JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. IX

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Volviendo temporalmente al recinto del camping, la clase de zumba a la que han asistido Paquita and Paquita, que se encuentran en primera fila, a un metro escaso del sudado mulato moviéndose como si tuviera el baile de San Vito o… como si le picara el escroto, transcurre por los cauces esperados por ambas mujeres, que entre resoplido y resoplido por el ejercicio, reciben cada poco tiempo la blanca sonrisa del monitor, haciéndoles albergar grandes esperanzas de… de…  de… Grandes esperanzas, a secas.

Un golpe de caderas hacia adelante del profesor, que está en una especie de escenario no muy alto, hace que uno de los bailes acabe con su asunto a pocos centímetros de dos bocas ávidas de nuevas experiencias, las babeantes bocas de Paquita and Paquita. Aquel movimiento tan sensual deja a las mujeres concentradas en el bulto que se adivina bajo el ajustadito  maillot de deporte del teacher, y con las piernas un poquito temblonas por el calentón. El mulato las vuelve a sonreír con picardía. Parece que sabe lo que hace el cabronazo.

Paquita and Paquita querrían que la clase de zumba no acabara nunca o, en su defecto, que al final de la clase el profesor las invitara a corregir algunos pasos… pero ya en la intimidad si eso. El día es caluroso pero quizás tengan otras cosas más que ver en ello que el propio sol que brilla en “to” lo alto, y las damas, mientras bailan zumba, entran prácticamente en estado de ebullición.

Por fin la clase termina y todas las alumnas se van dispersando poco a poco, alegres y sudorosas tras el intenso ejercicio, que parece una tontería pero ¡Coño cómo cansa bailar! Sin embargo Paquita and Paquita permanecen estáticas en el mismo sitio observando cómo el profesor de zumba recoge su radio CD, se pone una camiseta blanca de tirantes, que realza el color tostado de su piel y levanta su cara al cielo mientras apura con ansia una botella de agua fresquita que saca de una nevera portátil. Paquita and Paquita observan embelesadas sus movimientos y cómo el líquido elemento se desborda en su boca y se le escurre barbilla abajo, alcanzando su pecho y yendo a meterse en…

¡Joder! Paquita and Paquita se han puesto cachondas como dos perras.

Finalmente Paquita, una de las dos, da igual cuál porque las dos están en la misma precaria situación, deja a un lado sus melindres y se sube al escenario a preguntar al profesor unas dudas que le han quedado tras la clase. Ella no se ha dado cuenta pero tras el bamboleo del baile, el sujetador del precario bikini que luce no ha podido resistir los repetitivos impactos de las peras, maduritas pero peras en movimiento, que salto tras salto se han ido saliendo de su emplazamiento y en ese momento  lucen en todo su esplendor mirando  con esos ojos saltones directamente a los ojos del mulato. Este, que aunque a decir verdad prefiere carne más fresca, no permanece insensible a la inconsciente provocación de la buena señora, sin perder ripio de lo que en este momento capta totalmente su atención. Un incipiente abultamiento en cierta zona de su maillot indica bien a las claras que procede de tierras cálidas, sensuales y desinhibidas.

Con un gesto elocuente invita a la susodicha a que le acompañe al vestuario, donde tiene pensado darse una ducha, y donde puede sacar un ratillo para darle una clase particular de zumba. Bueno, en concreto la clase que pretende darle es… de zumba-zumba, que es como de zumba pero más intensa. Creo.

Paquita comienza a andar como un cabestro, una cabestra para ser más específicos tras aquel mozo con andares chulescos (si el que lo describiera fuera un tío. Si fuera una tía diría con andares sensuales y seguridad en sí mismo), que tiene cierta urgencia por llegar para dejar de exhibir el “peazo” cosa que ya va siendo a cada momento más evidente. Intenta tapar el bulto con la toalla para evitar dar un escándalo en el camping.

