos duelos que se celebran de vez en cuando en estas circunstancias, casi detuve el coche sacando las ruedas del lado derecho a la cuneta.

Fuera pude percibir el sonido de la gravilla aplastada por mis neumáticos.

La luz entonces aumentó en intensidad. Parecía como si además de su luz de carretera hubiera encendido algún faro más. Vi sus faros acercándose hacia mí, al menos cuatro llegue a contar antes de quedar cegado temporalmente por la profundidad de los mismos e imaginé que se trataba de uno de estos todoterrenos equipados para la caza nocturna.

Frené del todo. La luz se hacía cada vez más brillante iluminando intensamente el interior de mi vehículo. Percibí, en medio del deslumbramiento que aquel animal iba a cruzar por mi izquierda y… de repente… nada.

La luz se apagó completamente.

     —Vaya. Uno que tiene ganas de cachondeo.-Me dije esperando el inminente paso del vehículo y los gestos de burla de su supuesto conductor-

Pero no pasó.

Diez segundos, quince, treinta y seguía sin cruzar a la altura de donde yo me encontraba.

Me extrañó, porque no era algo normal. Había transcurrido tiempo suficiente como para que el otro vehículo hubiera llegado hasta mi posición.

Con la lógica reserva y cautela metí primera y eché a rodar mi coche, esperando encontrarme con el gracioso de las luces algunos metros más adelante, detenido y disfrutando de la pesada broma que me acababa de gastar .Pero no conseguí verle.

Llegué a la curva y la tomé con mucha precaución, más que por ella misma, por el miedo de no saber qué me encontraría al salir de ella. Nada.

El coche que hacía unos minutos venía de frente parecía haberse esfumado; y lo extraño era que allí no había camino alguno donde ocultarse. Sólo monte, carretera y barranco en este mismo orden descendente. Me detuve sobresaltado al pensar en el barranco ¿No se habría salido de la carretera y habría caído pendiente abajo? No parecía un hecho lógico al menos desde mi punto de vista. Repasando los hechos yo había sido deslumbrado por las luces y, un segundo después, estas se habían esfumado.

No observé ninguna maniobra extraña que me hiciera deducir que el vehículo hubiera caído barranco abajo. Sin embargo, decidí echar un vistazo. Conocía el terreno y sabía perfectamente que la profundidad del barranco no podía ser mucha; no hacía tanto tiempo que había empezado a empinarse la carretera. Así que detuve el coche donde intuí que el otro vehículo el vehículo podría haberse despeñado, si es que así había ocurrido, y me apeé del mío.

Con la escasa luz que había apenas sí veía por donde pisaba, así que volví al coche y cogí de la guantera una linterna que siempre tengo la precaución de incluir entre las pocas herramientas que llevo en previsión de alguna posible avería,  leve por supuesto. No me siento capacitado para más.

Con la luz de la linterna y  un tanto sobresaltado por la circunstancia que acababa de vivir y, sobre todo, por la incertidumbre de lo que me podría encontrar unos metros más abajo comencé a descender, con cautela, pues había llovido hacía algunos días y el terreno todavía se encontraba algo húmedo y resbaladizo.

A pesar de mis precauciones al ir a apoyar mi pierna derecha en una piedra que sobresalía un tanto del suelo, ésta cedió provocando que resbalara y cayera varios metros hacia abajo por entre la maleza que allí crecía con cierta abundancia. Una vez repuesto del susto y restablecido de nuevo el equilibrio proseguí el descenso redoblando las precauciones. El último tramo lo sorteé sin más sobresaltos y, una vez en el fondo de barranco hice un barrido de trescientos sesenta grados con  el haz de luz de mi linterna, cual si de un faro de la costa se tratara, sin conseguir ver otra cosa que arbustos y piedras. Repetí la operación con algo más de detenimiento dirigiendo el foco hacia todos los lados y el resultado fue nuevamente negativo: allí no había señal alguna de accidente. Nadie había caído por aquel pequeño barranco al menos esa noche. Confundido y resignado, planteándome mil interrogantes, encaré con cierto desánimo la subida. ¡Qué estúpida pérdida de tiempo!

Aún me quedaban algunos kilómetros para llegar a mi destino y me propuse olvidar este incidente, retomar mi viaje y finalizarlo lo más pronto posible. No eran horas aquellas de andar haciendo el cabra en medio del monte. A mitad de la subida alcé instintivamente la vista esperando ver mi coche, como si con aquella oscuridad ello hubiera podido ser posible y…  ¡Mierda!  Allí arriba, inmóvil y deslumbrante volví a ver aquella misteriosa  luz. Mi corazón me dio un vuelco y comenzó a latir trastabillado…

 

CAPÍTULO SIETE

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15 respuestas a UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO SEIS

  1. torpeyvago dijo:

    Segundo capítulo que dejas colgado al personaje en una situación interesante.
    No me pierdo el siguiente.

  2. Lord Alce dijo:

    ¡Putos coches fantasma! ¿Dónde está la guardia civil ectoplásmica cuando se la necesita? ¿Eh?
    Por cierto que la reacción del protagonista sacando el coche a la cuneta es la mejor opción. Que los duelos no suelen acabar bien para nadie 😀

    • cmacarro dijo:

      El autor, que es muy formal, ja,ja,ja. Si quieres guardia civil ectoplásmica léete !Olé mis cojones!, en ese libro hay mucho ente ectoplásmico repelente y mala gente.

  3. periko523 dijo:

    ME DEJAS SIN SABER NADA

  4. Junior dijo:

    Vamos hacer un trato, vale?
    Me dejas, que lea todos los capítulos y ya te contesto. Por Dios cuanto escribes jajajaja

  5. sadire dijo:

    Nada q no hay manera de quedarse agusto contigo…

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