JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING III

Para seguir la historia igual convenía echar un vistacillo a los capítulos anteriores:

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING I

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING II

 

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING III

En ocasiones anteriores ya ha quedado dicho que para la elaboración de estos relatos no se ha maltratado o dañado a ningún campista.

Pasado el disgusto inicial por el golpe y hechas las presentaciones de rigor, Edelmiro, tras montar el chiringuito campista (Montar avance, colocar el cenador, la tienda cocina, las mesas, las sillas, la tele, la nevera auxiliar… ) o sea, un buen rato de curro bajo la atenta mirada de Juan Eulogio, que se ratifica en su nefasta opinión sobre el camping, intenta aplacar la ira de su nuevo muy mejor amigo (al menos su nuevo y muy mejor compañero de acampada) con una Mahou fresquita de las muchas que trae en una nevera portátil, llena hasta arriba de hielo. La experiencia es un grado. Período de tiempo angustiosos desde el momento en que uno arriba al camping hasta que tiene a su disposición cervezas frescas, que Edelmiro tiene convenientemente solventado por ser campista experimentado.

—¿Qué pasa compañero? No te preocupes por el golpe. Son gajes del oficio. Además lo paga el seguro.  –Dice Edelmiro alargando el brazo para ofrecer la cerveza a Juan Eulogio.- Esto es vida ¿Eh?

Juan Eulogio, aunque ya viene arrastrando las consecuencias de lo que lleva ingerido hasta el momento acepta de buen grado la invitación.

—¡Coño! –Razona con los esquemas mentales rotos por la inesperada acción de Edelmiro.- Alguien que ofrece tan altruistamente una Mahou… no puede ser tan mala persona.

Si las mujeres son intuitivas y se entienden entre ellas haciendo uso de su sexto sentido y de su perspicacia natural, los hombres no les van a la zaga, solo que para conseguir la compenetración han de utilizar un brebaje místico que les desinhiba de absurdos prejuicios masculinos y que les unifique en un solo espíritu, lo cual en otras circunstancias podría ser calificado, injustamente por otra parte, de mariconada: La Mahou. Es decir, suplen la intuición… con cerveza. Ello no es óbice para que el sexo femenino pueda utilizar también esta ayuda exterior y se aficione a esta forma de congeniar aprovechando las virtudes metafísicas de este brebaje ¡Que hay que ver cómo liban algunas representantes del sexo femenino! ¡Y cómo eructan tras ello cual gorrinas en la zahurda! Dicho sea esto en honor a la justicia y la paridad.

Parece que Juan Eulogio está comenzando a experimentar un cambio en la opinión que en principio se había forjado de aquel hombre, que ya no le parece tan gilipollas como precipitadamente había considerado. Y tras la segunda Mahou fresquita que le ofrece Edelmiro, ahora comienza a parecerle incluso un excelente campista y una buena persona ¡Qué cojones! ¡Un tío de puta madre!

Al cabo de dos horas de cánticos amigables, entre los que no han faltado el “Asdurias badria guerida”, “El vino gue diene Asunción” o “Glabelidos” poniéndose al día de sus vidas y milagros, Juan Eulogio y Edelmiro duermen la mona, en sus respectivos lechos, que nadie se piense que… bueno, es de suponer que no hace falta ni siquiera explicarlo ¿no? al borde del coma etílico.

Una incipiente camaradería acaba de ser forjada entre estos dos personajes con más cosas en común de las que ni siquiera ellos mismos podrían imaginar.

Paquita & Paquita, mujeres resignadas ante la gañanería de sus costillos pero resueltas donde las haya, han salido a dar una vuelta para inspeccionar el camping, comprobar in situ sus posibilidades y deleitarse con los monitores de zumba, que por cierto están para mojar pan. Y por supuesto para poner cara y cuerpo a una relación que ya en Facebook era muy cómplice. Y al contrario que sus vulgares costillos,se han detenido en una de las cafeterías del complejo turístico donde atiende tras la barra un camarero musculoso que da palique a las señoras,  a probar el vino moscatel que destaca en las estanterías de la barra. Los nenes han desaparecido de la parcela y tres cojones que les importa a sus progenitores que los suponen seguros en el recinto del camping, esperando que el servicio de vigilancia no les permita salir de él si es que llegaran a tener esta mala idea. . Probablemente esté sufriendo más riesgos el resto de la gente que puebla el camping que los propios infantes.

Paquita & Paquita resuelven parar a la quinta copa de vino, porque han decidido que hay que despertar a los costillos para dirigirse al Mercadona que hay en el pueblo cercano a hacer la compra para estos días. Ellas no lo aprecian todavía, pero el intenso calor que las hace ruborizarse visiblemente no es sino el preludio de la traición del moscatel, que entra de miedo pero sale algo peor. ¡Vamos! Que les ha pillado el toro.

