JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING VIII

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JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VII (Primera parte)

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING VII (Segunda parte)

 

Organizada la mañana con el beneplácito de los interesados e interesadas, tras una serie de besitos y cariñosos “caris” que no son sino una suerte de verificación de que cada cual en las dos parejas se asegure de que su costillo/costilla va a estar alejado del otro durante un tiempo prudencial y terapéutico, Juan Eulogio y Edelmiro salen del camping con una carta de libertad temporal de unas horas… y Paquita and Paquita, con sus mejores galas, es decir, unos bikinis de unos años atrás cuando estaban más delgaditas, y que les permite, más bien les obliga a enseñar bastante más de lo que tapan, marchan con una sola y obsesiva idea en la mollera: Comprobar in situ cómo se mueve el mulato que da clases de zumba y ver si es posible recibir “clases particulares de baile” en algún rinconcito discreto del camping. Porque ellas, mujeres liberadas … lo valen.

La barrera de entrada, bueno y de salida del camping, se abre al identificar el lector automático la matrícula del coche de Edelmiro y nada más bajarse esta a sus espaldas, sin saber por qué, ambos hombres, ya amigosparasiempreaylolailolailolá, se sorprenden cantando una cancioncilla que expresa bien a las claras su momentáneo estado de euforia:

“Litros de alcohol

Corren por mis venas

Mujer,

No tengo problemas

De amor,

Lo que me pasa es que estoy loco por privaaaaar”

Pero justo antes de salir a la carretera que une el camping con el pueblo son detenidos por alguien estrafalariamente uniformado y tocado con un cuatricornio o sombrero de cuatro picos en lugar de tres como acostumbra la benemérita, con lo cual se deduce que el agente no pertenece a ese cuerpo.

Sorprendidos, nuestros amigos paran el coche ante tanto aspaviento y resulta que el agente de la autoridad no es tal sino un agente de la SGAE que está intentando encasquetarles una multa por cantar una canción con derechos de autor y utilizar el nombre de Ramoncín en vano.

El hombre, experto recaudador donde los haya, se ha colocado frente al coche de Edelmiro cortando una posible y mezquina huída, con la intención de clavar a sus ocupantes con el susodicho impuesto.

Pero Edelmiro, que es perro viejo y tiene la piel del escroto ya bastante curtida, acelera llevándose por delante al esperpento de la SGAE que se queda en el camino de acceso al camping quejándose amargamente por tener rotas varias costillas y probablemente la cadera, que le empieza a hacer un juego extraño.

Juan Eulogio abre su ventanilla y desde lejos grita al pobre hombre que yace malherido (sobre todo en su orgullo) en el polvo del camino (polvo del de “Uy que asco, cuánto…” no del de “voy a echar un…” aunque a veces se entremezclen los dos significados y se dice “¡Vaya asco de … que me han echado!”. En fin, que me voy por los cerros de Úbeda):

—¡Y dile a Ramoncín que si tiene huevos que venga él a cobrarnos los derechos de autor! ¡¡¡¡¡ GILIPOLLAS !!!!!

Y como afianzándose en su teoría, o lo que viene a ser haciéndose los chulitos, ambos amigos comienzan a cantar “El rey del pollo frito” haciendo ruedas en la carretera. Se han tomado en serio lo de la mañana de asueto y van, verdaderamente, desmandados.

El trayecto hasta el pueblo es corto pero tienen las gargantas secas de desgañitarse cantando, así que Edelmiro, que ve un cartel antes de entrar en la población, que reza “Bar La dulce Miel” da un volantazo brusco y se introduce en el vacío parking del establecimiento con la intención de tomar unas gordas y refrescarse antes de entrar al Mercadona local. Para ser sinceros, el aparcamiento no se encuentra vacío del todo. Algún camionero fatigado por kilómetros de ruta se ha detenido allí, se supone que a descansar, aprovechando lo espacioso del mismo.

El lugar se encuentra demasiado desierto y los neones que pueblan la fachada, ahora apagados por ser pleno día, inducen a Juan Eulogio a elucubrar sobre qué tipo de bar es ese, que tiene todas las ventanas cerradas a cal y canto. Una sombra de sospecha le hace pensar mal de Edelmiro, o si no mal sí a barruntarse que Edelmiro está ahora en terreno amigo.

Las sospechas de Juan Eulogio se confirman cuando tras traspasar la pesada puerta del establecimiento una voz desde la barra les grita:

-Coño, que hasta las seis de la tarde no abrimos, ¡No seáis cansinos, jod… ¡Hombre, Don Edelmiro, muy buenos días! ¿Qué le apetece tomar? ¿Lo de siempre? Ahora mismo llamo a la Juani, que casualmente se encuentra en el local.

 

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9 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING VIII

  1. marguimargui dijo:

    Uy uy uy, no sabía yo que además eran puteros ….

  2. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. IX | borderline

  3. Óscar dijo:

    encontró a Juan Eulogio”, je je je. Un abrazo.
    PD. El VII parte 2 creo que no tiene enlace a este.

  4. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VII (Segunda parte) | borderline

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