LA EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES

Siempre me ha fascinado la maravillosa y casi perfecta obra de la madre naturaleza. A lo largo del ínfimo periodo, si lo comparamos con la inmensidad cósmica, que los seres vivos poblamos este bello planeta azul llamado Tierra, hemos podido estudiar ejemplos de la maestría con que esta hace evolucionar a las especies. Cada una surge en el momento justo, en el lugar idóneo para desde ahí comenzar su periplo por la vida, generación tras generación, hasta ser eliminada del juego si la naturaleza lo considera oportuno, o perpetuarse a lo largo de los siglos si el resultado ha sido óptimo.

Es la selección de las especies, cruel desde un minúsculo y egoísta punto de vista individual pero perfecta si somos capaces de contemplarlo globalmente, desde una perspectiva más amplio.

Mira tú la tontería que entre un grupo de simios más o menos asalvajados acabó sobresaliendo uno de ellos, que consiguió comenzar caminar erguido, dejando con ellos las manos libres para poder construir, fabricar, manipular… Desde una punta de flecha de sílex hasta el más sofisticado de los smartphones, el ser humano, (el mono espabilado) ha experimentado una evolución constante, lenta pero inexorable. Y toda ella supervisada por la atenta y perfeccionista mirada de la madre naturaleza, que nunca se equivoca y, si lo hace, enmienda contundentemente su error.

No hay más que echar un vistazo a la máquina de precisión y fiabilidad que es el cuerpo humano, con un cerebro dirigiendo como maestro de ceremonias (en la mayoría de los individuos) toda una serie de aparatos y órganos para que funcionen larga y certeramente.

Cada cambio en el ser humano es producto de una larga sucesión de ensayos y errores que le han convertido en uno de los más maravillosos pobladores del planeta, sin desmerecer a los demás.

Nos crecieron los brazos para poder influir mejor en el medio ambiente, las piernas para caminar y correr si llegara a ser necesario, una estructura ósea que protege a los órganos básicos pero delicados, desarrollamos la boca para poder hablar y poder comunicar nuestro pensamiento a los demás, los pabellones auriculares para poder escuchar cualquier sonido a nuestro alrededor, las cejas para proteger los ojos, imprescindibles para desenvolvernos en el medio ambiente, la mucosa y los pelos de la nariz nos protegían de invasiones de elementos externos, perdimos el vello corporal porque ya no lo necesitábamos como abrigo. Incluso hemos llegado a desprendernos artificialmente de los restos de pelos que aún nos quedan desperdigados por el cuerpo.

Todo, como se puede ver, bien engranado, bien coordinado por la sabiduría de la madre natura. Naturalmente perfecto. Pero…

¿PUEDE ALGUIEN EXPLICARME PARA QUÉ COJONES NECESITAMOS LOS PELOS DEL CULO?

 

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6 respuestas a LA EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES

  1. para que los “tarzanetes” se columpien, que también tienen derecho a divertirse….
    que respuesta tan poco femenina…ainsss es que haces unas preguntas

  2. chus dijo:

    Según leí una vez, igual que las pestañas protegen los ojos, lo mismo puede decirse de los pelos del culo.

    ¿La madre naturaleza nunca se equivoca? y que me dices del ornitorrinco 🙂

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