NACIMIENTO DE EDELMIRO III

Dada la premura con la que a María, que así se llamaba, y se llama la madre de Edelmiro, le acuciaban las cada vez más frecuentes contracciones, se vieron obligados a refugiarse en un portal, que milagrosamente se hallaba abierto porque no funcionaba la cerradura, cercano al famoso monumento romano y a no mucha distancia de Casa Cándido.

El nene estaba ya en camino y no había tiempo siquiera de buscar un taxi que los llevara al hospital.

La urgencia de la situación obligó a aquellos padres a afrontar la llegada de su primer hijo al mundo en condiciones harto precarias. Pero es que realmente no quedaba tiempo para otra cosa.

 José, era el agobiado padre, aunque en esto los cronistas no se acaban de poner de acuerdo; unos dicen que sí, que era su padre verdadero, aunque otros dudan de esa afirmación argumentando que nueve meses atrás, aprovechando una de sus ausencias por trabajo, alguien había visto salir a un “pájaro”(sin especificar si era o no una paloma) cachas y muy tatuado con pinta de malote, de la habitación de María, bien entrada la madrugada.

José era carpintero. Y aunque entrado en años, era primerizo en aquellas lides por lo que se hallaba preso de un ataque de histeria. No obstante intentó recomponerse y tomar las riendas de la situación mientras llegaba la ambulancia a la que había avisado desde una cabina telefónica unos minutos antes[1].

Sin embargo Edelmiro,  genio y figura, se había empeñado en emular a otro sin par alumbramiento muchos, muchos años atrás y, decidió que aquel era el lugar y justo entonces el momento.

Comenzó pues el muchacho a asomar la cabeza al mundo ante la pasividad de José que se encontraba en estado de shock y los gritos de María. Ésta, tumbada sobre unos cartones que su marido había recogido precipitadamente de la calle, no podía contenerlo.

El alumbramiento era inminente.

María se sentía sola en aquel trance, más que nada porque José acababa de desmayarse de la impresión y yacía a su lado inmóvil y con un gran chichón en la cabeza. Así que, como buenamente pudo, parió sola.

 ¡Hombres! ¡Si es que a veces es que no sirven para nada![2]

[1] Perdóneme el lector pero una vez más quisiera incidir en el paralelismo entre la historia de Edelmiro Páez y otras historias sagradas, excepto quizás, por poner un pero, por la aparición en esta de un elemento que en las otras no tenía cabida: El teléfono.

[2] Otras veces sí. Que conste en acta por la parte que me toca.

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2 respuestas a NACIMIENTO DE EDELMIRO III

  1. Nieves dijo:

    “aunque en esto los cronistas no se acaban de poner de acuerdo” Este dato me ha encantado jajajjaja

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