THE HOUSE

Entonces… se escuchó un grito. Fue algo desgarrador, terrorífico, infernal, espeluznante, pavoroso… de otro mundo.

Apenas había cruzado el umbral de la puerta de aquella vieja casa cuando ¿una ráfaga de viento? la cerró violentamente causando gran estruendo tras de mí.

Sabe Dios que no soy de natural pusilánime pero aquellos dos hechos consecutivos unidos a la penumbra del siniestro recibidor y ese penetrante olor a humedad y orín hicieron que se me erizase el vello. Un escalofrío permanente se asentó a lo largo de mi columna vertebral y el sepulcral silencio que sobrevino tras los incidentes me encogió el corazón, que amenazaba con salirse de mi pecho a cada latido.

A pesar de que nunca fui tachada de cobarde confieso que mi primera idea fue la de huir desandando precipitadamente mis pasos. De hecho no fue sólo un deseo sino que lo intenté de todas las maneras posibles. A punto estuve de desvencijar la puerta por los violentos tirones que daba de ella para abrirla, mas no fue posible. Aquella permaneció cerrada a cal y canto, como si una sobrehumana fuerza la estuviera sujetando para evitar que pudiera marcharme.

Así que, empujada por aquella extraña circunstancia más que por un arrojo que estaba lejos de sentir, me giré dispuesta a averiguar la causa del espantoso alarido que me acababa de helar la sangre.

El recibidor de la casa desembocaba en un largo pasillo que se encontraba casi en una total oscuridad salvo porque al fondo bajo una puerta cerrada pude observar una rendija de siniestra luz que salía de una estancia al otro lado.

Todos los músculos de mi cuerpo se agarrotaron al unísono cuando contemplé aquello.

A pesar de ello, algo extraño, sobrenatural me atrevería a decir, atraía sin posibilidad de resistencia mi mirada hacia aquel punto. Era como si alguien me estuviera llamando desde allí.

No tenía escapatoria.

De repente, sin que mi cerebro hubiera dado orden alguna a mi cuerpo, mis pies comenzaron a moverse por su cuenta arrastrándome muy a mi pesar hacia la puerta del final del pasillo. El terror y la impotencia nublaron mi mente que no tenía más capacidad que la de dar fe de lo que estaba ocurriendo. Mis ojos se llenaron de lágrimas provocadas por la excitación y el pavor. Un sudor frío inundó mis sienes y mi frente a medida que involuntariamente me aproximaba a aquella espectral luminiscencia.

Transcurrieron segundos, minutos, horas… no lo sé decir a ciencia cierta porque perdí completamente la noción del tiempo.

El caso es que me vi, sin saber cómo, a un metro escaso de aquella habitación separada de mí por una gruesa puerta que sólo dejaba adivinar qué cosa demoníaca podía encontrarse al otro lado.

Mi mano, seguida del brazo, comenzó a moverse como un autómata hacia el picaporte. Para entonces yo, que aunque no era dueña de mis movimientos sí era completamente consciente del estado nervioso en que me encontraba, abandoné cualquier posible resistencia y me dejé llevar, rendida ante algo que intuía mucho más poderoso que yo.

La gelidez de aquella manecilla me trajo de nuevo a la aterradora realidad, pero nada podía hacer más que observar cómo mi mano la bajaba lentamente hasta escuchar un suave click que me hizo comprender que el resbalón de la cerradura acababa de liberarse de su emplazamiento en el marco.

Con un inquietante chirrido la puerta se fue abriendo ante mi inconsciente empuje y entonces la luz comenzó a llenar gradualmente el lugar donde me encontraba. Quise gritar pero de mi agarrotada garganta no salió sonido alguno.

Con las pulsaciones al límite empujé definitivamente la puerta, que quedó abierta de par en par.

Entonces… lo vi ¡Dios mío! Allí estaba él.

Como presintiendo mi presencia se giró lentamente hacia donde yo me encontraba hasta que su mirada se clavó en la mía. Levantó su mano izquierda mostrándome un dedo morado y gordo, hinchado como una porra. En su mano derecha aún blandía el arma homicida, un martillo de carpintero que tenía levantado por encima de su cabeza. Ahora su mirada se había tornado dura, rencorosa, llena de odio.

—¡Me cago en el Ikea, en los muebles de hágaselo usted mismo y en los suecos que fundaron la empresa!

A pesar de tales abyectos juramentos no pude por menos que respirar aliviada al contemplar frente a mí lo que me había mantenido absurdamente aterrada minutos atrás.

Sonreí abiertamente mientras me acercaba a mi marido y le besaba cariñosamente el dedo herido.

Es que el pobre es bastante torpe para esto del bricolaje.

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12 respuestas a THE HOUSE

  1. Jajajajajajjajajajja no ves que a estas horas no puedo reirme a carcajadas que me van a echar los vecinos!!!!!!

  2. Amalaidea dijo:

    Genial; me pasa como a Ana, evitar la carcajada final casi me cuesta la asfixia.

  3. icástico dijo:

    jajajá, aun vas a acabar en el festival de Sitges, tú o Ikea, uno de los dos.

  4. Me has engañado. Te juro que me esperaba algo como a Edelmiro en el retrete. Agradezco que me hayas ahorrado el susto.

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