JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VII (Primera parte)

EN CAPÍTULOS ANTERIORES…

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. II

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. III

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. IV

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. V

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VI

 

Si bien la mañana ha amanecido soleada y radiante, aunque algo fresquita por ser las fechas que son, no ha sido así del todo al menos en la cabeza de Juan Eulogio, donde los elementos se han desatado con verdadera furia. El mundo le ha dado los buenos días dando vueltas a su alrededor, del mismo modo que le despidió al acostarse. El sufrido sufriente, en su línea por simplificar el lenguaje, llama a esta serie de síntomas “Resacón de puta madre”. No es la primera vez que los sufre, así que sabe de lo que habla.

Como no han hecho la compra, cosa que tienen planeado hacer durante la mañana de este día que amanece, no tiene si quiera una bolsita de manzanilla con la que asentar la marejada que sufre en su estómago o una aspirina con la que mitigar al malino que no hace más que darte patadas en el interior de su cráneo.

Mira hacia el lecho, del que Paquita (The Juan Eulogio´s wife, no nos vayamos a pensar lo que no es), una vez percibido el vacío dejado por su costillo, ha tomado posesión con brazos y piernas estirados ocupando toda la superficie de la cama y ronca como un ciervo macho en una berrea, aunque con cierta elegancia, eso sí, con sugerentes movimientos de su cuerpo. O eso… o está teniendo un sueño tórrido del que Juan Eulogio prefiere no saber quién es el protagonista.

—Míra la hijaputa cómo duerme. –piensa Juan Eulogio mitad rencoroso, mitad envidioso- Cualquiera diría que entre las dos Paquitas fueron capaces de acabar anoche con dos botellas de Baileys enteritas.

Juan Eulogio, tras asearse en el pequeño baño del bungalow intentando hacer el menor ruido posible para no despertar a su costilla, y vestirse de sport con su chándal del Real Madrid comprado en el mercadillo y sus zapatillas Daidas, decide salir afuera a ver si con la fresca se le pasa un poco el malestar general que le embarga.

Pero nada más abrir la puerta que da acceso al pequeño saloncito desde la habitación del matrimonio, Juan Eulogio escucha un potente y amenazador rugido. Lo primero que piensa es en que de algún zoo cercano se ha escapado y colado en el camping algún gran felino hambriento y, con la mala suerte que tiene, ha ido a parar justo a su bungalow.

El salón está en penumbra, así que nuestro héroe se tensa temeroso de que de un momento a otro se produzca el ataque que sigue al amenazador rugido. Se queda quieto, muy alerta, no mueve ni un pelo. Entonces, como para corroborar sus temores vuelve a escuchar el mismo e inquietante sonido a no más de un par de metros por delante de él. Esta vez, al rugido le siguen una serie de sonidos guturales que Juan Eulogio no es capaz de interpretar, y a continuación una especie de suspiro lastimero que se prolonga durante unos larguísimos segundos  en los que nuestro héroe se encuentra cada vez más desconcertado y medroso. Apenas a un segundo de acabar el suspiro Juan Eulogio distingue una especie de voz de ultratumba que parece decir:

—¡Aaaaaaay señor! Llévame pronto.

Y acto seguido se sorprende con el más que desagradable sonido de un cuesco trompetero y burbujeante.

A Juan Eulogio se le cambia el semblante de sopetón. De tener la cara contraída por el miedo  a ahora, conocedor del secreto que escondían los rugidos escuchados,  tener cara de gilipollas. De gilipollas con mala leche, eso sí, porque como si la cucaracha le hubiera dedicado tan soberbia actuación, pues es la cucaracha el origen de tales sonidos,  lógicamente, se acaba de comer él solito toda la ventosidad en una potente inhalación en la búsqueda de oxígeno tras la tensión de momentos anteriores.

Lagrimeando intenta escabullirse sin conseguirlo de aquel mortífero y hediondo abrazo pero con las persianas bajadas, la visión en el interior es precaria, sobra decirlo. Y sin darse cuenta, no es tan ruin, pisa la mano vendada de su suegra que tiene, colgando el brazo desde la cama, extendida en el suelo. La mano cruje un poco cediendo al peso de Juan Eulogio que justo en ese momento se percata de la magnitud de la tragedia y se echa la mano a las orejas para mitigar el alarido que espera inminente.

Pero la cucaracha tiene el sueño tan profundo que la fase REM para ella es simplemente sueño ligero y debe estar cercana al coma, porque ni se inmuta con el pisotón. Juan Eulogio respira aliviado. Cuando se despierte y le duela lo achacará a la quemadura.

Si algún gesto puede describir lo que viene siendo una sonrisa de cabroncete, esa es la cara de Juan Eulogio tras pisar la mano de la cucaracha. Así que igual sí es tan ruin.

