GAÑAN´S STORY

EL EUFRASIO Y EL EFRAÍN

La última frase había resonado alta y clara en aquel bar y su eco parecía continuar rebotando indefinidamente por las paredes como si por fin se hubiera inventado el movimiento continuo.

De repente dejó de sonar, desde el rincón donde se encontraba la televisión, el telediario, con sus gilipolleces habituales. Alguien, o algo, estaba tratando de dar fuste a la escena y para ello se requería silencio. Al menos no se necesitaban mentiras voceadas desde la caja tonta.

El Eufrasio, mientras hablaba, mantenía la mirada sobre la mirada de su interlocutor, sin achantarse un milímetro. ¡Pa cojones los suyos! Él tenía salero para eso… y para mucho más si se terciara, anque su familia se queara sin comel una semana. No le iba a amedentral ese cabrón del Efraín por muy rumboso que se creyera, cuando la puta verdad es que no era más que un muerto de hambre, un destripaterrones de medio pelo que no era capaz de distinguir una patata de un nabo.

El Efraín debía reconocer que en un principio, aquella propuesta  del Eufrasio, hecha con tanta vehemencia, tres cojones le importaba lo que significara ese palabro, le había pillado un poco a traspiés y por instantes no supo qué responder.  Las gotas de sudor le resbalaban por la frente provenientes del interior de su boina. Hacía calor o… ¿Acaso fueran las tres copas de aguardiente que se había jincao en cá el Manolo antes de entrar a aquel antro, el condado de la fritanga, donde se encontraba, que le estaban dando calorina? Se desencajó la boina y con un pañuelo que había sacado de su bolsillo, el del mes de julio, se secó la sudó de la frente y del resto de la calva, que adquirió ese brillo que solo la mezcla de sudor y sebo es capaz de conseguir.

El silencio se espesaba y podía mascarse como un moco pertinaz en aquel local, y el olor a torreznos que lo invadía todo impregnaba el ambiente con un toque entre  misterioso y  asfixiante. No en vano la campana extractora de la cocina del bar había dejado de funcionar hacía varios días y cada vez que la Ciriaca usaba la sartén, el humo del aceite requemado llenaba la cocina y el bar entero, provocando que el Carmelo, una miaja asmático, tuviera que salir tosiendo de allí. Bueno, tosiendo… y cagándose en tó los muertos de la Ciriaca, que todo hay que decirlo.

El Eufrasio se pasó el dorso de la mano por los labios para secar un incipiente hilo de baba que se le escapaba cuando el efecto relajante del aguardiente comenzó a hacer de las suyas acorchándole gran parte de la boca.

El Eufrasio y el Efraín continuaban clavándose sus pupilas… en sus pupilas azules,  y su cejas corridas (una cada uno)  se alineaban casi perfectamente  con el dobladillo recosido de sus boinas que se les marcaba en la frente y les hacía señal en el pelo. Los ojos de ambos emitían algo parecido a destellos de inteligencia, de una inteligencia especial un tanto nublada por los efectos del alcohol, claro, pero inteligencia al fin y al cabo.

Y como hombres inteligentes que aparentaban ser, claudicaron, sabedores de que no merecía la pena salir a guantazos por una tontá.

–¡Cagonrós! –Dijo el Efraín.- Venga ese chato, que no te lo vi a desprecial. Que te aceto la invitación. Hoy pagas tú. Pero mañana… mañana por mis cojones que te emborracho so hijoputa.

El nivel de tensión, que llevaba con la aguja en rojo ya un buen rato comenzó a descender. Los testigos de aquel amago de bronca respiraron aliviados tras haber sufrido una peligrosa congoja por muchos minutos esperando con ansiedad ver de quién era la primera hostia que se escapaba.

Y ambos hombres se abrazaron riendo y con lágrimas en los ojos, sin mariconadas, como dos auténticos y genuinos gañanes que eran, zanjando la discusión y evitando así una tarde aciaga de brechas en las cejas y dientes rodando por el suelo.

De algún rincón del bar surgió como por arte de mágia un sonido que… una música que… ¡Cooooñó! ¡Estaba sonando la banda sonora de la pinícula ET cuando la nave sale volando al espacio!

Los parroquianos lloraron emocionados aquella tarde como hacía años que no lo hacían, y es que la rudeza de los hombres curtidos al aire helado de la sierra no era incompatible con tener sentimientos, cagonlamadrequemeparió.

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11 respuestas a GAÑAN´S STORY

  1. antoncaes dijo:

    Jajaja. Muy bueno cuanto tiempo hacía que no sabía yo de estos energumenos, si nos hemos criao juntos allá en el pueblo ja que tiempos aquellos. Mira tu que estos han estao a la greña siempre desde que tengo uso de la razón, siempre al desquite son mu cabezones los dos.
    Buena historia es de esas que te ayudan a liberar la tensión acumulada después de un día de stress, divertida, entretenida y con ese estilo campechano de una época ya muy distante. 😉

  2. torpeyvago dijo:

    Talmente paíce que fue ayer. Siejque fue antayer mismamente que le pasó lo mijmico, lo mijmico, al Emeterio, «Panzagato», con el hijo de la Juliana, la de los «Albercos», en el bar del «Curiana». Pero ahí si que me se liaron a puñás Y tó pol empeñase el Panzagato en pagar la penúrtima —que la úrtima no se ice nunca—.
    Jasta que la «Domin», la mujel del Curiana, con sus tres cuartas, que más no levanta del suelo, los agarró, y cada uno pesa como dos gorrinos de San Martín, y los echó a laputacallecoooñoyá.
    Y el uno echando sangre por la nariz y el otro por la uniceja se cruzaron al bar del «Tolo», tan amigos.

  3. marguimargui dijo:

    Qué tiempos en los que peleábamos por esta la pago yo…

  4. icástico dijo:

    Hasta los gañanes tienen su corazoncito y sus emociones.

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