JUAN EULOGIO Y FAMILIA: LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA.

Marzo ha llegado de golpe, como por sorpresa. De repente la naturaleza ha decidido explotar en todo su verde esplendor. Los brotes comienzan tímidamente a abrirse y desde la carretera se aprecian las flores que salpican aquí y allá los árboles en el campo como si de una pintura impresionista se tratara. No ha sido un invierno frío pero ya iba apeteciendo un poco de primavera, sentir que la vida vuelve a fluir justo cuando y donde debe hacerlo.

Juan Eulogio la siente, la primavera, y aunque a él no es la sangre lo que le altera, sino los entresijos, pues suele venir acompañada de algún que otro síntoma de alergia y un desasosiego intestinal que le provoca inoportunas e inesperadas diarreas, acostumbra a vivir esta época con un fervor especial.

Pero por encima de todos los síntomas, pero que muy por encima, no puede evitar sentirse en una especie de comunión mística, espiritualmente unido a las alimañas del campo, las criaturitas de Dios, a las que la naturaleza, que es quien marca sus pautas porque sus malas cabezas no se lo permiten,  acaba de dar la señal de salida para la carrera de la perpetuación de la especie. Mamá Natura ha decidido que es en este momento cuando todos los seres vivos, más o menos bestias, han de caer en la trampa del placer, cebo  de la procreación para que las especies sobrevivan.

Allí andan los gatos maullando desesperadamente tras sus contoneantes y calentorras hembras, allá los perros olisqueándose el culo con veneración, allá las avecillas del cielo, que como la que le mataron al prisionero del romance, cantan al albor. Bueno, al albor y durante el resto del puñetero día que se pasan ensimismadas en los cánticos nupciales, con despliegue vistoso de plumas y graznidos, allá va en definitiva cualquier macho de cualquier especie haciendo el gilipollas de mil y una forma con el único objetivo de perpetuar la …, de follar.

Juan Eulogio, como ha quedado dicho siente bullir sus entretelas al compás de las notas primaverales que han terminado por embriagarle, en una borrachera de los sentidos que le obnubila el cerebro y le hace trasvasar la sangre del seso al sexo perdiendo capacidad de raciocinio.

Pero hete aquí que Paquita, su santa, que se acaba de leer las cincuenta sombras de Grey está, ¿Cómo decirlo? ¿más romanticona?  no se va a conformar con el clásico metesaca de cinco minutillos, arf, arf, arf, yaaaaa,  que es a lo más que aspira su costillo en cuestión de artes amatorias.

No. Cual hembra esquiva se hará la interesante para dar algo de juego al cortejo de apareamiento que con los años se ha ido convirtiendo en algo rutinario en el matrimonio.

Juan Eulogio siente la presión inmisericorde en sus entretelas e intenta por todos los medios lanzarse entre los brazos… entre las piernas de su santa, que no está por la labor.

Paquita, la mujer de Juan Eulogio también se ha percatado de la llegada de la estación del amor, ha detectado signos más que evidentes en su costillo, que echa las manos más a menudo de lo acostumbrado a pasear, sobre todo por su culo en gananciales cada vez que  ella pasa por delante de él. Los restriegues innecesarios cuando los cónyuges se cruzan por el estrecho pasillo de 80 centímetros.

Juan Eulogio no sabe por qué, pero se pasa las noches aullando a la luna o, en su defecto, arrimando cebolleta a su santa, que es capaz de controlar los instintos mejor que el verraco de su marido, a decir de ella misma, y que le rechaza con delicadeza.

     —No cari. –Le dice ella cariñosamente, valga la redundancia- Así, a lo bruto no. Hoy vamos a jugar.

Y maldita la gracia que le hace a Juan Eulogio, que eso del juego lo tiene asimilado al tute y no al folleteo.

Pero  tiene que tragar. O eso o intentar hacer una turné rotondil sin que Paquita se dé cuenta. Pero Paquita es muy viva y las caza al vuelo,  así que Juan Eulogio decide no arriesgarse de momento, a pesar de que se encuentra con las gónadas sexuales pletóricas de amor que ofrecer.

     —Venga. –claudica resignado- Vamos a jugar ¡Qué remedio! Tú ganas…

Paquita le propone un juego: Podrá tener sexo con ella, sí, pero para ello ha de irse de casa por un par de horas para que ella pueda preparar el ambiente propicio para tener una sesión de sexo  satisfactoria y original para ambos. Después le ha prometido Sodoma y Gomorra, como poco. La única condición que le pone es que, cuando llegue a casa, ha de venir disfrazado de Spiderman, por aquello del morbo, la magia y probar cosas nuevas.