Antes de salir del bungalow decide entrar a inspeccionar la pequeña habitación de los nenes donde apenas cabe la litera donde duermen. Es el único rato del día en el que están, y dejan a todo el mundo, en paz, como verdaderos angelitos. Pero es echar la mano al picaporte de la puerta cuando, dentro, escucha un tremendo batacazo. Abre la pequeña habitación asustado, con el alma en vilo y se encuentra a Elyónatan estampado en el suelo, profundamente dormido. El nene es movido, ya sabemos, y no tiene mentalmente dimensionada la litera y como dormía en la de arriba pues… ¡Se ha pegado una hostia de campeonato! ¡Menos mal que el suelo del bungalow es de tarima y amortigua el golpe, que si no…

¡Y el cabronazo ha salido ceporro como la abuela! ¡No se ha despertado con tremendo golpe!

Juan Eulogio le recoge del suelo y cariñosamente lo vuelve a depositar en su cama. Besa su frente donde ya está empezando a salirle un buen chichón, otro de tantos.

Por fin sale del bungalow y en la puerta siente el frescor mañanero que comienza a recargarle las baterías. Dirige la mirada a la parcela de enfrente, donde Edelmiro y Paquita (the Edelmiro´s wife) tienen plantada la caravana. En un principio no aprecia movimiento, todo está en calma, lo que le hace suponer que ambos estarán aun durmiendo, que es lo que por otra parte estaría haciendo él mismo si no sintiera esa presión intermitente en su cabecita, martilleándole con crueldad.

Sin embargo, tras una silla de camping alta, observa algo de movimiento y algún que otro quejido. Se trata de Edelmiro, que se ha levantado con el mismo mal que su nuevo muy mejor amigo, es decir, completamente resacoso.

-Buenos días, compañero. -Saluda Juan Eulogio adentrándose en la parcela de Edelmiro.

-Hombreeeee, amigoooooo ¿Qué tal  esa cabeza?

-Mira, no me hables que de un momento a otro me va a estallar. ¡Puñeteros licores!

– Sí. La verdad es que nos pasamos un poquito. Pero estuvo bien la velada ¿Eh?

-Eso sí. Sobre todo el rato ese…

-Ja,ja,ja ¿El asado de cabestro? -Pregunta Edelmiro hablando en clave del incidente con la cucaracha y con una sonrisa en los labios.

-¡Qué dura es la muy puta! ¡Y qué cansina! Tú no te imaginas lo que tengo sufrido con ella.

-La verdad es que te compadezco, amigo. Por cierto ¿Qué tal llevas esa resaca? No te veo muy buena cara.

-Pues me encuentro fatal, y encima no tengo una aspirina para que se me quite este dolor de cabeza ni una mísera infusión para calmar el estómago.

-¡Pero hombre, por Dios! ¿No me lo puedes pedir a mí? Nosotros siempre venimos preparados al camping. Son años de experiencia y muchas kurdas cogidas en las noches de verano.

-Pues la verdad es que venía con esa idea, porque con eso de no haber ido a comprar ayer no tenemos de nada.

Edelmiro entra en la caravana y sale al momento con un bote de Mahou y una caja de aspirinas.

-Juan Eulogio, al ver la cerveza, reprime un par de arcadas recordando la borrachera de la noche anterior.

-Esto -le aclara Edelmiro acercándole el bote- con una aspirina es lo mejor que puedes  tomar para que se te quite la resaca de golpe. Tú hazme caso que yo de esto entiendo un poco.

Juan Eulogio, que ahora confía ciegamente en aquel extraordinario hombre se toma la aspirina y la pasa por el gañote bebiéndose la cerveza de un solo trago.

Sorprendido, se da cuenta de cómo a medida que el líquido va llegando a su estómago, se va encontrando cada vez mejor y para cuando se ha bebido la cerveza entera el dolor de cabeza se le antoja un mal sueño, porque casi ha desaparecido. Con la segunda Mahou antes del desayuno Juan Eulogio no solo ha recuperado su ser, sino que comienza a sentir claros signos de euforia. Por eso, cuando Edelmiro le propone ir a comprar unos churros a una churrería que hay justo en la puerta del camping, Juan Eulogio acepta animado. Ya le va pidiendo el estómago algo de condumio, que beber sin llenar el buche no es cosa que se pueda considerar sana. Además deciden ambos compañeros de parranda hacer acopio del grasiento desayuno para que Paquita and Paquita tomen su primera comida del día como Dios manda. También los angelitos de Juan Eulogio y ¡Cómo  no! su particular demonio encarnado en morsa entrada en años.

