VÍA MUERTA (1 de 3)

Parto el relato en 3 partes para que no se haga pesado (al menos para intentarlo).

 

Ramiro no se tenía por una mala persona.

No era, evidentemente, un santo en el estricto sentido social de la palabra, pero casi siempre intentaba cumplir con su deber cívico; Separaba la basura para reciclar… se guardaba el papel del caramelo en la mano hasta que encontraba una papelera… pagaba sus impuestos… llevaba la hipoteca al día a pesar de las dificultades… conducía respetando escrupulosamente los límites de velocidad… En fin, que básicamente, cumplía con la sociedad. Quizás era que se sentía seguro cumpliendo las normas y por eso nunca se atrevió a vulnerarlas.

Cierto es que su iniciativa no iba más allá de lo que los convencionalismos estipulaban, pero, era más de lo que se esperaba de la media de la población.

Más cerca de los cincuenta que de los cuarenta su león interior, que nunca se había destacado por su rugido, cada vez resultaba menos fiero. Sentía haber comenzado la cuesta abajo de la montaña rusa de su vida y su cuerpo se ensañaba evidenciándolo  con el paso del tiempo. Daba la impresión de que la famosa crisis, la personal, le había llegado con retraso o, más bien sin sentido, como casi todo en su vida.

Ramiro repasaba lo que había sido su vida hasta ahora.

Las decisiones importantes, las que habían dado un giro crucial a su existencia apenas habían sido tales decisiones porque no habían dependido en su mayor parte de su voluntad. La vida le había ido llevando a empujones por diferentes y a veces inesperados derroteros, muchas veces contrarios a sus objetivos, pero Ramiro se había conformado sin pelear. Siempre se había conformado.

Se recordaba como un niño obediente, pillastre de tanto en tanto, pero sometido a los rigores de unos padres marcados por el hambre de la posguerra, rígidos y con unos valores morales limitados por la necesidad y la escasa cultura de aquella generación de desgraciados supervivientes. Había vivido su infancia con miedo. Miedo a los monstruos que la tele del momento mostraba sin pudor, miedo a sus padres, miedo a sus profesores, miedo al matón de turno, miedo a decirle a una chica que le gustaba… en fin, miedo a los retos de la vida misma. Siempre vivió con el temor a no satisfacer a los demás, de no conseguir su aprobación.

Había vivido tanto tiempo bajo la represión del miedo…

Muchos otros con peores cartas habían jugado mejores partidas que él.

Efectivamente. Acabó la carrera y comenzó a trabajar en seguida; la vida personificada en sus padres le empujó a ello y, quizás por eso mismo, se precipitó y aceptó el primer trabajo que le ofrecieron sin darse un tiempo para meditar y elegir acertadamente. Se casó, con una antigua compañera del instituto, sin poner excesiva emoción en ello, porque había que hacerlo y, cuando llegó la hora ella estaba cerca. Como por inercia  tuvo tres hijos prácticamente de la misma manera: porque era lo que tocaba. Y así le habían ido llegando los acontecimientos de su vida, a borbotones y sin control. Sin emociones. Sin verdadera pasión.

No es que no quisiera a su familia, nada más lejos. Su mujer y sus hijos eran lo mejor que le había ocurrido en la vida. Con el tiempo había llegado a adorarlos pero, quizás le faltara intensidad y calor para disfrutarlos. Ramiro sabía que no era defecto de ellos. Estaba seguro que se trataba de una malformación emocional que él mismo padecía.

Se encontraba atrapado en un trabajo de poco nivel para sus posibilidades, que no le motivaba en absoluto, con un jefe zafio y predecible que conseguía amargarle los días. Y Ramiro lo aceptaba, lo asumía, se acostumbraba. Se sentía el tuerto en el país de los ciegos cuando lo que anhelaba era contemplar el paisaje utilizando la plenitud de sus dos ojos, que gozaban de buena salud.

Hubo, bien es cierto, una época en su vida en la que tuvo intenciones de comerse el mundo, cuando sus hijos eran pequeños y sintió una sobredosis de responsabilidad, pero le costaba trabajo masticarlo y había desechado el bocado a medio comer. El mundo siguió su camino y Ramiro el suyo…

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8 respuestas a VÍA MUERTA (1 de 3)

  1. podríamos tachar el nombre de Ramiro y poner cualquier otro y decir que es autobiografia de cualquiera de nosotros, o al menos mía. Has acertado incluso en el número de hijos….. sigo leyendo el resto de las partes a ver si Ramiro rompe por algún lado y me enciende la luz….

  2. Óscar dijo:

    No se ha hecho nada pesado, al menos esta primera parte… 🙂

  3. marguimargui dijo:

    Voy a conocer mejor a Ramiro …

  4. icástico dijo:

    Lo que dice Natalia…continuo…

  5. Nieves dijo:

    Empieza bien 😀 Sigo eh…

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