UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO CINCO

 CAPÍTULO UNO

CAPÍTULO DOS

CAPÍTULO TRES

CAPÍTULO CUATRO

A la mañana siguiente el despertador me sacó del sueño que a duras penas había acabado conciliando.

Me encontraba fatal en parte porque tenía algo de resaca y en parte porque aún continuaba pensando en lo sucedido.

Lo ocurrido la noche anterior se me aparecía en mi mente como un mal sueño, como algo lejano e irreal, algo provocado por mi propia imaginación.

Pero la realidad es tozuda.

Continuando con mi particular sentido de la lógica me ratifiqué en la explicación que me había buscado nada más acontecer los hechos: Una banda de ¿jugadores de baloncesto? había intentado atracarme confundiéndome con quién sabe qué otra persona. Con ser una explicación terriblemente absurda era la única respuesta lógica que se me ocurría.

Pero, algo no acababa de encajar en mi cuadriculado pensamiento: Si eran unos vulgares ladrones callejeros ¿Qué hacían aquellos dos esperándome a las puertas de mi casa?  Además, el hecho de que todos fueran tan altos me desconcertaba sobremanera.

Pensándolo con más detenimiento deduje que venían a por mí. Y conocían datos de mi vida que no deberían haber conocido. ¡Incluso sabían en que portal vivía!

Aquel pensamiento me causó un desasosiego considerable. Ya no sólo se trataba de mi persona. Si yo estaba en peligro, lo normal era que los míos también lo estuvieran.

Por más vueltas que le di al asunto no pude llegar a ninguna conclusión que esclareciera el por qué de lo que acababa de ocurrir. No tengo enemigos ni nadie de quien pudiera esperar algo así.  Me resultaba una situación absurda por lo imposible, kafkiana, podría incluso decir.

Infeliz de mí, me encontraba tan lejos de la verdad… y mis tribulaciones no hacían más que alejarme cada vez más de ella.

Nunca hubiera sido capaz de imaginar lo que la realidad me deparaba.

Las señales, como yo las llamo, me iban llegando con mayor frecuencia a medida que el gran día se acercaba. Por no agotar al hipotético lector sólo voy a relatar las más significativas pero debo decir que en el intervalo que va desde Agosto hasta Noviembre me sucedieron infinidad de hechos extraños, los cuales estoy tratando de resumir para no hacerme cansino.

Y yo permanecía ajeno a todo ello, sin ser capaz de descifrar el jeroglífico absurdo en que se estaba convirtiendo mi vida.

Cuando llegó el día, por supuesto yo no era consciente de nada. No estaba preparado a pesar de haber sido de alguna manera prevenido en numerosas ocasiones.

Si alguna vez habéis circulado de madrugada, una noche sin luna por una carretera comarcal de esas que ni siquiera tienen las líneas pintadas para separar los carriles o delimitar los arcenes, entre montañas, de un pueblo perdido en el último rincón del mundo a otro pueblo perdido de la misma manera,  comprenderéis cómo el corazón se encoge en el pecho y cómo se puede llegar a perder la noción del tiempo, e incluso del espacio. Máxime si estás conduciendo sólo. La percepción de la  realidad se deforma en la mente y se retuerce a fuerza de concentrarte en el limitado campo de visión que los faros del vehículo iluminan e imaginando, más que viendo, lo que queda fuera de él.

De esta forma conducía yo mi coche aquella noche que, para más casualidad,  ¡Otra vez esa palabra tan desafortunada! aunque cada vez creo menos en ella, era la noche de los difuntos.

El hecho era ese.

Tras varias noches durmiendo poco y de mala manera debido a una tediosa muela que, aquella misma tarde había acabado en el cubo de mi dentista tuve la necesidad de trasladarme de un pueblo a otro, no importan los nombres, en una zona muy montañosa de España, aunque tampoco importa el nombre, durante la madrugada.

