EL FURBOL ES ASÍN O REGRESO AL PLANETA DE LOS SIMIOS

Lo primero que quiero hacer es pedir disculpas a los simios, pues en la escala evolutiva los solemos colocar por debajo del ser humano cuando hay algunos humanos que se tienen ganado un puesto inferior al de cualquier simio por su claro comportamiento sub-antropoide. Los simios solo se muestran agresivos cuando deben defender su territorio, su prole o su propia integridad física. Los humanoides siempre, en cualquier circunstancia y lugar, pero sobre todo… innecesariamente.

Y aunque este comportamiento se da en multitud de ámbitos de la vida, hoy quiero hablar del fútbol base, del fútbol  que cada sábado o cada domingo practican nuestros hijos, a los que seguimos con orgullo paterno.

Me sorprende la cantidad de Messis y Ronaldos que se ven en estos campos de fútbol, la cantidad de entrenadores advenedizos que cada sábado gritan en la banda para colocar y hacer mejorar al equipo donde, por supuesto, todos los jugadores la están cagando excepto el hijo de uno.

Salen los equipos al campo y los niños saludan a la afición, caras de concentración, peinados a lo Bale, tensión en definitiva, la tensión pre-partido. Se colocan en sus posiciones y el árbitro, ese ser especial que cada jornada tiene que escuchar verdaderas aberraciones si no recibir algún que otro mamporro, pita el inicio del choque.

No transcurre ni un minuto cuando el humanoide, de arco superciliar protuberante, ceja corrida y cerebro del tamaño de una nuez, ya comienza a moverse impaciente a lo largo de la valla, de un lado al otro del campo. No, no le gusta cómo ha empezado la contienda. No ve al equipo seguro en la defensa, posesivo en el medio del campo ni fiable en la delantera. Murmura, aunque de momento solo para sí y comienza a gesticular ostensiblemente. No entiende por qué el entrenador no ha puesto a su hijo, promesa futbolera donde las haya, en la alineación titular.

La tensión se acumula en su interior y poco a poco la nuez que ejerce como cerebro va cediendo el bastón de mando a otros apéndices de su cuerpo de primate: El estómago, las tripas, los huevos…

Sus paseos son ahora más acelerados, sus murmullos aumentan de volumen y ya se le va distinguiendo alguna frase más o menos coherente, alguna expresión plagada de putas, de hijos o de cabrones. Se lleva por delante a cualquiera que se encuentre en su línea de paso porque ya no ve, los ojos comienzan a encendérsele de ira. Ya no murmura, sino que gruñe.

De repente el árbitro, ser humano no infalible y que a veces se puede equivocar, pita un penalti injusto, al entender del orangután, en el área del equipo en el que juega su hijo (aunque en este momento esté calentando banquillo). Entonces este estalla en una sucesión de protestas arrabaleras, dignas de la más soez de las tabernas portuarias.

—¡Árbitro comprao!

—¡Árbitro que vas con ellos!

—¡Árbitro desgraciao!

—¡Árbitro cabrón!

—¡Árbitro hijo de putaaaaaa!

A este cántico finalmente se van añadiendo el resto de los padres influenciados por el ambiente hostil que está creando al australopitecus y la cosa pasa de ser una melodía a una verdadera coral, con voces masculinas y voces femeninas, que cuando se encienden son más cantarinas incluso que las de los hombres.

Alguna damisela, al puro estilo Belén Esteban, se agarra a la valla, zarandeándola como si fuera una mona prisionera que estuviera tratando de salir, aunque en realidad ella está fuera y los niños dentro.

El árbitro lo escucha todo, pero hace de tripas corazón y hace oídos sordos a tanto piropo poligonero.

Minuto 50 de partido y gol anulado injustamente al equipo donde juega el hijo del primate.

El ambiente entre los papás está caldeado ¡Y de qué manera! El mono gritón, con un cubata tras otro en la mano comienza a dar vueltas como un robot en cortocircuito. Finalmente sale disparado hacia el campo con la intención de dar una clase magistral de arbitraje al trencilla que al verle se va disparado a los vestuarios.

Entre cuatro padres, menos exacerbados que el gorila faltón, consiguen sujetarle y sacarle del campo, entre gritos de “Dejadme solo que lo mato, lo matooooooo!

Minuto 89 de partido. Empate a dos. De repente Pedrito, el hijo del Neandertal, que ha salido hace un par de minutos corre hacia el área y a dos metros de la línea tropieza con su propio pie y cae al suelo.

—¡Penaltiiiiiiiiiii! –grita el cuadrúmano, ya bastante perjudicado por el alcohol ingerido durante el partido.

Y trastabillándose sale corriendo hacia donde se encuentra el árbitro con una piedra en la mano, quizás con la secreta intención de enseñarle a trabajar la piedra, pues es en esa edad en la que se encuentra.

El árbitro tira de teléfono móvil y llama a la guardia civil, que en cuestión de cinco minutos están metiendo al frustrado chimpancé en la jaula, que es donde debería haber estado en todo momento, mientras el público le tira plátanos para que se los coma.

Y los niños, testigos mudos del espectáculo, asimilando comportamientos para en el futuro parecerse a sus papis.

Patético, pero real como la vida misma.

Si a alguien le puede parecer una exageración lo que acaba de leer, nada más lejos de la exageración y más cerca de la realidad. Palabrita del niño Jesús.

Y termino como empiezo, pidiendo disculpas a los simios porque muchas veces se comportan con más humanidad que los propios humanos, o que algunos de ellos.

Moraleja: No hay niños gilipollas, solo padres gilipollas.

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5 respuestas a EL FURBOL ES ASÍN O REGRESO AL PLANETA DE LOS SIMIOS

  1. torpeyvago dijo:

    a) La moraleja cierta como pocas —ciertas también, claro—.
    b) Las enseñanzas de la caja estúpida hace a las niñas Belén Esteban y a los niños furgoleros —hay tantos cazurros que no sabía por cuál decidirme—. Luego se habla de igualdad de oportunidades, de no discriminación, de no… ¡leschess, si está la C.E. «tolputodía» con la monserga!
    c) Lenguaje oído al papi y a la mami, por supuesto, que nuestros retoños son los mejores del universo y los profes son unos cabrones que bien que ganan, y qué vacaciones, oígan, pero me suspenden al peque —no, el peque no suspende, lo suspenden y le suspenden, que no es lo mismo—.
    d) Lenguaje C.E.: «El fúrgol es asín», «el míster nos ha dao la equipación», «no hay enemigo pequeño», «amoh a salí a dal lo tó». eso de los furgoleros. De los «míster» no me atrevo a reproducir ni una «coma», no sea que me «coma» un juicio. Al final oyes a impúberes chavalines, esperanza de nuestro futuro, con rasgos humanoides diciendo: «Cucha papa, fúrgol»
    e) Y como aclaración, el deporte es cultura. El «fúrgol» de periódico debajo del brazo el domingo, no.

  2. chus dijo:

    Yo fui a algún partido de esos por compromiso y me daba vergüenza ajena…

  3. acabas de narrar un sábado a la mañana cualquiera de mi triste vida, ni uno me salvo de aguantar a tanto gilipollas pero lo peor es que la troll ha comenzado baloncesto y yo creía, en mi mas absoluta ignorancia, que esto era distinto pero no, es igual y si cabe peor. Así que ahora tengo sesión de fútbol y de baloncesto. Ainnnnssss

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