JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. V

Si quieres leer la historia completa pulsa en los siguientes enlaces:

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING II

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING III

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING IV

 

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING  V

 

En un principio, Edelmiro, experimentado chef de la barbacoa ha albergado dudas sobre si el alcohol de las Mahous, que ya lleva unas cuantas en la sesión vespertina, le ha hecho ver lo que no es, es decir, que ha imaginado que estaba haciendo una tanda de panceta a la parrilla cuando en realidad eso no estaba ocurriendo. Si algo ha sospechado hasta el momento, ha quedado dicho que se lo ha callado prudentemente.

Pero a la tercera vez que desaparecen de la barbacoa las pancetas a medio asar, se percata de qué es lo que está pasando exactamente: Es ese manatí que responde al nombre de “suegra de Juan Eulogio” o cucaracha como él mismo la llama, el que está robando la comida. ¡La muy puta! Y la comida no se roba en el camping ¡Solo faltaría!

Pone entonces en marcha un plan que supone acabará teniendo el éxito esperado, que no es otro que ahuyentar a la ladrona de panceta, que encima se ha vuelto a integrar en el grupo con cara de inocencia, como si con ella no fuera la cosa. Edelmiro la ha calado. Juan Eulogio observa expectante.

Cual sigiloso cazador, Edelmiro aguarda el siguiente movimiento de su presa con las tenacillas de la barbacoa metidas entre el carbón al rojo vivo. No ha de esperar mucho tiempo hasta que el depredador (depredadora en este caso) intenta hacer una nueva incursión de castigo para volver a robar la comida al hombre blanco.

Una siniestra sombra acecha fuera del campo de visión del cocinero, aunque este está alerta esperando que se produzca el ataque. Una sutil maniobra de distracción por parte de la desvergonzada ladronzuela en forma de sonoro cuesco. Todas las miradas que se dirigen hacia el punto donde el desagradable sonido ha tenido lugar, de donde ella, rápida como una centella, acaba de huir. Una mano sibilina que, aprovechando el despiste general se acerca a la parrilla donde una tanda, esta vez de chorizos, se está asando desprendiendo unas gotitas de pringue que poco a poco van cayendo sobre las brasas levantando un penacho de humo que embriaga al más pintado con su olor. Unas tenazas de barbacoa al rojo vivo que enganchan a la ladrona por la muñeca con un desagradable siseo de carne quemada, carne de cucaracha… y un alarido espeluznante que apaga unas risas contenidas, las risas de Juan Eulogio que, pendiente de toda la escena, ha disfrutado con el desenlace más que un guarro en un charco con barro.

Edelmiro, que cuando quiere parece tonto, pero cuando no quiere, no, se abalanza sobre la cucaracha disimulando una preocupación que está muy lejos de sentir.

-Pero mujer de Dios, ¿Cómo se le ocurre meter la mano en la barbacoa justo cuando iba a darle la vuelta a los chorizos con las tenacillas? Y también es mala suerte que me las hubiera dejado entre el carbón encendido. ¡Madre mía! Debe de escocerle un montón.

La cucaracha no va a robar más viandas de la barbacoa de Edelmiro así se esté muriendo de hambre y Juan Eulogio… Juan Eulogio es un hombre feliz que cada vez se siente más a gusto con ese gran amigo que empieza a ser… Edelmiro. Es que… está empezando incluso a quererle ¡Vamos!

La cucaracha se retira de la escena del crimen acompañada de Paquita & Paquita en dirección al botiquín del camping para hacerle una cura de primeros auxilios en la quemadura de la muñeca. Mala cara lleva y no es por los dolores, sino por la humillación de ver descubierta toda su trama y, sobre todo, de pensar que se va a perder parte de la barbacoa con la excursión al dispensario del camping.

En la parcela, Juan Eulogio y Edelmiro se miran a los ojos… y rompen a reír estrepitosamente al tiempo que se preparan un choricillo entre pan y pan. Edelmiro se retira al interior de su caravana, trasteando por ahí, y al cabo de un minuto sale al exterior… ¡Con dos botellas de Franziskaner casi heladas!

Juan Eulogio, entre bocado y bocado, entre trago y trago y entre risa y risa, llora completamente emocionado mientras comentan la magistral jugada. Deciden hacer un alto en el asado de la barbacoa para esperar a las féminas; bueno, a las féminas y a la suegra de Juan Eulogio a la que no catalogan como mujer y sí como bicho inmundo.

