PEQUEÑO CATÁLOGO DE PERSONAJES IBÉRICOS: LA MARUJA ARRABALERA

En esta peculiar tierra que hemos dado en llamar Ep-paña, quizás por la dureza de la misma, tierra de mujeres y hombres recios, quizás por otras circunstancias imposibles de determinar, surgen unos personajes a cada cual más exclusivos, más característicos, más… especiales.

La intensa fragancia conocida como “The Deep Spain eau de toilette” impregna de cuando en cuando el ambiente que nos rodea y nos llega a embriagar y a entontecer de tal forma que somos incapaces de ver determinados comportamientos como anormales que son y acabamos conviviendo con especímenes que conforman el tipismo hispánico transformándose acto seguido en personajes tópicos que intentaremos describir en este sexudo estudio (No me mires así, he puesto sexudo con X porque hago el estudio porque me sale de los … ya te puedes imaginar).

 

LA MARUJA ARRABALERA

María de la Consolación de nombre. Mujer, lógicamente, de mediana edad entendiendo este dato como que ya no cumple cincuenta, rostro surcado de arrugas, pelo cortado a lo garçon porque es mucho más cómodo para todo ¡Dónde va a parar!, que desde que le llegó la minipausa pasaba mucha caló,  mirada de águila ratonera, boca siempre dispuesta a soltar alguna fresca pletórica de mala follá. Forjada en mil y una batallas en los puestos del mercado hace gala de una extremada dosis de inquina y de mala leche fruto, casi con total seguridad, de treinta años o más de matrimonio aguantando al Manolo, ser básico, vago, jurgolero (de los que lo ven sentados en el sillón con los pies en la mesita y tres o cuatro cervezas y unos platos de olivas, no de los que lo practican. De los de “Niñaaa, tráeme una birrita. De las de arriba que están más frías…”) y asiduo practicante de deportes normalmente terminados en –ing (Como el chating, el cervecing o el cubating).

La maruja arrabalera es un personaje fácilmente reconocible a nada que te adentres un poquito en su zona de influencia o territorio: El mercado de abastos,  el trayecto de su casa a la panadería, el Día o el portal de su bloque, donde nada de lo que ocurre escapa a su control felino y se muestra implacable a la hora de criticar a las vecinas que en ese momento no se encuentran presentes. Mala, mala pero que muy mala, casi puta, es peor que un Gremlin dentro de una piscina a las doce de la noche.

Como ha bajado un momento a comprar una cosilla que se le había olvidado pa los garbanzos, lo hace en bata de guatiné y zapatillas de estar por casa. Con mi shanda y mig tacone, arreglá pero informá.

Es un espécimen que, en la cola de la pollería, cuando está bastante poblada por ser la hora del ángelus (y de la compra) se va abriendo un hueco a codazos entre los pacientes clientes hasta que llega a primera línea de mostrador, echa una mirada insidiosa al pollero que prácticamente lo acojona y dice en voz alta como quien no quiere la cosa:

  • ¡Ay! Señor, qué vida esta. Anda Pepillo, ya que estoy aquí ¿por qué no me atiendes que tengo mucha prisa y solo quiero una cosita? Me pones un cuarto de pollo, que no quiero na más y tengo el cocido por hacer.

Evita diestramente las miradas sanguinolientas de los clientes que están educadamente esperando su turno y, si alguna llega a cruzarse con la suya lanza rayos y centellas que hacen a la propietaria bajar la cabeza y dejarlo estar por no salir discutiendo con semejante energúmena y montar el espectáculo, que parece que está en su salsa cuando hay una trifulca. Acto seguido, tras esta victoria ocular dice:

  • Anda guapo (dirigiéndose al sufrido Pepillo, el pollero), ya que me estás atendiendo ¿Por qué no me pones un kilo de contramuslos, que no tengo cena pa mi Manolo?

Un murmullo de desagrado comienza a alzarse en el grupo de personas que están haciendo cola cuando se percatan (ya se hacían una idea) de la dura jeta que se gasta la señora, pero ella en voz muy alta, para que la oigan todas y todos y el que tenga huevos que rechiste dice:

—Váaaaargamé los desaboríiiios. Que yo no me quiero colar ni ná ¿eh? Como si ellos nunca hubieran tenido prisa. Que con las mismas me doy la vuelta y no pido ná. Que a honrá no me gana nadie. Y no me busquéis… no me busquéis que mencontrais. Mira que no tengo ganita ninguna pero… como tenga que liarme a tortazos y tirones de pelo… me voy a quedar sola, sin tanta remilgá, que eso es lo que hay aquí, -lanza una mirada desafiante de 360 grados- … mucha remilgá.

