NOCTURNOS

Cuando el sol cae tras la línea del horizonte y la tarde pierde su brillo, ellos despiertan y se agitan nerviosos como si intuyeran próxima la oscuridad, donde se desenvuelven bien.

Pero únicamente cuando las sombras han poblado totalmente la tierra se animan a salir de sus escondrijos.

Es entonces, cuando nos creen dormidos, que se deslizan desde detrás de los cuadros, salen de debajo de las camas o de la puerta entreabierta del armario y se mueven a nuestro alrededor impunemente.

Si alguna vez llegaras a presentirlos es mejor que no se enteren, porque ya no te dejarían nunca en paz.

Cuando aún no duermes del todo y sientas un hálito frío en tu rostro ¡Nunca! abras los ojos de golpe. Procura hacerles alguna señal para que crean que te estás despertando y darles tiempo a irse.

A ellos les gusta observarnos mientras dormimos, quizás añoran cuando estaban vivos, y de vez en cuando se nos acercan demasiado, nos rozan… o nos acarician provocándonos un escalofrío donde nos han tocado.

Están atrapados en un laberinto de donde no saben salir y eso les desasosiega. Nunca te muestres o te confundirán para siempre.

Déjales hacer y que sigan su camino.

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