GAÑANS IN THE SKY (conversaciones con Edelmiro).- 2

Edelmiro tardaba siempre un buen rato en reaccionar a los mensajes, sobre todo si tenían cierto fondo como aquel. Si lo sabré yo que le creé así, un poquito corto de entendederas, todo en aras de un supuesto sentido del humor.

 Yo estaba seguro de que le estaba dando vueltas a la revelación que acababa de hacerle, pero no conseguía aclararse del todo.

Jugueteaba algo nervioso con el botellín de Mahou que tenía en sus manos. Era el quinto, mientras que yo todavía no me había terminado mi primera cerveza ¡Y solo llevábamos media hora hablando! Confieso que me hizo mucha gracia cuando en su día le creé borrachuzo. Supuse que aquel hábito le daba más aspecto de gañán,  pero no me imaginaba que lo fuera tanto. ¡Cómo bebía aquel hombre!

Apuró su botellín y cogió el último puñado de cacahuetes que nos habían puesto de tapa.

     -¿Otro? –Me preguntó mientras levantaba el suyo vacío para que la camarera le viera.

Le dije que sí, que me tomaría la segunda Mahou pero que era la última. Nunca me ha gustado descontrolar, y menos en público.

La camarera nos puso dos nuevos botellines de Mahou sobre la mesa y unas olivas. Cuando se dio la vuelta me fije en que Edelmiro no perdía ripio de su culo. La verdad es que estaba buena la jodía. Solo cuando se metió tras la barra pude volver a captar la atención de mi personaje. Tampoco sé por qué me asombraba. Otra de las características que yo me había inventado para Edelmiro era que le iban más las faldas que a un escocés.

Sinceramente, creo que me había pasado un poco con aquel pobre hombre. Bien es verdad que cuando lo imaginé tenía grandes virtudes, pero… le había creado con todos los vicios del mundo. Le miré y me dio un poco de pena. Tenía que reconocer que había sido un poco cabroncete con él. ¿O quizás no era más que un reflejo de mí mismo?

     -Si no te he entendido mal –me dijo volviendo al tema que estábamos tratando antes de la interrupción involuntaria de aquella chica-tú has sido el que ha regido los designios que han dirigido mi vida hasta ahora ¿No es así?

A veces, incluso a mí me sorprendía su agudeza. Lástima que no la utilizara a menudo.

     -Sí, Edelmiro. Tengo que reconocer que así es.

     – O sea… que todas las desgracias que llevo padecidas, te las debo a ti.

     -Compréndeme Edelmiro, solo eras un personaje de ficción y yo tu creador ¿Qué querías que hiciera?

     -Hombre – se puso serio- pues que podías haberte cortado un poquito con ciertas cosas.

     -¿Cómo cuáles?

     -Pues así, a bote pronto, se me viene a la cabeza el episodio de los osos amorosos ¿Lo recuerdas?

     -Cómo no recordarlo –no pude evitar que se me escapara una sonrisilla maliciosa que sentó a mi partenair como una patada en los mismísimos.

     -Entonces… eso quiere decir… que si no soy virgen… es por tu culpa ¿verdad?

     -Verdad.

     -¡Pero qué hijoputa eres! –me dijo elevando de nuevo la voz y recordando con toda seguridad el mal rato que debió pasar en aquel club de osos.

Por un momento pensé que se iba a levantar para darme una hostia. Nuevamente, mi personaje me sorprendió actuando con una calma que ni yo mismo tenía.

     -Espero que al menos aquello te proporcionara mucho éxito entre tus lectores., aunque fuera a mi costa. Y ¿Por qué me lo hiciste pasar tan mal con aquel fantasma mal encarado y peor intencionado? ¿Es que te hacía falta hacerme sufrir como lo hiciste?

     -Edelmiro, perdóname. En aquel momento ni se me pasaba por la cabeza que un personaje de ficción pudiera tener sentimientos. Solo me aproveché, un tanto mezquinamente tengo que reconocer, de ti. Pero ¿Qué querías? Yo te estaba inventando en aquellos momentos ¿Cómo iba a pensar…? Y menos que algún día iba a estar contigo como estamos hoy, tomando unas cervezas y hablando de la vida. Me cegó el ansia por conseguir el éxito y alcanzar la fama, hacerme rico a tu costa, cosas que por cierto, debo confesar que no he conseguido.

No sé si me comprendió del todo. Pidió otra Mahou ya con media lengua de trapo.

     -Creo que ya no deberías de beber, más –le dije.

     – Tú me hiciste un borracho. ¿Por qué te preocupas ahora por mí?

     -Tienes razón, amigo. ¿Puedo llamarte amigo? En el fondo hay en ti mucho de mí, así que te comprendo mejor de lo que te imaginas. ¡Venga esa cerveza, Edelmiro! –dije intentado empatizar con él.

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