JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… EL PAÍS DE BRICOLANDIA.

Paquita deambula por la casa con los ojos vidriosos, como de no dormir. Y sin el “cómo”, exactamente de no dormir porque durante toda la noche el puñetero grifo del lavabo no ha cesado de gotear cual sádico instrumento de tortura china.

¡Y van ya 5 noches seguidas con semejante y crispante avería!

Presenta tal estado de irritación que sería capaz de darle una mano hostias al primero con el que se cruzara en ese momento.

Indefectiblemente, el primero con el que se cruza, en un piso de 75 metros cuadrados no puede ser otro que Juan Eulogio, su costillo o marido, que se acaba de levantar y avanza por el pasillo rascándose sin disimulo el peludo culete (donde hay confianza da asco)  mientras perpetra un desaforado bostezo que Paquita no puede evitar interpretar como una  innecesaria provocación.

El jodido gañán –Piensa Paquita- ha dormido a pierna suelta, del tirón. ¡Ni se ha enterado de la gotera!

     —Cari –Le espeta con toda la calma de la que es capaz (que hay que reconocer que es poca) y un ligero tic en su ojo derecho, su ojo vago- Búscate el teléfono del fontanero y llámale para que quite esa puta gotera que me tiene hasta el mismo co… .

Paquita se está volviendo soez por momentos. Es como si la estuviera poseyendo el espíritu de la mala leche transformándola en una bestia furibunda.

Juan Eulogio, viendo que la cosa se está nublando, se viene arriba. Se podría decir que para evitar el sufrimiento de su santa pero la cruda realidad es que se viene arriba para no oírla. Sonríe con displicencia y sus piños, por unos instantes reflejan un brillo de autosuficiencia. Con un aplomo que vete a saber de dónde ha sacado, dice hinchando el pecho:

     —No te preocupes, cari. Voy a por mi caja de herramientas y… EN CINCO MINUTOS (O MENOS) TENGO ESA GOTERA REPARADA.

Paquita escucha a lo lejos, sin saber exactamente cuál es su procedencia, la banda sonora de la película tiburón. Frunce el ceño. No se fía de las habilidades manuales de su marido y pregunta:

     —¿Túuuuu, cari? ¿Lo vas a reparar… túuuu?

     —Hombre, pues claro.-contesta él con el amor propio un tanto tocado por las dudas que expresa su mujer. Y como para corroborar semejante ataque de valentía, levanta la pierna derecha… y se tira un cuesco mañanero largo y vibrante, de los que acaban tiñendo la parte de debajo de los calzoncillos.

Paquita tuerce la boca en una mueca difícil de interpretar. No se sabe si es la reacción al sonoro canto mañanero de Juan Eulogio, (es muy probable que no sea esta la razón, pues está bastante acostumbrada a tamañas muestras de gañanería) o simplemente porque ve acercarse la tormenta fontaneril, cosa más lógica.

Pero… cede. Ilusamente piensa que Igual por una vez Juan Eulogio da en el clavo y acaba la reparación sin incidentes…

Desde algún lugar indeterminado de la calle cree escuchar una vez más una sonora y siniestra carcajada.

Desayunan y Paquita decide abandonar la zona de conflicto yéndose a mirar tiendas al centro comercial. Ojos que no ven…

Juan Eulogio, vestido con el chándal de reparar cosas, ya está en el baño, con su caja de herramientas, dispuesto a abortar esa descarada fuga que tan a maltraer trae a su costilla. A ver, buena intención le pone el hombre.

Manos a la obra, mira fijamente el grifo, un monomando que aparentemente no tiene por dónde meterle mano para desmontarlo. Ahí está ese cabrón de grifo sin parar de gotear. Esto es ya una cuestión personal, piensa Juan Eulogio.

Entrecierra los ojillos como buscando la concentración y saca una lengua larga entre los dientes cuya húmeda punta se entrelaza con los pelillos de la nariz, como implorando la ayuda de la Fuerza…

Pero la Fuerza tiene mejores cosas que hacer en estos momentos.

Tras media hora contemplando el grifo Juan Eulogio decide pasar a la acción y coge de su caja un destornillador plano grande para intentar hacer palanca donde buenamente pueda. Cuando la maña no vale… hay que usar la fuerza, pero no la fuerza de la guerra de las galaxias, no, la fuerza bruta… la de hacer el bruto quié icir.

Juan Eulogio mete la punta del destornillador por una pequeña rendija bajo el mando del grifo pero apenas entra unos milímetros. Coge el martillo para forzar la situación. Al tercer golpe seco con el martillo, el destornillador se abre paso y el monomando se queda solo en mono porque el mando salta veloz contra el espejo del baño, que por supuesto se hace añicos, dejando el baño cual zona de guerra.

