Prólogo de ¿Sabes la última?

Esto es el prólogo al libro “Sabes la última” con una selección de historias campistas reales. Una forma de conocer, de verdad, el mundo del camping, desde dentro, sin falsos prejuicios. Si a alguien le apetece leerlo el libro es de descarga gratuita en esta dirección:

http://www.bubok.es/libros/240003/Sabes-la-ultima

 

PRÓLOGO

La gente que hace camping, dicen que está hecha de una pasta especial.

Puede que sí. No lo sé. Yo me toco… y me veo normal pero… todo puede ser.

Lo que sí está claro es que hacer camping es una forma diferente de pasar las vacaciones. Diría más incluso, es algo así como una filosofía del ocio.

Nada que ver con un complejo hotelero o “resort” como los llaman ahora, donde uno tiene planificada la “diversión” hasta el último segundo del último minuto de la última hora del día.

Ningún parecido tampoco con las cuatro paredes del micro-apartamento en… ¡Da lo mismo el sitio! con vistas al edificio de enfrente y, sacando medio cuerpo por la barandilla del balcón, a un trocito de mar que se ve al fondo, pero que muy al fondo; eso si consigues llegar al balcón porque como te has juntado con tus cuñados y sus respectivas familias, los cuarenta metros cuadrados del habitáculo tienen una densidad de población mayor que uno de los arrabales de Nueva Delhi.

Ir de camping tampoco es como los tours crono-organizados en los que se puede hacer posible el milagro de desayunar en España, comer en Francia y acabar cenando en Alemania tras meterse entre pecho y espalda un porrón de kilómetros en autobús.

¿Que todas las opciones son respetables? Por supuesto. Para gustos, los colores. Y si uno disfruta con lo que hace, pues ¿Qué más quiere?

Pero… ir de camping… ir de camping tiene un no sé qué que qué sé yo que acaba enganchando. Uno se convierte en un “campingadicto” sin darse cuenta. Mira si no a Edelmiro.

Quizás sea la posibilidad de decidir en el último minuto el destino, playa o monte, turismo cultural o excursiones a la naturaleza… o simplemente descansar… tal vez saber que vayas donde vayas siempre estás en tu casa, duermes en tu cama, comes en tu salón… a lo mejor es el reencuentro con amigos de otros años… puede que sean los mojitos a la luz de la luna relajados, en la tumbona, con buena conversación y compañía… o incluso leer un buen libro a la sombra de una morera… es posible que sea el olor a café con leche al sol de la mañana, mientras escuchas a los pájaros que se acercan para que les eches unas migas de magdalena… o el aroma que desprende la barbacoa a medio día mientras asas unos chorizos o unas chuletas… quizás sea la tranquilidad con la que dejas a los niños pulular por el recinto haciendo amigos… o la cerveza fresquita que te tomas mientras esperas a que se acabe de hacer la comida… a lo mejor son las estrellas que salpican el “techo” mientras charlas con tu mujer/marido haciendo planes para el día siguiente…, planes que llevarás a cabo… o no… ya veremos cómo se levanta el día… improvisando…

¡Hay tantos momentos agradables…! que sería muy complicado quedarse con uno en particular.

¿Qué por qué hago camping?

¡Y yo qué narices sé! Porque me siento bien cuando lo hago ¿Se necesita alguna razón más?

De lo que estoy seguro es que para ser campista es necesario sufrir una pequeña dosis de locura, una locura cuya medicina no es otra que… ir de camping.

Por eso, en Forocamping hemos tenido la “loca” idea de recopilar experiencias, historias, relatos y sentimientos. Para que el que sea campista pueda sentirse identificado con todos ellos y para el que no lo sea pueda acaso intuir lo que se está perdiendo.

Todo ello hilvanado por el buen rollo, el sentido del humor como hilo conductor de todas las historias que se cuentan en este libro. Para que quien lo lea saque la misma y divertida conclusión y acabe diciendo: Estos están locos…

¡Locos por el camping!

Es inevitable. El mundo del camping está lleno de tópicos. Cuando se acercan los períodos vacacionales o de descanso en general, ya sean fines de semana, puentes, semana santa o vacaciones de verano, las conversaciones de mucha gente suelen versar sobre este tema monográfico. La pregunta más escuchada entonces en estos corrillos es la muy manida:

Y tú… ¿Dónde vas de vacaciones este año?

Las respuestas, obviamente, son de lo más variado.

Los hay que se limitan a dar la información en plan aséptico, parco, sin detalles ni comentarios.

—A la playa, a la montaña, al pueblo… ¡Y punto! A nadie –piensa- le importa tres cojones dónde vaya o deje de ir.

Los hay que se estiran un poco más en las explicaciones como si tuvieran la obligación de justificarse por algo.

—… No… es que mis suegros tienen un apartamento en Torrevieja, vienen también mis cuñados, me voy a hartar de “pescaito” frito y helados…

Los hay que aprovechan la ocasión para “tirarse el moco” y te hablan de un crucero por el Caribe a “tutiplen”, que les ha costado una pasta, pero que las vacaciones son una vez al año, solo se vive una vez y ellos tiran la casa por la ventana, bla, bla, bla… aunque la puñetera realidad sea que terminan las vacaciones y ellos acaban como para tirarse por la ventana porque se han pasado las mismas encerrados en casa porque la realidad es que no hay pecunio para soportar tanto despilfarro. Todo muy español, muy al estilo del Lazarillo de Tormes ¡Puñetera crisis!