A regañadientes Juan Eulogio accede y se baja al bar. Las expectativas de liberación de tensión sexual son inminentes así que no le queda más remedio que dejar pasar las dos horas solicitadas entre Mahou y Mahou.

Transcurrido el tiempo Juan Eulogio, un poco perjudicado por el alcohol, se pone el disfraz en el rellano de la escalera ante la mirada atónita de su vecina de ochenta años y abre la puerta de su casa. Ningún ruido. Todo a oscuras. El hombre empieza a relamerse. Va a la habitación de matrimonio con la esperanza de encontrarse allí a su costilla oferente, con un salto de cama picante, dispuesta a todo…

Pero la habitación está vacía.

Abre la puerta de la habitación de Layésica, la niña de sus ojos…

Y tampoco hay nadie.

Por fin abre la habitación de Elyónatan, su cabroncete particular y escucha un frus-frús de sabanas.

     —¡Pérfida! –dice para sí- Con que estás ahí ¿Eh?

Juan Eulogio, espada en mano, lanza en ristre, se lanza sigiloso sobre el bulto que parece dormir sobre la cama de su hijo. Levanta el edredón y se acopla, cuerpo contra cuerpo contra un bulto, que por el tamaño imagina que es Paquita, su costilla, que supone se ha quedado dormida esperándole. Se abraza a ella restregándole por detrás la dureza de su miembro. El bulto gime y se agita (con excitación, intuye Juan Eulogio, que está decidido a entrar e matar).

Este se sube sobre el bulto intentando separarle las piernas para… bueno ya te puedes imaginar cuáles son las aviesas intenciones de Juan Eulogio.

Sin embargo… debe ser la oscuridad, pero… diría que el bulto… es más abultado de lo que esperaba… el caso es que no recordaba esas bragas tamaño XXXL que acaba de detectar al tacto…

No le importa. Juan Eulogio ni ve, ni oye. Toda la sangre se le ha trasladado a su… tarjeta de presentación y está completamente montuno buscando un agujero por dónde meterla.

El bulto comienza a ofrecer cierta resistencia que Juan Eulogio interpreta como incitación al pecado.

El bulto grita.

Juan Eulogio está temporalmente sordo.

En un momento de lucidez decide practicar algún prolegómeno para que Paquita no le diga que es un bruto y se lanza con la boca abierta a besar al bulto, pero…

El bulto no tiene dientes…

Juan Eulogio escucha unas llaves abriendo la puerta de la casa y a Layésica y Elyónatan corriendo como potros salvajes por el pasillo, insultándose, como siempre. La fuerza le abandona de repente. Sobre todo cuando en el pasillo de entrada escucha a Paquita gritando a los nenes que son unos salvajes y que van a despertar a la abuela que se ha quedado echándose la siesta…

Juan Eulogio enciende la lámpara de la mesilla de la habitación de su nene  y comprende entonces la magnitud de la tragedia. Por momentos se viene abajo, se hunde. La cara de la Señá Virtudes, su suegra, le mira desorientada, aunque le guiña un ojo y le muestra una sonrisa desdentada, solo para él.  Paquita, con los ojos como platos,  le ve saliendo de la habitación de Elyónatan vestido de Spiderman y tropezándose con todos los marcos de las puertas. Corre al baño y vomita. Mucho. Y entre arcada y arcada masculla:

¡Mierda de jueguecitos! ¡Mierda de cucaracha! Puaj, puaj ¡Mierda… de vida!

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22 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA: LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA.

  1. Jajaja madre mía vaya juego más traidor y como se las calza la suegra con el guiño de ojito 🙂

  2. antoncaes dijo:

    Jajajaja. Por algo me enseñaron que no jodas lo que no veas, no vaya a ser que salgas jodido.
    Como en el chiste “acoplarse, acoplarse, no he tocado una teta y ya me han dado por culo cuatro veces” Las luces siempre encendidas por lo que pueda pasar. Jajajaja.

  3. Óscar dijo:

    La jugarreta de la mujer es bestial… Me parto. Un abrazo

  4. marguimargui dijo:

    Cuanto daño han hecho las fifty chapes jajaja, que ya ni el mete saca, jajaja

  5. icástico dijo:

    Jajajá, ya no se me levanta en una temporada…es que las cucarachas no me ponen.

  6. jecallejosus dijo:

    Joder! Vaya con la señora!

  7. Nieves dijo:

    Lo que no dijo la hija de, la santa es que el juego era un regalo para mama jajajajajaja

  8. Pues si que tenía el sueño profundo la cucaracha!, o no!.😀

  9. Pon un cartelito: “No leer antes de comer”. Na`, tampoco soy tan aprensiva, pero si empatizo con JuanE. Ay, pobre…

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