Con el susto Juan Eulogio suelta el grueso martillo que va a caer justo sobre el lavabo ¡Qué fatalidad, coño! haciéndole un pequeño agujerito.

Juan Eulogio suda. Mucho.

Pero de perdidos al río. Insiste ahora con el destornillador e intenta hacer palanca bajo lo que queda del grifo. Al primer golpe el destornillador se le resbala de su emplazamiento y el certero martillazo ya no es tan certero porque le da de lleno en la mano izquierda, que cruje un poco.

Juan Eulogio aúlla de dolor, dolor que le encabrona cada vez más, cegándole el cerebro con un odio fiero no se sabe a quién. A los cinco minutos de aspavientos se encuentra algo repuesto del impacto. El segundo martillazo ahora sí da exactamente donde Juan Eulogio quiere dar, que es en el mango del destornillador. Lo que no queda tan claro es el resultado, porque con el golpe salta hacia arriba la mitad del grifo que quedaba pegada en el lavabo. Si hubiera habido espejo lo habría roto, pero no todo iban a ser desgracias.

Esto es como un déjà vu para Juan Eulogio que, impotente, ve cómo los racores que llevan el agua al grifo son también arrancados de cuajo, haciendo saltar potentes chorros de agua hacia arriba porque el manitas ha olvidado cerrar la llave de paso. Juan Eulogio contempla la fuente como en éxtasis, con cara de gilipollas, quizás esperando que cambie de color como las fuentes de los jardines del Palacio de las Granja de San Ildefonso. Reacciona cuando el suelo del baño ya tiene dos dedos de agua que se empieza a extender por el parquet del pasillo y la primera habitación.

Bastante nervioso chapotea con sus zapatillas de felpa a cuadritos en el suelo hasta que por fin se le ocurre cerrar la llave de paso del lavabo. Venecia debió de iniciarse de un modo parecido…

Al cabo de dos horas Paquita regresa a casa.

No espera nada de la vida y menos de las habilidades de Juan Eulogio, por lo que acompañándola viene el fontanero de la esquina al que, en un alarde de desconfianza total hacia su marido, ha llamado a la que volvía. Se encuentra a Juan Eulogio tirado en el sofá llorando desconsoladamente y eructando los gases de la tercera Mahou que se ha metido para el cuerpo con la intención de relajarse. Con voz pastosa se lamenta:

     —Mierda de gotera, mierda de bricolaje, mierda… de vida.

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27 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN… EL PAÍS DE BRICOLANDIA.

  1. Veronica dijo:

    😀 😀 😀 Escribo entre lágrimas. No puedo parar de reír (en cualquier momento ocurre un percance). Esta habilidad manual de Juan Eulogio me ha recordado tanto (pero taaaanto) a mi padre. Tal parece que te hubieras inspirado en él (excepto las emanaciones e su cuerpo y demás groserías)

  2. Lo voy a adoptar, ya lo he decidido! Juan Eulogio es el único que consigue hacerme reír hasta que se me saltan las lagrimas

  3. marguimargui dijo:

    Poner un Juan Eulogio en tu vida y no morir en el intento

  4. Dios le adoro!! Es mi ídolo!!

  5. Óscar dijo:

    Me parto con este manitas. Yo soy igual de no resolutivo pero menos torpe. Un abrazo

    • cmacarro dijo:

      La torpeza es directamente proporcional a los factores que tensionan el ambiente, ja,ja,ja. A más presión ambiental más posibilidad de accidentes.

  6. icástico dijo:

    Era visto, en cuanto supe lo de la gotera imaginé el final, jajajá, es que conozco bien el tema (sin llegar al nivel de JE)

    • cmacarro dijo:

      Si es que hay que ver BRICOMANÍA, el pograma del bricolaje.

      • icástico dijo:

        Ni con esas. Para los fontaneros de verdad el lunes es el mejor de la semana porque el fin de semana fue el peor día de los manitas.
        PD.: Ya acabé Edelmiro 3.0, a ver qué hago de mi vida (bueno, tengo el de forocamping y Esbozos, aunque en lista de espera hay otr@s bloguer@s que abordaré: María, Manuel Cerdá, Valeriam, Mercedes Pinto y de Benjamín Recacha ya leí dos)

      • cmacarro dijo:

        Mercedes Pinto escribe unas historias que enganchan desde la primera página. A los demás no los conozco.

  7. Nieves dijo:

    Por una vez la santa ha acertado jejeje putos manitas! Besitos!

  8. Elblogdeursulina dijo:

    A mandíbula desencajada me he reído, es tan buenísimo el relato que no puede ser mejor

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