La otra Paquita se anima a seguirlos de la misma ciega y cachonda manera y con las mismas urgentes necesidades que su tocaya. Ese pedazo de tío tiene que tener amor para las dos, sin duda alguna. Digo… tiene que tener arte para dar dos clases de zumba-zumba al mismo tiempo.

¡Por fin! entran en el vestuario masculino y el mulato, que dice llamarse Dinio, cierra la puerta por dentro. Paquita y Paquita continúan babeando. Y por la boca también les cae algo de babilla.

En un santiamén, Paquita y Paquita se quedan como Dios las trajo al mundo, pero con las colgaduras un poquito más colgonas, y se abalanzan como verdaderas cafres, con ansia furibunda contra Dinio, que al ver tanta efusividad se acojona un poquillo.

Toqueteos, lametones, más toqueteos, más lametones consiguen que Dinio se ponga en estado de ofrenda a la bandera, con el mástil bien alto. Pero es tanta la furia de las dos Paquitas que al pobre hombre incapaz de controlar la tensión se le destapa el tapón de la gaseosa y se deja ir muy a pesar de las damas que no se están comportando como tales, con delicadeza y mesura, sino más bien como verdaderas nibelungas.

Pero las mujeres no se desaniman y achacan el incidente a su propia pericia. Tras unos instantes de confusión vuelven a la carga con la esperanza de que a la segunda vaya la vencida.

Vuelta a la faena, toqueteos, lametones, más toqueteos y más lametones… más toqueteos nerviosos y más lametones alterados y…

¡Dinio se ha venido abajo!

La cara de decepción de Paquita and Paquita es memorable.

Por más que lo intenta Dinio, ante el exigente, ansioso y arrasador ataque de Paquita and Paquita, le ha podido la presión y él, follador experimentado,  experimenta, valga la redundancia, lo que es la frustración de un gatillazo, trágica experiencia ibérica donde las haya.

Al cabo de media hora de intentos infructuosos, las Paquitas deciden dejar por imposible la cosa, flácida y colgona, llegando a la conclusión de que la sensualidad caribeña… la sensualidad caribeña… Tu-ru-rú, que en este caso no ha hecho honor a su fama y se ha comportado igual que uno de cincuenta en Alcázar de San Juan el sábado que le toca.

Al menos, así se han sentido las dos mujeres, igual que tras una faena pseudodeplorable de cualquiera de sus costillos. Con las ganas.

Defraudadas se visten (es un decir) con los mínimos bikinis y se marchan al bar del camping a tomarse unos gintonics para suavizar el mal trago, y es un decir porque lo que es tragar no han tragado nada para una ocasión en la que se desmelenan.

A Dinio, con cara de pasmo, se le escapa una lágrima. A sus 28 añitos caribeños… siente que el mundo se le ha venido encima, y se siente… acabado. Seguirá dando clases de zumba porque tiene un contrato pero… no de zumba-zumba, piensa que para eso… ya no vale.

Ninguna de las dos Paquitas lo llega a decir en voz alta pero, abrazadas y tambaleándose por el efecto nocivo de una sucesión de terapéuticos gintonics (Ocho o nueve, creen) ambas tienen en mente el mismo lúgubre pensamiento:

—¡Mierda de zumba! ¡Mierda de Caribe! ¡Mierda… de vida!

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28 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. IX

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  2. icástico dijo:

    Yo soy el zumbalú y me la corto, tanto ímpetu hispano delante y se desfonda

  3. antoncaes dijo:

    Que el verdadero poder esta en la mente? Que se lo digan a las Paquitas. se lo sacan a lametones Jajajaja

  4. marguimargui dijo:

    Ay joder que mala suerte, que dieron con el mulato del gatillazo… Y dicen las malas lenguas que ya tiene que ser mala pues los colombianos no conocen que es quedarse mirando

  5. Óscar dijo:

    Vaya tela de mulato… Ese es el que da mala fama al resto

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