ADIDAS 45

—Padre ¿Tú crees que hay algo ahí fuera que sea más grande que nosotros?

—Claro hijo. ¿Acaso concibes que todo nuestro mundo, en su perfección, haya podido surgir espontáneamente? Nuestra sociedad es demasiado perfecta para que no sea la obra de un supremo creador.

—Hombre, perfecta… padre… no es. Cualquiera puede darse cuenta de que en nuestra organización existen fallos, errores que no son dignos de haber sido cometidos por alguien a quien le suponemos infinita bondad y sabiduría.

—Incluso así, hijo, nuestros fallos como individuos o incluso como sociedad son la muestra de que el supremo hacedor nos deja actuar a nuestro libre albedrío. Es parte de nuestro aprendizaje, de nuestro camino hacia él. El mal y el bien se encuentran ambos en la misma moneda, uno es la cara y el otro la cruz.

—Pero padre, ¿Cómo es posible creer en la existencia de un ser superior que nunca se nos muestra, que no se digna contactar con nosotros para explicarnos cuál es la verdad que nos espera más allá de nuestra existencia terrenal? ¿No sería más fácil de esta forma? ¿No avanzaríamos espiritualmente con mucha mayor rapidez que tropezando y cayendo continuamente?

—Hijo, nuestra conciencia es demasiado limitada para entender la grandeza de la obra del altísimo. Pero has de saber que nuestras insignificantes existencias están guiadas por él.

—No acabo de entenderlo. ¿Cómo puedo estar teledirigido por ese ser del que me hablas si en realidad soy libre para hacer lo que quiera, para ir donde quiera, a sabiendas de que no va a dignarse venir a mí y corregir mis errores?

—Llegará un día, hijo, el día del juicio final, en el que dios premiará a los justos sentándolos a su vera y castigará a los injustos arrojándolos al fuego eterno.

—¿Y quién es ese dios, que se permite juzgarnos sin siquiera escuchar nuestras razones para actuar de una o de otra forma?

—Hijo, hablas desde la inconsciencia de tus cortos años. Pero en verdad te digo que no has de ser tan irreverente, pues dios todo lo ve y puede castigarte.

—Al menos, si me castigara, tendría que encontrarse conmigo. Yo sería entonces un afortunado que podría decir que había visto a dios.

—Estás tentando a la suerte, hijo.

—No tengo miedo ¿Por qué he de temerle si es el summun de la bondad? ¿No debería perdonar mi atrevimiento excusándose en mi propia ignorancia? ¿No es acaso mi supuesta altivez fruto de mi propio aprendizaje?

—Tú si me das miedo a mí, hijo mío. Tal pareciera que hablas en nombre de satanás.

—Ja,ja,ja Y… ¿Si así fuera, padre? ¿No estaría actuando libremente, como tanto pregona dios?

—Hijo, me escandalizas.

—No deberías, padre. Quizás todos estos absurdos preceptos que seguimos son obra nuestra y no de dios, y como tal obra mundana, sujetos a maldades y equivocaciones.

—Perdónale señor, porque no sabe lo que está diciendo…

—Padre, creo que estoy viendo a dios…

—¡Deja ya de blasfemar! ¡Impío!

—Hablo totalmente en serio, padre. Es gigantesco.

—Creo que estás alucinando, hijo.

—Padre, creo que ya sé cuál es su verdadero nombre.

—¿El de dios?

—Sí. El que se acerca a mí aplastante para darme mi merecido castigo.

—¿Su nombre?

—Adidas 45. Ese es su nombre. ¡Oh Adidas 45! ¡Yo  imploro tu perdón! Disculpa a esta miserable hormiga que ha osado dudar de tu infinito poder. Juro que a partir de hoy, si no me aplastas, me dedicaré a acarrear grano para nuestro hormiguero y no volveré a dudar de ti ni a hacer preguntas estúpidas al respecto.

—Hijo, parece que te arrepientes de veras. Adidas 45… dios… se acerca. Reza. Reza todo lo que te he enseñado, por si acaso ha decidido acabar con tu existencia.

*  *  *  *  *

—Padre, ¿Crees que mi sincero arrepentimiento hizo que Adidas 45 en el último segundo no me aplastara contra el suelo?

—Por supuesto hijo. Ahora comprenderás que has de dedicar tu vida a alabarle ¿Verdad?

—No lo dudes, padre. Menos mal que dios me ha mandado este celestial aviso para corregir mi alocado ataque de libertad. Seré por siempre su siervo y le serviré y veneraré como hemos hecho siempre. No pienso cambiar un ápice nuestras tradiciones. Lo que no comprendo es el mensaje que escuchamos de su propia y santísima voz. ¿Qué crees que quiso decirnos con “Este año, la media maratón no se me escapa. ¡Voy a vencer!”?

—Algún día comprenderemos parte de su insondable sabiduría, hijo. Algún día. Habremos de ser pacientes.

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3 respuestas a ADIDAS 45

  1. hoy he aparcado la bici al lado de un árbol y cuando he vuelto a por ella la estaban deborando las hormigas, habré matado unas 50 y después leo esto y me siento culpable…

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