Mientras hacen tiempo a que estén todos, Edelmiro, hombre afable y gran conversador explica a Juan Eulogio cuál es su máxima cervecil: Habitualmente bebe Mahou, pero cuando el presupuesto anda jodido, que suele ser a mitad de mes, se conforma con la Steinburg (la cerveza marca blanca del Mercadona), pero… para las ocasiones especiales… celebrar alguna cosa o agasajar a un buen amigo como es el caso, siempre guarda unas Franziskaner, la cerveza alemana a la que le aficionó su otro muy mejor amigo alemán, de orígenes españoles, Rafa Sánchez Panzer. Seguramente le recordaréis de maravillosos Best sellers como “LA ASURDA E INQUEIBLE HISTORIA DE EDELMIRO PÁEZ” o “EDELMIRO 3.0: SODOMA Y GOMORRA”.

Los niños han aprovechado el impasse antes de la cena para darse una vuelta por la calle donde se encuentra el bungalow y cotillear al resto de familias que a estas horas disfruta, al aire libre, de su cena campista y, si es posible, gastar alguna putadilla de las suyas.

Al cabo de una media hora, Edelmiro y Juan Eulogio ven venir a Paquita & Paquita que llegan flanqueando a la cucaracha que viene como si le hubieran absorbido el alma, doblándosele las piernas cada dos pasos.

—¡Ay señor! ¡Aaaay señor! ¡Aaaaaaaay señor!–Se queja amargamente la buena mujer, que viene con un aparatoso vendaje en la mano derecha, tambaleándose como si fuera malherida.

—Es que –Aclara Paquita (The Juan Eulogios´ wife) como es un poco histérica, le han tenido que dar un relajante para que se calme, ya le está haciendo efecto y viene que se duerme por las esquinas. Que no es naaaada mamá, una pequeña quemadura que en unos días ya estará curaaaaadaaa.

—¡Pobre! –Miente Juan Eulogio con un amago de sonrisa en los labios.- Pues si se tiene que acostar se va a perder el resto de la barbacoa… ¡Suegraaa! Si es que no somos nadie. Otra vez será, que hay más días que longanizas ¿Longanizas? Jua, jua, juaaaaaaa.

Juan Eulogio las está gozando viendo padecer a la criatura que él llama cucaracha. Pero ha sido pronunciar las palabras mágicas su yerno y la señá Virtudes, sacando fuerzas renovadas, se ha tensado dispuesta a no perdonar los chorizos ni las morcillas, así se esté muriendo de dolores.

Esto supone un revés emocional para Juan Eulogio que, resignado a la compañía, al menos sabe que su suegra, la ansiosa, inútil de la garra derecha por tenerla vendada no será tan efectiva y mortífera como si dispusiera de las dos y al menos no podrá coger las viandas a dos manos como acostumbra.

Cuando el grupo se dispone a sentarse a la mesa a dar buena cuenta de la cena se percatan de que los niños han vuelto a desaparecer. Aunque en esta ocasión la angustia dura poco pues arriban por la calle justo en ese momento, con caras de circunstancias.

Se incorporan a la cena, pero no han probado apenas bocado cuando escuchan voces en una parcela situada un par de calles más allá. De pronto todos aprecian un fulgor en la dirección donde se producen las voces y posteriormente una llamarada. Está ardiendo la tienda cocina instalada en la parcela en cuestión. Incendio que es sofocado con los extintores del camping. Parece que todo queda en un susto.

Los niños están serios, demasiado formales.  Layésica, por debajo del mantel entrega un mechero a su hermano. Juan Eulogio y Paquita les miran con un brillo de sospecha en sus ojos…

Pero por hoy ya han tenido suficientes aventuras.

—Venga comeos ya la carne que nos vamos a ver la actuación que el grupo de animadores del camping ha preparado para la noche. – Les comenta Paquita (The Juan Eulogio´s wife) pasando de todo más que nada por hastío y pereza de montar otra operativa anti-vándalos.

Los niños respiran aliviados, Paquita & Paquita respiran aliviadas, Edelmiro respira aliviado, la cucaracha intenta respirar aliviada pero no puede porque tiene la boca llena. Solo Juan Eulogio parece no sentirse aliviado y, como siempre, gruñe en voz baja, inundado por una desesperación crónica que le embarga continuamente y que le hace presagiar nuevas desdichas en un futuro no lejano:

¡Mierda de niños! ¡Mierda de suegra! ¡Mierda… de vida!

Siguiente capítulo…

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VI

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Juan Eulogio y familia. Guarda el enlace permanente.

17 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. V

  1. Jajaja eres un artista Cándido que risas con la cucaracha y familia 🙂 besos de domingo.

  2. antoncaes dijo:

    Jajajaja. Pobre suegra no hay compasión con ella. Jajajaja Si es que la hambre es muuu mala y la hambre no conoce de parentescos, aunque las cosas a veces se pongan calientes. 😉

  3. Óscar dijo:

    Ja ja. Juan Eulogio ya se queja de vicio. Para un fin de historia tranquilo…

  4. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VI | borderline

  5. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. IV | borderline

  6. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VII (Primera parte) | borderline

  7. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. VII (Segunda parte) | borderline

  8. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. IX | borderline

  9. Pingback: JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING VIII | borderline

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s