Allá que se encaminan disfrutando de la paz que se respira en un camping a esas tempranas horas en las que solo están levantados los guiris jubilados que vienen decididos a llevarse la mayor cantidad de luz y sol posible en sus blancas pieles, acompañadas de todo el alcohol posible, que en nuestras tierras es bastante más asequible que en las de ellos.

Edelmiro, haciendo gala de su experiencia campista y su don de gentes va saludando a unos a otros con un “Good morning”, “Bonjour” o “Guten morguen” dependiendo de la procedencia de los extranjeros alojados en el camping.

Caminando por el arcén de la carretera llegan enseguida al pueblo, que está muy cerca del camping y entran en la churrería en la que a esa hora hay bastante gente tomando churros con chocolate.

Edelmiro y Juan Eulogio, hermanados por un ancestral instinto de caza se percatan, tras una rápida misión de reconocimiento de los clientes del local, de que en una de las banquetas de la barra hay una maroma, extremadamente alta, una larga melena rubia y con una minifalda de esas que quitan el “sentío”, y que se está tomando una copa de brandy ensimismada en sus pensamientos.

Juan Eulogio no puede evitar colocarse a su lado y en voz baja y tono muy sugerente le dice:

-¿Qué hace una chica tan guapa como tú en un sitio como este?

Original, original… no es, la verdad. Pero el mensaje llega de pleno a la señorita que con rosto algo fatigado pero sonriente se vuelve hacia el poco innovador piropeador. Al volver la cara hacia los dos hombres, Edelmiro, que parece reconocer a la mujer, da un codazo en el costado a Juan Eulogio…

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16 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VII (Primera parte)

  1. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VI | borderline

  2. torpeyvago dijo:

    ¡¡Güeno, güeno, güeno!! el pobre Juan Eulogio se las encuentra todas de frente. Interesantes aventuras, perfectamente comparables a las de un caballero andante —al fin, sensación ecuestre en movimiento— o un aventurero espacial. Me he merendado las siete de golpe, y me quedo a la espera de la siguiente.

    • cmacarro dijo:

      Joé, muchas gracias. Si quieres leer más aventuras de Juan Eulogio, en el apartado de categorías en el blog hay una sección. Y si quieres leer las aventuras de Edelmiro Páez puedes descargar los libros en http://www.amazon.es/asurda-inque%C3%ADble-historia-Edelmiro-P%C3%A1ez-ebook/dp/B018BQJMOY/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1448291861&sr=1-2&keywords=Edelmiro+paez

      Y si no tienes kindle o lector de kindle, me lo dices y te lo mando en PDF.
      Un abrazo y de nuevo muchas gracias por tu entusiasmo.

    • cmacarro dijo:

      Por cierto, que no puedo hacer comentarios en tu blog o seguirte. Se han debido meter las meigas por medio o algo, ja,ja,ja

      • torpeyvago dijo:

        Parece que está solucionado ¡Pero te juro por las meigas que no he sido yo!, jaja
        Sí a lo del libro de Páez, lo he intentado con amazon pero tengo un problemilla logístico con ellos, por lo menos tres o cuatro libros atascados, pero me han dicho que me lo solucionan en breve. Tengo ganas de conocer a «Pánzer»: Paellas de chucrut, ¡oh, yeah!, digooo, ¡yagol!

      • cmacarro dijo:

        Si me das una dirección de correo te lo mando. Lo único es que tiene que ser en PDF.

      • cmacarro dijo:

        Una pregunta tonta (Y ahora te explico) eso de las paellas de chucrut ¿de dónde lo has sacado? Es que verás, llevo dándole varios días, desde que estuve en Alsacia en escribir un post que iba a titular “Paella versus chucrut” ¿Casualidad? Quién sabe, ja,ja,ja

      • torpeyvago dijo:

        torpeyvago@gmail.com
        Me lo acabo de inventar ¡de verdad de la buena! No conozco a Pánzer, pero siendo hijo de España y Alemania, me lo imagino bebiente y comiente, y de ambos lados, la paella y el chucrut, la fabada y las salchichas de pato, la weissbier y la rubia, el vino de Alsacia y el tinto de mi pueblo. —Menos mal que acabo de cenar, porque me estaba entrando un hambre…— Y las migas de mi suegro, que son de genitales masculinos hinchados —cojonudas para los espesos de sesera—

      • cmacarro dijo:

        Ja,ja,ja Entonces estamos en la misma onda. O eso, o esto es un suceso para anormal, es decir, para mí.

  3. antoncaes dijo:

    Jajajaja Yo me parto cada día más con estos dos, me veo venir a la rubia armada y lista para dar guerra jajajajaja.

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  7. Óscar dijo:

    No sé cómo el reader me ha ocultado tantas continuaciones de esta genial historia…

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