Pero no se retira de la posición ganada a golpe de codo hasta que no termina de pedir y paga.

Tras comprar en la pollería para un mes, vuelve a repetir la acción en la carnicería, en la frutería, en la pescadería y en la charcutería…

Finalmente arrastrando un carro de la compra que parece un baúl, sale del mercado con la satisfacción de haber hecho un puñado de amigas.

—Anda y que las jodan. –murmura mientras se dirige a casa.

En el portal se encuentra con la Eufrasia, también perteneciente al mismo grupo étnico de marujas arrabaleras y claro, María de la Consolación deja el carro apoyado contra la puerta y se pone a pegar la hebra con ella. El motivo de tan importante reunión de urgencia no es otro que comentar la noticia que esta semana va de boca en boca y de piso en piso en el bloque: Lo puta que es la vecina del quinto que sale a la calle descocada totalmente para poner calentorros a los maridos de las demás que no paran de mirarle los muslos y ese escote que lleva que parece que se le van a salir las tetas, la muy guarra. Claro, se cree que porque es viuda ya tiene derecho a comportarse como una zorra. Si su pobre marido, que en paz descanse, se debió morir por no aguantar la vergüenza que le hacía pasar… que siempre ha sido una pelandusca… ¡Vaya!

En ese momento, la zorra del quinto, elegantemente conjuntada, abre la puerta del portal con intención de salir a la calle.

—¡Ay Nati! Pero qué guapetona te has puesto para ir a comprar. –Saluda la Eufrasia amabilísimamente y con una sonrisa de oreja a oreja.

—Hola preciosa. –Es el turno de María de la Consolación a la que le duele la cara por no estar acostumbrada a mostrar una sonrisa tanto tiempo seguido y que por dentro se la están comiendo los jugos gástricos.- Mira que se te ve bien. Así te va a salir pronto marido. ¡Vaya que sí! Si parece que en vez de cumplir años los descumples.

Nati, la viuda, se aleja moviendo el culo para que esas dos marujas se mueran de la envidia al ver que no se le cae como a ellas.

—¿Será puta la tía? – Comenta María  de la Consolación cuando se ha alejado lo suficiente como para no escucharlas. Mira, como vuelva a pillar a mi Manolo mirándole las tetas… es que… es que… la agarro del pelo y la arrastro por toda la calle.

 

—Esa… esa buscona va pidiendo guerra. Si lo sabré yo.- Apuntilla la Eufrasia.-Tal parece que se ha escapao del puticlú.

La maruja arrabalera no suele tener muchas luces pero defiende sus dominios como una comando, con uñas, dientes y patadas en los huevos si fuera menester. Y en esas tribulaciones, con unas cosas y otras, pequeñas victorias y amargos días va consumiendo su anodina vida.

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20 respuestas a PEQUEÑO CATÁLOGO DE PERSONAJES IBÉRICOS: LA MARUJA ARRABALERA

  1. luisjuli2 dijo:

    Eres n fenómeno!!! Me encanta

  2. antoncaes dijo:

    Jajajajaja. Son las cuatro de la madruga estoy solo en la oficina y estoy descojonandome con las marujas de los cojones. Jajajaja.
    Que bien las has retratao como se ve que sabes por donde anda la cosa arriscao. ) Jajajaja

  3. Jajaja eres único Cándido jajaja 🙂 besos de viernes !!!

  4. Poli Impelli dijo:

    Jajajaja, ¡qué buena descripción! Abrazos.

  5. torpeyvago dijo:

    Si es que hoy en día no hay educación. A ver que nesecidad hay de arrancar las calefacción si los rayadores no funcionan aunque Manolín los ponga a prisión. Mira que lo mío… con los enalisis. Si es que no te mandan ná. Las mu putas de las médicas… qué sabrán. A su casa a tener niños las mandaba, que es lo que tienen que hacer.

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