LA MÁS TIERNA HISTORIA DE AMOR Y SEXO JAMÁS CONTADA

Doblé la esquina ensimismado como iba en mis pensamientos.

Inesperadamente la vi.

Mi corazón dio un vuelco y comenzó a latir aprisa, trastabillado. Nuestras miradas, atrayéndose la una a la otra como potentes imanes, acabaron cruzándose y entrechocando estrepitosamente como los sables de dos maestros de esgrima.

Una chispa saltó cuando me zambullí en la profundidad de sus ojos, enigmáticos, misteriosos, lascivos. Una chispa que prendió un voraz incendio que, inevitablemente, acabaría consumiéndonos entre sus llamas.

Me vino a la cabeza, húmedo y lujurioso, el recuerdo de nuestro maravilloso y tórrido encuentro. Ya había pasado un año pero continuaba grabado a fuego en mi mente. Ella, yo, solos y desnudos, cuerpo contra cuerpo, entregados al placer de la carne en una orgía animal y desenfrenada.

Sé que ella, justo en el mismo instante que yo, también lo recordó estremeciéndose.

Sin embargo, las cosas habían cambiado. Allí estaba en lo alto de aquella escalera.

Y no estaba sola.

Yo… no acababa de comprender.

¿Qué podía ofrecerle aquel hombre que no pudiera yo entregarle con creces?

Las notas de un pasodoble se escuchaban desde algún lugar indeterminado de la calle.

Todavía te añoro, Jacinta.

 ¡Qué nombre tan extraño para una cabra!

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11 respuestas a LA MÁS TIERNA HISTORIA DE AMOR Y SEXO JAMÁS CONTADA

  1. Jajajajajajaja terrible!!! Me pensaba que te habías enamorado y ya me di cuenta que no….o si?

  2. icástico dijo:

    Jajajá, qué buena pareja. Desde luego, contigo uno ya sabe que nada es lo que parece, y cuando lo es se escojona igualmente.

  3. Amalaidea dijo:

    ¡Jajaja! No preguntemos a la cabra, que son muy mentirosas, ¡a saber qué dirían!

  4. No sé, ¿no te habrás pasado con tanta pasión animal y salvaje? Quizás Jacinta buscaba algo más de cariño, un poquito de charleta mañanera, que sé yo…. ¡Qué buen relato, amigo mío!

    • cmacarro dijo:

      Muchas gracias por tus palabras. Con respecto a la charleta no sé qué decirte. Jacinta es hembra de pocas palabras, quizás algún “beeee” complacido entre calada y calada del cigarrillo que se fuma después de… pero nada más. Yo también siento que necesito un complemento más espiritual al acto pero… oye… que no hay tutía, ja,ja,ja.

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