JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… EL CARREFUL.

Paquita, la costilla de Juan Eulogio, se está quedando sin víveres en la despensa de casa. Necesita comprar aceite, patatas, cebollas, judías, Marie Brizard, calcetines para los niños, bragafajas para ella, calzoncillos castellanos para su marido… lo dicho, que se ven muchos huecos vacíos en los armarios donde guardan la comida y en los armarios de la ropa y procede ya una expedición en busca de avituallamiento.

  • Cariiiii–se dirige, mimosa, a su costillo.

Juan Eulogio hace ya rato que ha decidido que es una buena idea pasar la fría tarde del sábado castigando al sofá con su cuerpo serrano… y a su cuerpo serrano con las traviesas del sofá, bien calentito bajo la batamanta.

  • Cariiiiiiiii–Insiste Paquita elevando un poco la voz.

La respuesta de Juan Eulogio no es meditada, ni mucho menos. Como si de un ciervo en la época de la berrea se tratara, emite un gruñido lastimero entre humano y animal: Es un ronquido, aunque bien podría catalogarse como alarido gutural proveniente del más allá.

  • ¡Ceporro de los cojones! –Grita Paquita zarandeando el cuerpo inerte de su marido, que con excesiva brusquedad y poca delicadeza para su gusto siente como una fuerza incontenible le arrastra y le hace volver de allá donde quiera que se encontrara, en un plácido sueño, quizás un sueño profundo, o, para ser más exactos, el coma inducido por un plato de cocido acompañado de un cartón de vino don Simón enterito en la comida para facilitar el tránsito del bolo alimenticio y tres copazos de licor de hierbas para hacer bien la digestión. Que le ha dado cabezona, vamos, para que nos entendamos todos.
  • ¿Pero qué pasa? ¿Qué pasa? –Consigue por fin articular Juan Eulogio con la cara contraída por el susto del violento despertar y un punto, o punto y medio, de mala leche, que es la que le embarga cuando le despiertan a lo bestia, como ha sido el caso.

Paquita exhibe por momentos una sonrisa ligeramente cabrona al ver las caras de su marido, pero enseguida transmuta su semblante por otro más angelical.

  • Anda, cariiiii, levántate que me tienes que llevar al Carreful.

Juan Eulogio pega un brinco por la impresión y pone los ojillos en blanco. No concibe cómo un ser humano puede cambiar la placidez de un sueño siestuno por las colas y empujones de un hipermercado un sábado por la tarde sin un ictus de por medio.

 

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… EN EL CARREFUL

 

  • Pero… – Juan Eulogio intenta evitar lo inevitable buscando mil y una escusas inútiles.- ¿No fuimos… hace unos días?
  • Hoy hace justo un mes que cobraste.
  • ¡Joder! ¿Ya ha pasado un mes?
  • Sí hijo, sí. ¡Venga! Levanta el culo que más tarde se pone todo imposible de gente.
  • Vaaaale, -Claudica finalmente Juan Eulogio, dándose por jodido.- Pero los niños los dejas con tu madre, que no hay quien los soporte en el híper…

Paquita calla, como si fuera sabedora de oscuros secretos que su inocente marido no conoce.

Desde algún lugar de la calle se escucha una música machacona y aterradora: Es la banda sonora de la película Tiburón. Algún vecino que está viendo la peli con un volumen demasiado alto.

Pero justo en ese mismo momento Juan Eulogio escucha dos cosas más: Una es el timbre de la puerta… y otra… una risa espectral como de ultratumba que nadie más parece escuchar. Debe ser el destino, que se está descojonando de él. De repente le ha entrado una inexplicable temblina.

Sus temores se confirman cuando escucha desde  la entrada la voz desagradable de la cucaracha, que es como llama familiarmente a su suegra, la señá Virtudes, a quien no quiere bien. Su amada Paquita, que en este momento no es tan amada sino más bien una hijaputa redomada, ha invitado a su madre a acompañarlos al centro comercial ¡Tiene narices la cosa! ¡A la cucaracha nada más y nada menos! Dos planes se le han ido a la mierda de golpe: Librarse por un rato de la abuela… y de sus nietos.

Juan Eulogio siente que se muere cuando le sobrevienen un par de violentas arcadas producto del estrés de la situación. Le embarga un asco incipiente que tiene que tragarse por no violentar su relación conyugal mandando a tomar por culo a su costilla.

Paquita, su santa, Elyónatan, su salvaje vástago, Layésica, su niña repipi… y la cucaracha… su… su… ese excremento inmundo que solo come y caga y se tira cuescos en espacios reducidos…

  • ¡Cojonudo! -Masculla entre dientes Juan Eulogio. El plan es… cojonudo.

 

CONTINUARÁ…

JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… EL CARREFUL II

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9 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… EL CARREFUL.

  1. marguimargui dijo:

    Lo vamos a pasar chupi

  2. torpeyvago dijo:

    ¡No hay como pasar la tarde de compras!
    No, no lo digo yo. A mí ni «me se» pasa por la mollera. De hecho, le veo varios inconvenientes, a saber:
    Uno. No puedes hacer la digestión tumbado. Y todo el mundo sabe que es la mejor manera de hacer la digestión. Ya bastante atentamos contra la salud el resto de la semana.
    Dos. No puedes ver la caja estúpida. Y hoy había película del oeste y partido.
    Tres. Tienes que estar atento. Sí, no puedes andar elucubrando tus fantasías porque siempre hay algo que requiere tu atención: Las sisas del nene y las persecuciones de los seguratas, las constantes solicitudes de compra de la presumida infinita, las pedidas de opinión, inútiles siempre, pero obligatorias, de tu propia, y, como no, los insultos velados, pero poco por la falta de inteligencia inherente, de la cucaracha.
    Cuatro. Se gasta dinero. Euro que cae aquí, euro que se resta de usar en una rotonda poligonera.
    Quinto. El estrés que se transforma en esséis o essiete. Que si aparca el coche, que si fuera tolmundo, que si vamos a por el carro, que si pasa por aquí o por allí, aguántame esto, vamos para allá primero, no, para acá, que ahora toca pagar, que si haz cola, que si no, que carga, descarga y vuelve a cargar, que espérate un rato más, que si no cabe en el coche…
    Y ventajas sólo hay una: Como no es un espacio necesariamente confinado, a la cucaracha no le da por las flatulencias ¡con lo bien que vendría que se espantasen los veintiséis de delante en la cola de la caja!

    • cmacarro dijo:

      Ja,ja,ja ¡Vaya análisis bueno!

    • cmacarro dijo:

      Me has convencido. Una sesión de centro comercial no le trae nada bueno a nadie y al final, casi seguro, se acaba discutiendo con la costilla.Bueno, con la costilla… y con su puta madre (dicho esto como chascarrillo impersonal, a ver si te vas a pensar que yo tengo narices a llamar a su madre puta)

  3. Que continúe pronto! Por favor 😊

  4. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN . . . EL CARREFUL II | borderline

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