LA MANCHA (Tercera parte)

…Jordan apresuró sus pasos hacia la zona de donde procedían los gritos pero por más que intentaba afinar la vista no conseguía distinguir nada extraño. El aparcamiento se había ido llenando a medida que la hora del partido se acercaba y era complicado avanzar entre los coches y los numerosos grupos de personas que ya lo poblaban. Tuvo una extraña sensación pareciéndole que la noche acababa de caer de golpe sobre el parking dada la oscuridad que comenzaba a envolverlo, pero al alzar la mirada se percató de que el cielo permanecía aún con bastante claridad, como correspondía a aquella hora de la tarde.

Cuando llegó al lugar donde parecía haber ocurrido lo que fuera que hubiera ocurrido para provocar esos alaridos de pánico lo único que pudo ver fue a mucha gente corriendo despavorida en todas las direcciones. Un señor de unos sesenta años, con sombrero tejano y rostro deformado por el miedo, comenzó a disparar su arma contra el suelo aunque un segundo más tarde había desaparecido ante la mirada atónita de Jordan que no era capaz de explicarse la forma en que aquel hombre se había esfumado. Era como si se hubiera licuado y mezclado con la mancha negra de ¿aceite? que había en el suelo, como si acabara de zambullirse en un profundo charco de oscuras aguas que se lo hubiera tragado por completo.

Era absurdo. Jordan había inspeccionado el aparcamiento hacía ya unas horas y no recordaba haber visto ninguna mancha en el suelo. Probablemente alguno de los coches que habían accedido al aparcamiento durante la tarde había roto el cárter y provocado semejante desaguisado.

Sin embargo, daba la sensación de que la mancha se moviera, como si del vehículo que parecía haberla provocado aún siguiera manando aceite a borbotones. A Jordan se le antojó un vertido en exceso abundante. Que el supiera ningún vehículo de los considerados normales tenía un depósito de aceite tan grande como para provocar semejante derrame. Quizás –pensó con algo más de lógica- algún oleoducto que debía de cruzar justo debajo del asfalto del aparcamiento había reventado y era el causante de tal desaguisado. La mancha avanzaba…

¡Como si tuviera vida propia!

El guardia de seguridad contemplaba atónito el extraño fenómeno que a gran velocidad se extendía en todas las direcciones engullendo a todas las personas que encontraba a su paso. La tierra parecía licuarse por momentos y como si  de un iracundo dios se tratara reclamando el sacrificio de víctimas en su honor estas se iban hundiendo y desapareciendo una tras otra en aquel negro líquido viscoso sin conseguir aplacar su ira.

El que para su desgracia acababa por el suelo era atrapado sin piedad por la mancha oscura que de un modo u otro le hacía formar parte de su siniestro ser.

Aquella aberración antinatural continuaba su avance implacable extendiéndose velozmente desde el centro del parking donde con toda probabilidad había tenido su origen, un origen inexplicable y diabólico.

Definitivamente –Pensó Jordan- no se trataba de ningún vehículo que estuviera perdiendo aceite ni de ningún otro tipo de vertido. Aquel fenómeno tenía un origen mucho más siniestro, mucho más aberrante.

De repente, sin darse ni cuenta pues andaba pendiente de cuanto estaba ocurriendo a su alrededor, Jordan se vio rodeado por la mancha. De alguna manera esta se había estirado formando dos brazos que se alargaban intentando cerrar el paso alrededor del infortunado guardia, que no había sido aún atrapado por la masa oscura porque a sus pies el terreno seco formaba una especie de isla que de momento le protegía. Habría de ser por muy poco tiempo porque el círculo se iba cerrando en torno a él con rapidez. El vigilante alzó la vista con desesperación a la búsqueda de una tabla de salvación a la que aferrarse. La mancha en torno a él, ya con una anchura de unos cuatro metros no le permitía saltarla sin meter un pie en ella. Esa opción fue descartada inmediatamente porque era físicamente imposible, no podía dar un salto tan largo como para sobrepasarla por el aire. Poco a poco la isla se había reducido a un pequeño espacio alrededor de los pies del agente que a la velocidad del rayo continuaba intentando buscar una salida a aquella desesperada situación.

El guarda miró a su alrededor y se percató de que todos los coches que poblaban la zona oscura permanecían intactos, por lo que dedujo que la mancha solo atacaba, por decirlo de alguna forma, a los seres humanos.

A una distancia de un metro aproximadamente había una ranchera que aún permanecía con las puertas abiertas de par en par. La única posibilidad que tenía de salvarse era saltar desde el suelo y caer sobre el capot del coche. Jordan flexionó las piernas para darle a su salto la mayor potencia posible. Era un salto muy complicado, casi imposible pero tenía que intentarlo ya o estaba perdido. El borde de la mancha casi acariciaba la suela de sus zapatos. Era ahora ¡O nunca!

 

CONTINUARÁ… PERO HOY NO… ¡MAAAAAÑAAANAAAAAA!

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2 respuestas a LA MANCHA (Tercera parte)

  1. marguimargui dijo:

    El maligno anda cerca,¿Qué querrá de Jordan?
    Querrá tragárselo entero, o acariciarle sin más.
    Jordan no quiere saberlo, ni averiguarlo jamás
    ¿saltará al infinito? ¿dará un paso para atrás?
    Lo sabremos ya mañana
    que hoy no queda espacio ya.

    Otro dia con la miel en los labios.
    Besos

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