JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN MARINA D´OR

Juan Eulogio y familia, a saber, Paquita, su costilla, Elyónatan su primogénito, error de principiante, y Layésica, su princesita redicha y extrañamente en aquella familia, finolis, están pasando una semanita de merecidas vacaciones en Marina D´Or, aberración masivo-arquitectónica donde las haya, muestra sin parangón de la voracidad especulativa de los constructores y paraíso terrenal donde la palabra “Pelotazo” encuentra su verdadero sentido.

¡Porque ellos lo valen!

Bueno, a decir verdad no han ido solos, han viajado con su mascota habitual: La cucaracha. No, no tienen una cucaracha como mascota, es que para Juan Eulogio su suegra está descatalogada como ser humano. Siendo muy, pero que muy generoso, la clasifica como un insecto, pero no la compara con las bellas y gráciles mariposuelas que sobrevuelan juguetonas embelleciendo nuestros campos en primavera ¡Qué va! Juan Eulogio la califica, siempre lo ha hecho, entre los insectos repugnantes, como una cucaracha.

Paquita intuye todo esto aunque bien se cuida Juan Eulogio de expresar ninguno de estos comentarios en voz alta, al menos en su presencia. Otra cosa es en el bar, donde tanto Juan Eulogio como el resto de sus amigotes despotrican a base de bien de sus familias a nada que se les calienta un poco la boca con las Mahous.

La semana playera toca a su fin y para despedirla como se merece los cabezas de familia han decidido hacer un dispendio y retozar unas horas en el balneario de agua marina, complejo de hidroterapia faraónico y una de las atracciones turístico-medicinales de la zona. Hubiera sido una experiencia más placentera para Juan Eulogio y Paquita si la cucaracha se hubiera quedado en el apartamento al cuidado de los nenes. Pero la muy puñetera en cuanto se entera de algo que le va a salir gratis tarda muy poco tiempo en apuntarse.

Han pasado la mañana disfrutando de la playa como de costumbre, es decir, Elyónatan y Layésica corriendo entre las sombrillas y llenando de arena a los sufridos turistas extranjeros que están intentando llevarse a sus frías y lluviosas tierras todo el sol posible en sus quemaduras de segundo y tercer grado. Paquita se ha desgañitado a voz en grito llamándoles la atención como una verdulera y siendo ignorada impunemente por los díscolos infantes. Toda la playa se ha aprendido en una hora los nombres de tan lindos angelitos. La cucaracha ha pasado la mañana encastrada en la silla de playa con su bañador de tipo carpa de circo pero todo en color negro, exuberancia de lorzas en un innecesario y cruel espectáculo para el resto de bañistas. También para Juan Eulogio, pero él está más acostumbrado. Tiene esta en la pantorrilla un eccema causado por la picadura de una medusa justo durante los diez minutos que ha decidido mover el culo de la silla y remojar las varices en agua de mar. Juan Eulogio, interiorizando los sentimientos por la cuenta que le tiene, las ha gozado como pocas veces viendo a la cucaracha orilla arriba y orilla abajo dando alaridos hasta que la han atendido los socorristas. ¡Bendito invertebrado justiciero! Ha pensado Juan Eulogio.

A eso de las cinco de la tarde, tras una accidentada siesta en la que nadie ha podido dormir a causa de los quejidos, cuando estaba despierta, de la cucaracha, y de los ronquidos cuando cogía el sueño, han bajado todos al balneario, a intentar disfrutar en la medida de lo posible de las gigantescas instalaciones hidrotermales.

Tras una clavada antológica por las entradas de toda la familia, han pasado a la zona de spa propiamente dicha. Ha sido entrar y Juan Eulogio se ha desmarcado magistralmente por la banda con la íntima intención de, esta vez sí, disfrutar no del balneario, sino de la soledad.

Tras darse unos chorros de agua a presión que casi le descoyuntan varias vértebras, se ha hecho el recorrido de las saunas, de las cuales ha salido completamente relajado. En una de ellas le ha parecido ver a Paquita con su madre, por lo que ha decidido obviarla por razones obvias. Casi arrastrándose por la tremenda sensación de relajación se ha tumbado en la cama de burbujas, cosa que ya ha sido el remate del relax y ha comenzado a quedarse dormido. El no haber pegado ojo durante la siesta también ha debido de influir en el agradable sopor que le ha ido envolviendo en cuanto las bombas que activan la cama, han comenzado a expulsar agua con burbujas.

A lo lejos, muy mitigados por la modorra incipiente escucha los gritos de los nenes persiguiéndose por todo el balneario y los silbatos de los esforzados cuidadores persiguiéndoles para intentar que no turben la tranquilidad de los clientes. Juan Eulogio se inhibe del asunto como si los niños no fueran suyos. ¡Qué los cuiden los cuidadores que para eso se ha gastado una pasta en la entrada! ¡Coño, esto es vida! –piensa Juan Eulogio-

También desde la lejanía le ha parecido ver pasar a cuatro camilleros portando un cuerpo muy voluminoso y pesado desde la zona de saunas. Ha pensado en su suegra pero, la verdad, le ha importado tres cojones. Acto seguido ha confirmado sus sospechas al ver pasar a Paquita corriendo tras la camilla. A la cucaracha, que le gusta abusar de todo, ha debido darle una bajada de tensión en la sauna. Ha escuchado la voz de uno de los camilleros diciendo:

-¡Pero qué señora tan animal! ¿Pues no se ha tirado una hora con el baño turco a la máxima temperatura?

Juan Eulogio sigue entre burbujas, disfrutando de la vida cuando escucha su nombre por la megafonía del recinto, avisándole de que salga a la zona de vestuarios. Todavía se ha hecho el loco cinco minutos más, aun a sabiendas de que algo ha pasado y Paquita requiere su presencia.

Justo cuando ha decidido incorporarse y ver qué es lo que ha ocurrido, los nenes, que todavía siguen correteando por todo el balneario dando por culo, le han divisado en la penumbra de las instalaciones y desde el borde de la piscina han saltado como dos kamicaces a la vez sobre su tripa, imaginando que bajo él había más agua. No ha sido así. El impacto de los dos cabrones le ha aplastado contra la cama de burbujas haciéndole resoplar y retorcerse de dolor. Con el golpe se le han revuelto los entresijos de tal manera que ha vomitado todo lo ingerido durante el día. Tropezones de melón flotan ahora por la piscina principal. Los turistas, entendiendo que la fruta flotando en el agua no es más que una delicatesen de la dirección, van rescatando del agua trozos de melón que engullen con deleite.

Entre arcada y arcada Juan Eulogio ha visto a lo lejos a Paquita y a la cucaracha, que después de haberle dado un poco el aire ha recuperado la compostura, entrando en el balneario de nuevo con ganas de sauna.

El único deseo de Juan Eulogio es salir del balneario para seguir vomitando. ¡Ya le han jodido el día! Como de costumbre. Y encima no le queda ni el consuelo de ver a la cucaracha descomponerse.

¡Mierda de Marina D´Or! ¡Mierda de balneario! ¡Mierda… de vida!

 

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7 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN MARINA D´OR

  1. jajajajajaja.. jajajajajaja me encanta. Gracias Candi 🙂

  2. cmacarro dijo:

    ¡Qué desconsideración tenéis para el pobre Juan Eulogio!
    ¿Cómo podéis reíros de él con lo mal que las pasa?
    Mucha perfidia es lo que hay ¡Y mucha mala leche!

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