UNA HISTORIA INUSUAL.- CAPÍTULO 7

Lo primero que pensé fue, que me habían engañado completamente y que aquella era la última vez que veía mi coche. Siempre había oído contar esas historias de ladrones de coches que simulan tener algún percance en la carretera y cuando algún infeliz de buen corazón se detiene para prestar su ayuda es robado en la soledad de la noche, pero, que me estuviera ocurriendo a mí en aquel inoportuno momento era demasiado. Aceleré el ritmo de mi ascenso hasta el límite de mis fuerzas y mi resuello, y en aquel momento maldije mi condición de fumador que me impedía subir más aprisa. Resbalando, una y otra vez, pinchándome las manos con los matorrales a los que me iba agarrando para no caer acabé por llegar hasta la carretera. Durante la subida había conseguido hacerme con una piedra de tamaño más que considerable que utilizar como arma arrojadiza si la situación, que yo imaginaba iba a encontrar arriba lo requería. Sin embargo, toda la excitación que me invadía se tornó rápidamente en sorpresa y poco a poco en estupefacción al ver que la luz había desaparecido por segunda vez. En efecto, la carretera se encontraba oscura como hacía unos minutos cuando había salido del coche. ¡El coche ¡ me dirigí hacia él para hacer balance de los posibles daños pero, allí se encontraba, inmóvil e intacto, tal como yo lo había dejado.

 El desasosiego se apoderó por unos instantes de mi espíritu, para ser sincero, no demasiado aventurero, agolpándose alocadamente en mi cerebro las hipótesis  con las que poder dar una respuesta racional a aquel cúmulo de aberraciones que se estaban produciendo en mi presencia. Afortunadamente para mí, soy de esas personas que son capaces de dominarse una vez analizada una situación supuestamente desbordante, y ejerciendo una dosis de autocontrol repasé mentalmente todos los acontecimientos de los que acababa de ser testigo  y, aunque, bien es cierto que no hallé respuesta lógica alguna, decidí que lo mejor sería ser práctico, olvidarlo todo por el momento y continuar mi camino. Tiempo habría para dedicar a las posibles explicaciones de todo aquello. Algo debía haber sido la causa y pronto lo sabría. Aunque, muy a mi pesar,  lo que nunca llegué a sospechar fue que sería tan pronto.

Como digo, entré de nuevo en mi auto, me coloqué el cinturón, introduje la llave en el arranque y encendí el motor, no sin antes haber escudriñado la oscuridad a través del espejo retrovisor.

¿Buscando, quizás, algún vestigio de la luz?

Introduje la primera velocidad, y el ronroneo del motor  me trajo de nuevo a la realidad, sacándome de mis pensamientos. Proseguí la marcha, concentrándome de nuevo en la conducción y relajándome poco a poco del estrés sufrido. Intenté sintonizar la radio, pero, la zona, incipientemente montañosa como ya he comentado, no era la idónea para poder recibir señal alguna de radio. Una vez convencido de este hecho y un poco harto del molesto zumbido del aparato opté por apagarlo.  No debí pulsar el botón apropiado, o eso pensé yo, porque la radio seguía encendida y emitiendo ese crispante chirrido. Dirigí mi dedo al botón que reza “off” y lo volví a pulsar con algo más de atención que la primera vez. Seguía funcionando. Pero esta vez estaba seguro de haber oprimido el botón correcto. El zumbido seguía “ in crescendo “. Buena serenata me espera. ¡Malditos aparatos digitales!  Y en ese momento añoré mi antiguo radiocassette analógico, al que acababa de ser infiel con un  puñado de de diodos y pantalla de cuarzo líquido retroiluminada y de colorines.

Por momentos, el ruido se hacía verdaderamente insoportable. Los oídos me empezaban a doler. Por más que intentaba apagar el aparato este no respondía. Desesperado y muy nervioso di un volantazo al coche y lo paré con las dos ruedas derechas en la tierra, al borde del terraplén. Apagué el motor con la esperanza de que todos los aparatos se desconectaran, sobre todo la radio, que me estaba volviendo loco. Me quedé estupefacto al comprobar que, una vez parado el coche y con la llave en la mano el zumbido seguía sonando.

Descartando la suposición inicial comencé a pensar que el ruido venía de fuera.

Un tanto excitado decidí que lo mejor era irme lo más rápidamente posible de aquel extraño lugar. Introduje la llave de nuevo en el contacto y giré la llave al tiempo que pisaba a fondo el acelerador. El motor de arranque no se movió lo más mínimo. Completamente alterado volví a intentarlo frenéticamente, una y otra vez. Nada. Ni el menor movimiento.

Ese zumbido seguía taladrando mi cerebro.

Decidí salir de nuevo fuera y abrí la puerta de mi vehículo. No apreciaba diferencia en la intensidad del sonido.

El dolor empezaba a ser insoportable. Mis manos tapaban mis orejas en un gesto completamente inútil. En un estado cercano a la inconsciencia caí de rodillas sobre el asfalto. Mi último pensamiento antes de perder por completo el conocimiento fue que no era nada seguro estar tumbado en medio de la carretera. Yo y mi sentido de la responsabilidad. Pero ya nada podía hacer…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a UNA HISTORIA INUSUAL.- CAPÍTULO 7

  1. Estas aducido? Lo consiguieron?

  2. Ju, ahora me va a dar pena leer la última parte… ¡No quiero que se acabe!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s