JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VI

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JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VI

El resto de la barbacoa transcurre sin más incidentes dignos de reseña, lo cual es de agradecer por parte de esta familia tan fustigada por el malino, que otra cosa no se entiende.

La cucaracha, a pesar de su temporal minusvalía, ha quedado campeona cum laude de barbacoing gracias al extraordinario número de presas capturadas y engullidas, con el mérito añadido de tener una mano operativa solo al 25% y suspira hartita, encajada en la tumbona, con la tripita… tripota… tripaza… llena y serias dificultades de su diafragma para llenar los pulmones de aire.

Para ser el primer día no ha estado mal la cosa, piensa Juan Eulogio, que comienza a relajar toda la tensión acumulada durante la jornada.

La sobremesa transcurre plácidamente, aderezada con una variada colección de digestivos de los que los adultos están dando buena cuenta. Cada uno apura su vaso lentamente, con deleite, relajándose con cada sorbo y preparándose lentamente para abordar el lecho reparador tras un día intenso de toma de contacto con el mundo del camping por parte de Juan Eulogio y su familia.

Elyónatan y Layésica han abandonado la reunión y han vuelto a salir en busca de aventuras pero, a tenor de los sonoros bostezos que emiten cada poco tiempo, sus padres les dejan ir, tranquilos, porque ya no les quedan muchas energías para armar un nuevo lío.

Edelmiro, campista avezado y con recursos, ha colocado colgada de una de las ventanas de la caravana, por la parte exterior, una televisión pequeñita, donde las dos familias se agilipollan viendo Gran hermano XLII, el “pograma” de moda, y conversando con la intimidad que una reunión de esta índole proporciona a sus participantes, como todo buen campista ha de saber.

¿Todos?

No, todos no. En una remota aldea gala… Quiéicir…  que la cucaracha, algo corta de vista, ha desistido de mirar al pequeño televisor y se afana con absoluta dedicación a una tarea a la que parece haberse entregado en cuerpo y alma.

Juan Eulogio, que siempre tiene un ojo alerta enfocado hacia su suegra y alrededores, por lo que pudiera pasar, abre los dos como platos al tiempo que da un disimulado codazo a su ahora muy mejor amigo Edelmiro para que preste atención a su suegra.

Esta se ha deshecho el moño tomando apariencia de arpía, según la sesgada opinión de su querido yerno,y se ha quitado la dentadura postiza sosteniéndola con la mano izquierda, mientras que con los dedos de la mano derecha, que le sobresalen un poquito por el borde del vendaje muy manchado de pringue, sujeta un palillo de madera con el que afanosamente va quitando los “paluegos” de chorizo y panceta que se le han ido quedando incrustados en los huecos interpiños postizos cual brillantes firmemente engarzados en un anillo de oro. Tiene trabajo porque se aprecia gran cantidad de estos restos destacando su color de carne masticada sobre el marfil añoso y amarillento de la dentadura. ¡Y algunos son ciertamente grandes!

Juan Eulogio y Edelmiro no pierden detalle de la operación y se muestran expectantes y atentos a los acontecimientos. Pero lo que más les admira a la par que les asquea es que, una vez atrapado el trocito de carne con la punta del palillo, la cucaracha, cual si fuera un sofisticado y meloso scargot aderezado al estilo de la nouvelle cuisine francesa se lo introduce en la boca ¡Y se lo come! ¡La muy guarra!

La cara de disfrute de la señá Virtudes es un cuadro, cubista pero cuadro al fin y al cabo, saboreando por segunda vez las viandas de las que le provee generosamente como maná del cielo la prótesis dental.

Juan Eulogio no puede evitar mezclar arcadas con risas y risas con arcadas. Edelmiro hace lo mismo por solidaridad y también por asco ¿Para qué nos vamos a engañar? Paquita (TheEdelmiro´s wife) pasa a la caravana un tanto afectada por la visión y Paquita (The Juan Eulogio´s wife) recrimina, muerta de la vergüenza, la impresentable actitud a su madre:

—Pero mamáaaaa. ¡No seas cochina, joder! ¡Que no estás sola en tu casa! ¡Qué mujer por Dios!

Pero la cucaracha, bien porque se acuerda del hambre pasada durante la postguerra, bien porque en verdad es una guarra redomada, bien porque no puede evitarlo porque es así de cutre, a escondidas acaba de repelar la dentadura. Semeja la imagen sin faltarle un detalle a la de la escena de la película de El señor de los anillos, en la que Gollum es poseído por el poder del anillo, murmurando aquello de “Es míiiiiooo, mi tesoooooroooooo”, con cara… pos eso, de poseso.

Va a tirar ella tanto trozo de chorizo y panceta… ¡Y una mierda como un capacho de grande!

Juan Eulogio se llena el vaso de cubata hasta arriba con licor de hierbas y se lo traga de golpe para poder pasar el otro trago, el duro trance al que le ha sometido su suegra. Edelmiro le acompaña y Paquita & Paquita proceden a hacer lo mismo pero con el Bayleys, cuya botella han dejado tiritando.

Juan Eulogio bosteza sin querer, amodorrado por la ya repetitiva ingesta de alcohol del día. Quisiera seguir disfrutando de la agradable velada con sus nuevos muy mejores amigos, pero su cuerpo le está pidiendo una tregua. A lo que se ve, al resto le ocurre lo mismo.

Elyónatan y Layésica llegan por la calle arrastrando los pies de puro cansancio y se da por teminada la reunión yéndose cada mochuelo a su olivo.

En la cama del bungalow mientras Paquita (The Juan Eulogio´swife, que nadie se llame a engaño movido por la lascivia, que no se han intercambiado las Paquitas) ronca como una borracha, Juan Eulogio está desvelado. No tiene motivos, al menos nuevos, para quejarse de la vida pero, medio borracho como anda, o quizás borracho por completo, no puede evitar que la cama le dé vueltas y más vueltas. Así es imposible quedarse dormido. Se levanta al baño a ver si es capaz de echar la pota para que se detenga el infernal meneo que hace que las cosas no paren de girar a su alrededor y entre arcada y arcada se lamenta de su ligereza a la hora de aceptar copas, de que ya tiene una edad y debería ser algo más comedido en el comercio y en el bebercio, de que no sabe qué tiempo va a hacer al día siguiente, de que el egipcio sea verdaderamente un idioma “inventao” y en definitiva de un sinfín de gilipolleces infundidas por el alcohol que está haciendo de la suyas en su cerebro:

¡Bierda de bacharán! Gruaaaaaajjjjjjjjpofpof ¡Bierda de Ruavieja! Auuuaaaaaarrrjjjjjjjjjjj ¡Bierda… de vida!

 

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9 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VI

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  2. Valeria dijo:

    Pintoresca imagen…

  3. antoncaes dijo:

    Jajajaja menudo final del día más apoteosico tanto ingerir para ahora potar.

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