Recuerdo perfectamente la hora a la que partí porque desde el campanario de la iglesia del pueblo escuché tres campanadas. Mala hora para iniciar un viaje aunque fuera corto como aquél. No me apetecía tener que coger el coche a aquellas horas, por aquella carretera y ni mucho menos en las circunstancias de fatiga física en que lo estaba haciendo. Pero desoyendo a la voz de la prudencia me vi obligado en cierto modo por la necesidad. La tarde anterior había ido al pueblo donde ahora me encontraba por un asunto familiar y a la mañana siguiente, debía recoger a mi mujer y mis hijos para volver a nuestra ciudad después de unos días de puente que habíamos aprovechado para ir al pueblo, donde hacía bastantes años que no íbamos.

Ya a los diez minutos de comenzar el viaje me empezaron a escocer los ojos siendo incapaz de concentrarme totalmente en lo que estaba haciendo, síntomas inequívocos de que no me encontraba en plenas facultades para conducir.

Las copas de los árboles se cerraban por encima de la carretera durante los primeros kilómetros desde la salida del pueblo. Pero, en seguida estos fueron desapareciendo para dejar paso a barrancos cada vez más profundos y paredes cada vez más altas.

 Al ir ascendiendo la carretera y comenzar a serpentear por las estribaciones de la sierra cercana, la conducción se fue complicando y mi cerebro ordenó una descarga de adrenalina suficiente como para despejarme y recuperar la atención en la oscura carretera. Las cerradas y cada vez más peligrosas curvas me obligaron a aflojar la marcha del vehículo hasta casi detenerlo en algunas ocasiones. Mejor así. Pensé. Yendo a menor velocidad evitaré salirme de la carretera. No me fiaba del todo de mi estado de fatiga, a pesar de que conducía un coche nuevo y muy fiable. Ya he comentado en una anterior ocasión, en esta especie de diario de a bordo, las circunstancias por las que nos habíamos decidido a cambiar nuestro coche antiguo.

 

CAPÍTULO SEIS

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18 respuestas a UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO CINCO

  1. Y que sigues sin desvelar nada, ¡un poquito de por favor! Un besazo

  2. Pingback: UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO CUATRO | borderline

  3. Lord Alce dijo:

    Una banda de jugadores de baloncesto… 😀 😀 😀 😀 😀
    ¡Venga, ese ovni, va, venga! O lo que sea…

    • cmacarro dijo:

      Ja,ja,ja. La verdad está ahí fuera (Expediente X). La casualidad no es otra cosa que causalidad (JJ Benítez). Ya están aquíiiiii (Poltergeist I). Invítame a una Mahou (Cándido)

      • Lord Alce dijo:

        ¿Y con cuál de estas citas me quedo? Na, con la de Arquímedes: “¡No me toques los círculos!”
        Por lo de las señales en los campos de trigo y tal. ¿No? O sea, ¿no?

      • cmacarro dijo:

        Talmente. ;). Pero yo me quedo con cualquiera que lleve la palabra Mahou en su enunciado. 🙂

  4. PERIKO523 dijo:

    NO DESVELAS NADA, SOLO SÉ QUE TENÍAS LOS OJOS ROJO….. YO NO DIGO NADA PERO PIENSA QUE LA DROGA ES MALA….. JEJEJEJE

  5. torpeyvago dijo:

    ¿Altos? mmm Problemas con los viajes a baja gravedad. Es que hay que cogerse una agencia buena.
    Intrigado me tienes con este viaje, con la de veces que he vuelto de turno a las tantas y he tenido que parar a mear, pasear, cerrar los ojos… lo que sea con tal de no quedarme frito —y eso que eran sólo treinta quilómetros—. En fin, esperamos que no sean encuentros del sexto tipo y se acabe lo que se daba.

  6. Pingback: UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO SEIS | borderline

  7. antoncaes dijo:

    Lo que yo te digo, vamos acabar haciéndote un exorcismo en toda regla.
    ,)

  8. Pingback: UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO SIETE | borderline

  9. Pingback: UNA HISTORIA… INUSUAL.- CAPÍTULO OCHO (Y ÚLTIMO) | borderline

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