MENSAJES DEL MÁS ALLÁ. CAPÍTULO 4

 

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Esta visión hizo sobresaltarse a Marga causándole un desasosiego terrible.

¿Qué mierda le estaba ocurriendo?

No era una persona que se dejara influenciar por historias de brujas o similares pero… aquello no era muy normal.

De improviso otro portazo resonó en toda la casa. La escueta vajilla de loza  que se guardaba en la vieja alacena del salón tintineó por el fuerte temblor.

Esta vez, Marga había escuchado con claridad y completa nitidez, no en vano se hallaba totalmente despierta. No, no se trataba de un sueño.

El sonido se había producido en el piso de arriba.

Desde uno de los rincones del salón, unas desvencijadas escaleras de madera conducían a la oscuridad del piso de arriba.

La mujer, ya bastante recelosa decidió pensar que el origen de aquellos golpes no era otro que el aire que se debía estar colando por alguna ventana mal cerrada, ya que nadie había respondido a una segunda llamada, lo cual le hacía suponer que, a pesar del fuego encendido, nadie se encontraba en el interior de la casa en aquellos momentos.

Aunque fuera no soplaba ni siquiera una ligera brisa.

A pesar de que por momentos iba perdiendo el sosiego, no era mujer que se arredrara con tan poco, así que se obligó a subir a su habitación a recuperar su teléfono móvil e inspeccionar de paso el origen de los golpes.

Con paso trémulo puso el pie en el primer escalón, muy gastado por el uso, y este cedió levemente bajo su peso, con un crujido. Uno tras otro fue subiendo todos los peldaños de la escalera hasta llegar a un pequeño rellano también de madera que daba acceso al pasillo.

Arriba apenas llegaba el resplandor del fuego que ardía en el salón así que, prácticamente a oscuras, se dirigió hacia su habitación que estaba al final del mismo.

A tientas a lo largo de la pared del pasillo encontró la puerta .Recordaba   haber visto aquella tarde cuando se instalaron que en la cómoda había un candelabro con una vela nueva y una caja de cerillas. No debía ser la primera vez que la casa se quedaba sin electricidad. Se dirigió a la misma y los encontró con facilidad sobre el viejo mueble pues era el único elemento de decoración que ostentaba.

Sacó un fósforo y lo frotó contra la caja. Por un instante el resplandor de la pólvora ardiendo iluminó la habitación. Marga protegió la llama con la mano y prendió la vela.

Poco había que iluminar. Una cama grande en medio de la alcoba con un cabecero de madera y dos mesillas que la flanqueaban. La cómoda de estilo inclasificable con un gran espejo encima, un armario algo vencido de las patas delanteras y un perchero.

A la titilante y mortecina luz de la vela todo el conjunto desprendía un halo rancio de decrepitud, un aspecto siniestro, una aureola de misterio, dejando en sombras los límites más alejados de la alcoba. Todo ello amplificado, si cabe, por los extraños sucesos que estaban ocurriendo.

Pero era más que nada. Aquella luz sirvió a Marga para localizar su bolso en medio de la cama.

Rápidamente se dirigió hacia él, aunque algo la detuvo en seco y le puso el corazón a cien.

Un gélido escalofrío acababa de recorrerle la espalda, de abajo a arriba, muy despacio. Y no era como el frío que acababa de quitarse en la lumbre. Esta sensación le había puesto la piel de gallina hasta sentir dolor.

Era un frío diferente.

Marga comenzaba a perder la compostura. Lo que estaba percibiendo traspasaba los límites de su lógica.

  • ¿Hay alguien en casa ? – consiguió balbucear con un hilo de voz, débil y temblorosa.

Un zumbido le sobrecogió, de repente y le hizo tensar sus músculos. Aunque sólo fue el tiempo justo para darse cuenta de  que era su móvil dentro del bolso.  Tenía los nervios de punta. Se lanzó hacia él y tras una rápida búsqueda dio con el teléfono que en ese momento tenía la pantalla iluminada pero había dejado de vibrar.

Marga se dio cuenta de que acababa de recibir un mensaje.

Sentirse en contacto con alguien, aunque fuera a través de la distancia calmó un tanto sus alterados nervios.

Pulsó el icono del sobre y después el de mensajes recibidos y la pantalla se iluminó con el mensaje entrante procedente de un emisor oculto.

Lo que Marga leyó en la pequeña pantalla le dejó helada la sangre:

“SAL DE LA CASA MIENTRAS TODAVÍA ESTES VIVA“

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4 respuestas a MENSAJES DEL MÁS ALLÁ. CAPÍTULO 4

  1. Andrea Nunes dijo:

    ¡Me he quedado tan helada como Marga! Qué ganas de descubrir qué pasa…

  2. torpeyvago dijo:

    ¡Fantasmas digitales! ¡Oh, yeaaaa!
    Me has puesto la piel de gallina con este capítulo

  3. Pingback: MENSAJES DEL MÁS ALLÁ. CAPÍTULO 6 | borderline

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