En cualquiera de los casos no se produce ninguna reacción adversa entre el público que atiende a tales explicaciones. Todo es comprensión y amabilidad.

Pero amigo, otro gallo nos canta cuando al que contesta a la pregunta sobre las vacaciones, con una sonrisa en los labios, no se le ocurre otra cosa que decir:

—Pues nosotros… NOS VAMOS DE CAMPING.

Entonces sí, entonces comienzan las miraditas indolentes y compadecidas, las sonrisitas socarronas, los murmullos jocosos por lo bajo, los codazos entre la gente que comienza a descojonarse…

Sí, todos te miran con una mezcla de lástima y desprecio como diciendo: ¡Pero qué gente más cutre! Se ve que no les da para más la cosa y tienen que pasar las vacaciones apelotonados en una tienda de campaña, comiendo de latas, en un camping hasta el culo de arrastrados como ellos.

Incluso hay quien no se conforma con los comentarios en voz baja y suelta algo así como “Hombre… ir de  camping… no está mal… supongo… no sé… igual tiene muchos inconvenientes… ¿No?… Te comen los mosquitos… se pasa mucho calor… eso de cagar todos juntos, en fin… hay que echar los polvos con los niños durmiendo al lado… pero… por lo menos las vacaciones te van a salir baratitas, eso sí”.

Lógicamente el que ha dicho que se va a ir de camping baja la cabeza, no abochornado, porque los que vamos de camping sabemos lo que hay a pesar de la fama, sino resignado a que la gente en general siga sin comprender qué es eso de pasar unos días en un camping. Tampoco se lo vamos a contar nosotros no sea que descubran las bondades de esta forma de vacacionar, se apunten todos al carro y nos jodan el invento ¿No os parece? ¿O se lo contamos a ver si alguno se anima a conocer el mundo del camping y les callamos la boca para siempre?

Son vacaciones de baja condición social, dicen algunos. Como ha quedado dicho ese suele ser el primer tópico que los que nos ven desde fuera tienen sobre los campistas. Ya se encargan de pregonar este enfoque series de TV como “Con el culo al aire”.

Según su visión nos pasamos quince días sudando en la tienda de campaña (carro, caravana o autocaravana) mal lavados, mal comidos, mal cagados y… mal follados.

Son unas vacaciones económicas, argumentan otros, pero… Hay que tener estómago para aguantarlas!

Que sigan pensando así que nosotros seguiremos disfrutando del camping y las cosas buenas que tiene.

Una panda de frikis alrededor de una barbacoa con una cerveza en la mano, nos comentan. ¡Coño! ¿Y tiene algo de malo beberse una cerveza mientras asamos una carrillada en la zona de barbacoas del camping?

Si es que para estar rodeado de incomodidades, dormir en malas condiciones, estar apretujados…

¡Pero muchacho (o muchacha)! ¿Tú has estado alguna vez dentro de una caravana? ¿Una autocaravana? ¿Una tienda o un carro? Si es el sibaritismo en estado puro… Con tu frigo, tu microondas, tu tele, tu aire acondicionado… Y sobre todo unos techos muy altos, tanto que hasta caben árboles y se ven las nubes y las estrellas. ¿Apretujados? Si ellos lo dicen…

Lo dicho, que los que hemos caído en las garras del campismo y hemos tenido en algún momento de nuestra vida la suerte de haberlo podido probar, hemos sentido “La Revelación”. No vamos a ponernos impertinentes con los que por una razón o por otra no han sido tan afortunados. Si este libro sirve para “captar” algún adepto, bienvenido sea. Si sirve para pasar un buen rato, bienvenido sea también. Y si sirve como una pequeña muestra de lo que se puede llegar a vivir en un camping, pues no es mal objetivo tampoco.

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2 respuestas a Prólogo de ¿Sabes la última?

  1. Un par de cositas por decir a este artículo:
    1º.- ya me he descargado el libro, no veo la hora de tumbarme en la playa y empezar a devorar todas tus palabras y reírme sin parar, que créeme, da igual de camping que en apartamento que en hotelazo, lo que yo quiero este año es leerte y reir y así desconectar de toda esta porquería en la que se ha convertido mi vida.
    2º.- quién diga que el que va de camping es que no tiene para más es un ignorante con todas las palabras y vocales porque ya no es tan barato, invierte en una autocarvana o en una caravana sin más, paga la parcela y luego por cabeza…..
    Muuu grande eres!!!

    • cmacarro dijo:

      Me abrumas. Simplemente soy… un lerdo con boli (bueno, con portátil y word). Pero muchísimas gracias. Solo decirte que aunque en el libro hay textos míos (el Prólogo, las consideraciones finales, alguna historia…) es una recopilación de historias de foreros de Forocamping. Yo me he encargado de corregir, darle forma, maquetar y alguna cosilla por ahí. Espero que te guste y de verdad te haga olvidar las penas, al menos por un ratillo.

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