Por momentos, ambas mujeres están entrando en un estado de euforia como consecuencia de la llegada ladina del alcohol a sus cerebros y llegan al lugar de acampada charlando con un elevado tono de voz  del que no son conscientes hasta que se percatan de que de todas las parcelas de la calle asoman cabezas interrogantes por ver qué está ocurriendo a tenor de los gritos y risas que las dos mujeres están profiriendo sin darse apenas cuenta. Son las cinco de la tarde y como todavía hay tiempo, deciden a emular a sus costillos, que aun duermen, y entran en sus elementos a echar una cabezadita.

La cucaracha, tras la siesta, está despatarrada en el sofá viendo “El secreto de Puente Viejo” novela a la que está enganchada desde hace años, pero continúa en la misma postura desde hace ya muchos minutos, y solo es posible detectar que no duerme porque ahora tiene los ojos abiertos. Si no fuera porque aun conserva su buen color de cara podría decirse que pareciera una difunta, porque no mueve ni los párpados.

A las ocho de la tarde Paquita, la costilla de Juan Eulogio, se despierta con un sobresalto materno:

-¡Coño! ¿Y los niños?

Demasiado silencio dentro del bungalow ha provocado el brusco despertar de Paquita, que se levanta con un dolor de cabeza y la boca pastosa pero alterada por la larga ausencia de sus vástagos que no han dado señales de vida prácticamente desde que se comieron los bocadillos de choped, hace ya algunas horas.

Juan Eulogio continúa dormido, por lo que es zarandeado violentamente y sin consideración por su costilla hasta que consigue sacarlo de allá donde se encontraba, lejos, muy lejos, a tenor de la cara de modorro que luce tras la larguísima siesta.

-Los niños no están. -Le dice Paquita con los nervios a flor de piel.

-¿Cómo que no están? -Juan Eulogio comienza a contagiarse de la inquietud de su costilla.

-Mamá, -Pregunta Paquita a la cucaracha- ¿Tú has visto a los niños?

La cucaracha ha hecho por fin un movimiento básico y estratégico para no gastar excesivas energías y, desde el cuarto de baño, entre claros signos de esfuerzo, responde:

-No. Por aquí no han aparecido en toda la tarde. Yo no los he visto.

Juan Eulogio sabe que aunque los nenes hubieran vuelto al bungalow su abuela no se habría dado ni cuenta pues tiene una gran capacidad de agilipollamiento concentratorio cuando se pone ante una tele y se evade del mundanal ruido como si de uno de los grandes místicos del siglo XVI (Equis, uve, palote) se tratara.

En un momento se monta la expedición de búsqueda a la que se suman Edelmiro y su Paquita (Edelmiro´s wife)  alertados por los gritos de sus vecinos y ya amigos. Repartidas las zonas del camping a rastrear y cuando ya se disponen todos a salir en la busca de los niños se escucha una explosión salvaje en el recinto, que les pone a todos los pelos de punta.

Paquita (The Juan Eulogio´s wife o costilla de Juan Eulogio) tiene un mal presentimiento tras escuchar la explosión.

-¿No habrá sido… -dice mirando a su marido.

-Elyónatan? -Concluye Juan Eulogio adivinando los temores de su esposa y sabedor de la afición del nene por la pirotecnia.

Edelmiro y Paquita (The Edelmiro´s wife o costilla de Edelmiro) cruzan una mirada de asombro al ver cómo los padres relacionan a sus nenes con una deflagración tal que bien podría haber sido el estallido de una bombona de butano o el petardo final de los fuegos artificiales de un pueblo cualquiera del Levante español.

Justo en aquel momento carraspean los altavoces de la megafonía del camping para desasosiego de Juan Eulogio y Paquita.

-Atención, atención. Se ruega a los papas de los salvaj…, ejém, de los niños que se hacen llamar Elyónatan y Layésica acudan con urgencia al centro de control del camping.

Paquita y Juan Eulogio vuelven a mirarse al tiempo que echan a correr hacia la oficina de recepción de las instalaciones con el alma en vilo imaginando decenas de posibles terribles escenas.

Sin embargo, Juan Eulogio no puede evitar murmurar con una nube de tormenta negra como la pena negra sobre la cabeza:

¡Mierda de prole! ¡Mierda de camping! ¡Mierda… de vida!

 

Siguiente capítulo…

JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING. IV

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13 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA… VAN DE CAMPING III

  1. Óscar dijo:

    Jajaja, y ellos, tan felices bombardeando el camping…

  2. cmacarro dijo:

    Los niños… son niños, ja,ja,ja. Espera al siguiente capítulo. ¡Joder! Este tema da mucho juego.

  3. antoncaes dijo:

    Tiene guasa que ni dormir la mona se puede en condiciones. 😉 Jajajaja Hay que ver que malajes de crios tiene este Juan Eulogio se parecen a mi cuando era un crío 😉 No ideaba una buena cuando ya estaba con otra entre manos. Jajajaja.

  4. cmacarro dijo:

    Cosas de críos, ya se sabe. Es preferible que estén haciendo putadas a que se queden quietos en un sitio y no se muevan.

  5. Jajaja que bueno Cándido y eso que me río porque tengo 3 Piezas de museo en mi casa. Besos y que tengas un encantador inicio de semana!!!

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